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El PP ante el desafío nuclear

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El encarecimiento del petróleo y de las materias primas hace acuciante reformar en profundidad el ya de por sí debilitado mercado energético nacional. En este sentido, la única solución posible a día de hoy consiste en impulsar la construcción de nuevas plantas nucleares, con el objetivo de proporcionar un sistema eléctrico estable y suficiente para responder al aumento de la demanda energética futura.

La dependencia energética española del exterior asciende a más del 80 por ciento, y el consumo de electricidad nacional se duplicará entre 2008 y 2030, según los expertos. España se enfrenta, pues, a un reto sustancial. Y las decisiones políticas que se tomen hoy al respecto determinarán, en gran medida, el éxito o fracaso del sistema energético español a corto y medio plazo, con las implicaciones que ello conlleva en términos de competitividad empresarial, desarrollo económico y estabilidad de precios.

En esta materia el PSOE siempre ha sido muy claro aunque, no por ello, menos erróneo. El actual Gobierno apuesta por suprimir paulatinamente la generación de energía nuclear en España, tal y como recoge su último programa electoral. La solución socialista radica en fomentar de un modo totalmente irracional y utópico la generación eléctrica a través de las energías renovables. Por desgracia, las fuentes limpias, tales como la eólica o la solar, están todavía a años luz de la eficiencia energética que aporta la nuclear, tanto en términos económicos (es la energía más barata) como medioambientales (no emite CO2).

Además, es la fuente de generación eléctrica más estable, puesto que no depende de las condiciones atmosféricas. Al mismo tiempo, la materia prima de la que depende tiene un peso muy pequeño en los costes de producción. Es decir, su precio final es prácticamente independiente del encarecimiento o abaratamiento que experimente el uranio.

Pese a ello, el PP aboga simplemente por su mantenimiento, eludiendo así la necesidad de impulsar la generación nuclear nacional, tal y como ya han decidido otros países desarrollados como Finlandia, Gran Bretaña o Italia, por citar sólo algunos ejemplos. De hecho, el ministro de Industria, Miguel Sebastián, ve con buenos ojos la implantación de nuevas plantas en España. El debate nuclear se está produciendo, pues, en el seno del propio Gobierno entre quienes mantienen la ilusoria creencia de que las fuentes renovables son, hoy por hoy, capaces de solventar el déficit energético español y los que son conscientes de que esa posición es una fantasía.

Y mientras, el PP sigue en babia. Los populares abrazan con fuerza las tesis ecomarxistas del cambio climático pregonado por Al Gore y su recua de fanáticos verdes. La oposición política imita al PSOE en esta materia, al igual que en otras muchas, apostando por un seguidismo absurdo e irracional, en un esfuerzo denodado por mantenerse dentro del discurso políticamente correcto. Los populares se enorgullecen de ser férreos defensores de Kioto y del denominado "desarrollo sostenible".

¿Nuclear? No, gracias. La ponencia económica presentada en el Congreso nacional del PP no deja lugar a dudas: "Es necesario consensuar una posición común de todas las fuerzas políticas y sociales sobre la conveniencia de mantener la energía nuclear". Ojo, sólo mantener. Ni una palabra sobre la construcción de nuevas plantas, pese a la gravedad de la situación.

¿Qué pasará cuando las potencias económicas rechacen Kioto para luchar contra el supuesto cambio climático? ¿Y cuándo en lugar del tan temido calentamiento global se demuestre que, en realidad, la Tierra se está enfriando o que el aumento de temperatura no es tan grave como se nos ha pretendido hacer creer? ¿Y cuándo el consumo de luz en 2030 sea mucho más caro e ineficiente para ciudadanos y empresas? Llegados a ese punto, el PP no podrá alegar, en ningún caso, "os lo advertí". No hay oposición.

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