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¿Hay que nacionalizar la banca?

Publicado en Libertad Digital

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El caso es que Microsoft vive su particular día de la marmota con las autoridades antimonopolio, que le acusan una y otra vez de hacer lo mismo que sus competidores y le obligan a tomar decisiones absurdas que no benefician en nada a los consumidores.

La última hazaña de los euroburrócratas, la más grande que vieron los siglos, o casi, fue condenar a Microsoft por "abuso de cuasimonopolio", que debe ser algo así como quedarse casi embarazado, y obligarle a distribuir en la Unión Europea una versión de Windows que no incluyera su reproductor multimedia Windows Media Player. Fue el celebérrimo Windows XP N, que sin duda todos ustedes tienen instalado en sus ordenadores. Ah, que no lo tienen. Ah, que nunca oyeron hablar de él. Bueno, no se preocupen: los euroburrócratas lo hicieron por su bien de todos modos. Y ni se les ocurra pensar lo contrario, que se convertirán en peligrosos anarquistas como esos que ponían bombas a comienzos del siglo XX.

Esta semana, y con unos diez años de retraso, los euroburrócratas han decidido perseguir a Microsoft por lo mismo por lo que fue investigada en Estados Unidos en 1998: incluir el navegador Internet Explorer. El problema es que ahora tiene aún mucho menos sentido que entonces. La decisión de incluir Internet Explorer 4 en Windows 98 fue muy controvertida porque muchos pensaron, con buenos argumentos, que no existían razones técnicas para ello sino comerciales: lograr arrebatarle a Netscape su por entonces mayoritaria cuota de mercado. A estas alturas, en cambio, vender un sistema operativo sin navegador (o, ya que nos ponemos, sin reproductor multimedia) es como vender un coche sin ruedas, porque junto al explorador de archivos es posiblemente la aplicación más necesaria y la que más utilizaremos en el día a día.

Ni siquiera hay que acudir a Microsoft para estar seguros de esto: basta con examinar a sus competidores. Tanto las múltiples distribuciones de Linux como Mac OS X vienen de serie con su navegador preinstalado. Como debe ser, por otro lado, porque los usuarios lo echarían en falta si no fuera así. Y es que no son éstos quienes han protestado, sino la empresa Opera. Es el cuento de siempre: se supone que los monopolios son malos para los consumidores y por eso se regulan y se coloca todo el orondo peso de la ley europea sobre ellos, pero quienes ponen el grito en el cielo son siempre aquellos competidores a los que el pueblo llano no ha otorgado su favor. Se ve que son ellos, y los euroburrócratas, los que realmente saben qué es bueno para nosotros.

No es nada nuevo, en cualquier caso. Una nota del Instituto Molinari pone de relieve que la primera gran ley antimonopolio, la Sherman Act estadounidense, promulgada a finales del siglo XIX, empleó durante los debates que precedieron su aprobación la demagogia de la defensa del consumidor, pero se creó con el objetivo de defender a competidores ineficientes frente a las empresas que mejor y más barato servían a los consumidores. Seguramente esto termine con unos cuantos millones de euros más en las arcas europeas con los que pagar a los agricultores franceses y unas cuantas cajas de Windows 7 N cogiendo polvo en las estanterías del Media Markt. ¡Qué sería de nosotros sin los euroburrócratas!

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