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El voluntarismo de Sánchez frente a su política económica confiscatoria

Publicado en El Español

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«Behold the power of man on its tower ready for the fall». Adrian Smith, Bruce Dickinson.

La confianza no se afianza con propaganda. Es algo que este Gobierno debería aprender. Mientras en Francia, Alemania, Holanda, Portugal e Italia escuchamos mensajes de cautela ante un cuarto trimestre muy duro, en España el Gobierno parece solo dedicarse a lanzar mensajes voluntaristas y propagandísticos innecesarios. Para fortalecer la confianza hay que ser realistas, si no el efecto es el contrario al deseado.

Los datos de paro de noviembre han sido decepcionantes y preocupantes. La cifra de paro de noviembre es el peor dato interanual desde 2009. Hay 653.000 personas más en paro y el número de trabajadores en ERTE se dispara en noviembre a 750.000 personas.

El presidente Sánchez se vanagloria de que la «afiliación ha subido en 31.638 personas». Es un insulto a los 3,8 millones de parados y 750.000 personas en ERTE, además de los miles de autónomos en cese de actividad, es decir, que España no recupera empleo desde el mes de reapertura.

Si el número de personas en ERTE aumenta en 150.000 personas con una afiliación que se ha desplomado por debajo de los niveles de hace un año en 400.000, la realidad es que el empleo en España está empeorando, no mejorando, seis meses después de la reapertura. 

Estos terribles datos contrastan con ejemplos en la Unión Europea donde la recuperación del empleo es lenta, pero al menos real.  En Alemania, país donde se han exonerado impuestos y bajado tasas a empresas y autónomos, el paro ha caído al 6,1% en noviembre.

En esta debacle, los autónomos han sido especialmente maltratados por el Gobierno. A los autónomos se les han subido las cuotas dos veces en 2020 y 83.000, uno de cada cinco, no ha recibido ningún apoyo al solicitar el cese de actividad. Es especialmente insultante que el Gobierno siquiera mencione a los autónomos en su propaganda presupuestaria cuando ha sido el colectivo más agredido por la política gubernamental.

Los terribles datos de paro confirman que España se despega de la recuperación de empleo global, y nuestro país ha registrado uno de los peores datos de actividad manufacturera y de servicios de Europa.

En noviembre, la actividad manufacturera en la Eurozona registraba expansión, mientras que los índices de servicios reflejaban contracción. En el caso de España, todos los índices, compuesto, servicios y manufacturero muestran una caída muy pronunciada de la actividad en noviembre a niveles mínimos de cinco y seis meses.

La economía del sector privado de la zona euro volvió a territorio de contracción por primera vez en cinco meses en noviembre, debido a una fuerte reducción de la actividad del sector servicios. Uno de los peores datos de la Eurozona lo publicó España, 41,7, el nivel más bajo en seis meses.

España mostraba uno de los peores datos en el sector servicios en noviembre, con fuerte caída de los nuevos pedidos y destrucción de empleo. Fuerte contracción (39,5 comparado con 41,4 en octubre, muy por debajo del nivel de expansión, 50) y el peor dato en siete meses.

En el sector manufacturero España también ha mostrado un noviembre desastroso, con el indicador de actividad económica en contracción. Mientras tanto, en la eurozona dicho sector se mantenía en expansión (53,8). En Países Bajos el índice está a máximos de 22 meses, en Irlanda a máximos de tres meses, en España o Grecia a mínimos de cinco meses. La producción se reduce y la falta de nuevos pedidos provoca una nueva destrucción de empleo.

España ha perdido más de 85.000 empresas en un año, según el último dato, y el Banco de España alerta que un 10% están al borde del cierre, mientras un 40% están ahogadas y con enormes riesgos financieros.

A estos malos datos de noviembre se suma una nueva reducción de estimaciones de analistas. Dice la ministra Calviño que «todos» los analistas internacionales estiman una fuerte recuperación de España en 2021 y, sin embargo, el consenso de las mayores casas de análisis publicado por Bloomberg rebajaba las estimaciones de rebote de la economía española para el primer trimestre de 2021 de 1,7% a 1,4%. Extraño concepto de «todos».

Tras una caída del PIB esperada de 11,5% en 2020, dicho consenso mantiene una recuperación de solo el 5,7% en 2021 muy por debajo de las más que voluntaristas expectativas del gobierno.

Lo más preocupante no es el PIB, sino su calidad. Que el PIB «sorprenda» cuando se dispara el gasto público y la deuda es, como mínimo, irrelevante. Sobre todo, cuando la actividad industrial, manufacturera y de servicios ve un rebote tan pobre en unas estimaciones actualizadas a dos de diciembre y que incorporan ya el efecto positivo de las vacunas.

Nos enfrentamos a una recuperación lenta, pobre y en la que se ha dejado atrás a empresas, autónomos y contribuyentes con políticas equivocadas. El único apoyo que ha dado el Gobierno es “permitir” -oh, generosidad- a empresas y autónomos endeudarse para pagar impuestos.

Por culpa de la voracidad recaudatoria y la visión extractiva del Gobierno, además se va a recaudar mucho menos que nuestros países comparables que han bajado impuestos.

Los ingresos tributarios caen un 10,1% por la destrucción empresarial y de actividad creada por la incompetencia gubernamental, mientras la caída en países con impuestos atractivos y que los han bajado en crisis es de menos de un 7%, y solo un burócrata puede pensar que eso se soluciona subiendo impuestos. Porque solo a un burócrata se le puede ocurrir la estupidez de pensar que subiendo impuestos se va a recaudar más.

Dos subidas de cuotas a autónomos, subida de impuestos a las empresas, más subidas de impuestos a la matriculación de vehículos, al consumo, al ahorro, a los seguros. Y ahora van a subir de nuevo los impuestos al trabajo al aumentar la base mínima de cotización bajo el subterfugio del salario mínimo.

Todos los ciudadanos vamos a sufrir una subida de impuestos en nuestros bolsillos y todavía algunos se atreven a tildar estos presupuestos de ruina como «generosos».

España no se puede permitir una política fiscal y económica extractiva y confiscatoria. Si el gobierno quiere dar confianza sobre la recuperación, lo único que tiene que hacer es dejar de poner la zancadilla a empresas y creadores de empleo.

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