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El caso de Terri Schiavo

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El conservadurismo socialista, esa asfixiante corriente ideológica típicamente francesa -pero asimilada a día de hoy por la toda la izquierda europea- ha vuelto a perpetrar un crimen por estrangulamiento. Como casi siempre, las principales víctimas son el francés pobre y el pobre francés en general, pero la sociedad europea también pagará caro este nuevo triunfo del pensamiento único socialconservador.

Se trata de la retirada del proyecto de liberalización de los servicios en Europa. La propuesta de la Comisión Europea que parecía contar con un amplio respaldo consistía en que los bienes económicos que ofrecen los arquitectos, economistas, ingenieros, fontaneros y demás profesionales en forma de servicios, dejasen de estar restringidos por medio de agresivas regulaciones al territorio de los diferentes estados miembros.

El proyecto era de esas contadísimas cosas buenas que salen de la capital europea del intervencionismo y de la burocracia. Su esencia consistía en inhabilitar las barreras que impedían la prestación de servicios de todo tipo en países distintos al de origen o de residencia y así dar un importante impulso a la división europea del trabajo y del conocimiento. Suponía permitir una mejora cualitativa del mercado europeo al tiempo que éste se extendía hacia el centro y este del continente y hubiese permitido incrementar de manera significativa la productividad del trabajador medio y, especialmente, la de los trabajadores menos cualificados de Europa.

Los más aptos para prestar determinados servicios en mejores términos se hubiesen podido especializar y la mayor productividad de quienes finalmente ganasen el favor de los demandantes europeos hubiese beneficiado a aquellas personas menos cualificadas no sólo como consumidores sino como meros miembros de una sociedad más productiva gracias al mayor valor relativo que su cooperación adquiriría en los nuevos y mejores procesos de producción.

Es la maravilla del mercado libre: la extensión de los intercambios libres y pacíficos beneficia a toda la sociedad a través de la división del trabajo incluyendo a aquellas personas que están menos cualificadas o que poco han hecho por mejorar. Y es que el gran arquitecto o médico al que se le abren nuevos mercados no sólo empuja a otros arquitectos o médicos menos cualificados a especializarse en aquellos aspectos de su oficio que mejor saben hacer, sino que estará dispuesto a pagar más a quien le ayude a plegar sus planos o limpiar sus instrumentos.

Los políticos franceses, profesionales del agresionismo social –oficio al que a nadie se le ha ocurrido poner sanas barreras-,  han invocado la incompatibilidad del proyecto con el “modelo social europeo” para pedir su retirada. En el trasfondo está el cercano referéndum de la Constitución Europea en el país vecino y, en ese contexto, un posible guiño de los conservadores sociales a los social-conservadores franceses para ocultar las felices consecuencias de la libertad económica.

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