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Gamoneda de cambio

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Claro que, si hasta Gustavo Bueno ha escrito sobre el pensamiento de Zapatero, yo no voy a ser menos. No iré tan lejos como para aplicarle el cierre categorial, aunque sólo sea porque la nebulosa yuxtaposición de topicazos postmarxistas que maneja el personaje se presta más a la ouija que a la ciencia.

Este domingo nos lo encontramos vestido de progresista. Zapatero, señores, ha hablado de pobreza. ¡Qué digo! De "Pobreza", así, con mayúsculas, que "tiene mucho que ver con el Amor y con la Solidaridad, así nos lo han enseñado filósofos y poetas", dice en su carta abierta a Gamoneda. Si Ferrocarril de Matallana es el mejor poema que ha leído, según confesión propia y en público (dice en laica penitencia), imagino que lo que ha aprendido sobre la pobreza del lado de los filósofos le vendrá de Pero Grullo o de Chomsky.

Ya en faena, insisto, no le busquemos la lógica, porque, por un lado, la pobreza es hermana del amor y la solidaridad y, por otro, madre de "dolor innecesario, tristezas y humillación". Pero Zapatero identifica la pobreza con la injusticia, como si fuera impuesta por los demás, o por "la sociedad"; como si el propio comportamiento fuera algo completamente ajeno. Es una idea paralizadora, porque en ella no tiene cabida el esfuerzo propio, el trabajo honrado y el estudio. No cabe la empresarialidad, el afán de mejora. El pobre nada puede hacer. No hay más esperanza, eso sí, que la del político salvador para imponer, de un golpe de mano, la justicia. El reparto del botín, vaya. Por eso habla de la pobreza "como destino", y de "la posibilidad humana de imaginar y actuar" sobre la miseria, no desde la miseria.

¿Por qué los progres hablan de la pobreza como si fuera cosa suya? ¡Si lo que hacen es enriquecerse mientras predican la miseria para todos los demás! Lo cierto es que en Zapatero, muñidor de todas las estrategias legales e ilegales para entregar Endesa a sus amigos, Montillas y Arenillas de por medio, el discurso sobre la pobreza queda especialmente vacío.

Por lo demás, seguiré su consejo de leer a Gamoneda.

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