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El Obamismo

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A escasas horas para que se conozca el nuevo ocupante de la Casa Blanca, las elecciones de EEUU en 2008 quedarán registradas en la historia como una de las citas electorales más importantes en las que hayan participado los ciudadanos norteamericanos.

Y ello no sólo por el hito que podría suponer la llegada del primer hombre negro a la Presidencia del país. El éxito de uno u otro candidatos determinará en gran medida la intensidad y prolongación de la debacle económica estadounidense. El New Deal desarrollado por Roosevelt en los años 30 prolongó la Gran Depresión durante más de 10 años. La época más negra de la joven historia de la democracia de EEUU.

En la actualidad, el país se enfrenta a un reto similar. Si Alan Greenspan, como presidente de la Reserva Federal, fue el principal culpable del tsunami financiero que azota a la economía global, Barack Obama aspira a convertirse en el presidente que hundió definitivamente la economía estadounidense.

Toda su acción política se centra en incrementar el gasto público y poner en práctica una agresiva política fiscal consistente en subir impuestos a las rentas altas y a las grandes empresas, principal motor económico del país. Y ello, en un momento muy delicado para las cuentas públicas del país: la factura de los rescates financieros aprobados hasta el momento amenaza con disparara el déficit público hasta niveles desconocidos.

El Tesoro es consciente de que tendrá que multiplicar sus emisiones de deuda pública con el objetivo de sufragar la expansión casi ilimitada del gasto público. Sin embargo, otros muchos países se encuentran en la misma disyuntiva tras poner en marcha distintos planes de envergadura para tratar de apuntalar sus respectivos sistemas financieros mediante los recursos de los contribuyentes.

Tales necesidades de financiación extra por parte de los países desarrollados supondrá una presión añadida al próximo Gobierno de EEUU, ya que se verá obligado a ofrecer una mayor rentabilidad para que sus bonos gocen del suficiente atractivo, tanto para los inversores privados como públicos (otros bancos centrales).

El problema es que, lejos de apostar por el ahorro, por la contención del gasto y por la reducción fiscal, el candidato demócrata cree firmemente en la extensión del intervencionismo gubernamental para solventar todos los supuestos males que posee el mercado. El Obamismo, ese nuevo movimiento político que causa furor entre las filas progresistas de España (PSOE y PP) y Europa amenaza con convertirse en una losa insostenible sobre la espalda de los contribuyentes norteamericanos.

Buena suerte, pues, al nuevo dirigente de la Casa Blanca, ya que se enfrentará a la legislatura más compleja y difícil desde hace más de 70 años. Ahora bien, no les quepa duda de que en caso de que resulte ganador Obama su política económica para combatir la crisis será recordada bajo el siguiente lema: No, we can´t.

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