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Experiencia democrática venezolana

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En Madrid, Pedro Almodóvar, gañán ilustrado, el malhumorado Fernando Fernán Gómez y la bellísima Leonor Watling leen un manifiesto bajo el título "paremos la guerra en Irak". Los tres lamentan que haya quien esté "contra la experiencia democrática venezolana".

Chávez continúa con su democracia experimental. La democracia, como él y sus admiradores la entienden, es un palo con el que golpear, hasta las últimas consecuencias, a los recalcitrantes. Como siempre los hay, la cuestión es entrar en sus mentes e impedir que refuercen sus propias ideas. Chávez está en plena guerra contra los medios de comunicación desafectos, "independientes", como se hacen llamar. Pero esa visión bolivariana del futuro le lleva a entrar directamente en las escuelas para sustituir la instrucción en el acervo de saberes que pueden transmitir sus profesores, una panoplia de viejas y gastadas ideas, por una verdad para una nueva sociedad. Educación para la bolivarianía.

Así se construye la democracia experimental de nuestros queridos Almodóvar, Gómez y Watling, entre ejércitos paralelos al servicio del partido (recuerden a las SS, fruto de otra experiencia democrática), junto a la aplicación del socialismo a los periodistas, en forma de palizas, cabe a la formación de una nueva oligarquía. El fin, que siempre es un futuro prometedor que otros nos han querido negar, y que está permanentemente a la vuelta de la esquina, justifica los medios. Claro que sí.

Especialmente cuando esos medios son democráticos. Como, por ejemplo, la aplicación de gas bolivariano sobre las masas, que se manifiestan en la calle, del modo más antirrevolucionario, contra la nueva Ley Orgánica de Educación. ¡Qué experimental! ¡Qué democrático! ¡Cuán bolivariano! ¡Cuán progresista y de izquierdas! Gases lacrimógenos. ¡Lágrimas de cocodrilo!

Cada día que pasa, esta democracia es más experimental.

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