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La fama de Sergi Xavier

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Es difícil ponerse en la situación de Sergi Xavier. Iba borracho, sí. Pero seguramente quería ejercitar sus piernas y su sensación de poder. Esa chica valdría; total, se lo merece "por puta inmigrante". Es débil, además. No estaba él para enfrentarse a un sparring.

Sólo puedo imaginar si al ver a la chica mezcló un sincero desprecio con la proyección sobre ella de una culpa inconcreta sobre todo lo de fuera. "A ese moro lo mataremos", vociferaba al móvil. ¿Cómo podrá haber llegado a despreciar lo foráneo? ¿De dónde habrá sacado esas ideas Sergi Xavier?

A dos metros de distancia otro joven, Jesús Prieto, de 23 años, es testigo de la agresión. Quiere desmentir su condición mirando hacia otro lado, pero desde el primer momento es consciente de lo que ocurre. Él también es inmigrante y no quiso convertirse en el sparring de Sergi Xavier. Prieto es su apellido y la condición de sus nalgas. Él no estaba para ejercitar sus piernas ni ningún otro músculo en defensa de la joven de 16 años. Eh, la cosa no iba con él. Son sus palabras: "Nadie me ha amenazado ni insultado". Y se diluye en la responsabilidad colectiva: "Habían (sic) otros dos señores en el vagón que tampoco hicieron nada".

Sí. A excepción de la pobre víctima, lo ocurrido desde ese vagón parece una sucesión de miserias. El foco de los medios de comunicación lo quema todo. TV3 ha decidido castellanizar el nombre de Sergi Xavier, mientras que El Periódico catalaniza el nombre del Prieto argentino, que de ser un cobarde pasa a ser "la segunda víctima del tren". Y todo porque se explica en catalán desde TV3. "Tenía miedo", dice.

Es lógico que tuviese miedo. Cuando nadie tiene con qué defenderse impera la ley del más fuerte. Sergi Xavier fue preciso con sus piernas y con su odio. Estaría borracho, pero hubiese pasado las pruebas físicas de alcoholemia en cualquier control. "Siga esta línea sin desviarse. Lance su pie derecho sobre ese punto". ¿Quién se le iba a enfrentar?

Si la ecuatoriana hubiese podido lanzar un spray sobre el agresor o amenazarle con otro medio de defensa, podría haber evitado la patada. En ese caso incluso Prieto podría haberse sentido solidario. Podía haber reconocido que los insultos iban también contra él. Un estudio realizado en Estados Unidos sobre los ciudadanos que han salvado a víctimas de crímenes o han arrestado a criminales violentos ha hallado que era dos veces y media más probable que los solidarios fueran armados a que no lo fueran. El propio Sergi Xavier sabría que sus piernas de poco le valen y que su ventaja se desvanece. No quería un sparring, como para enfrentarse a una persona con un medio de defensa.

Hoy nadie sabría quién es ese miserable.

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