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¡Libertad de horarios comerciales ya!

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El director general de Comercio de Canarias, Gustavo Matos, en una entrevista concedida a un diario local dice que «el debate de la liberalización de horarios es de otra época, cuando había renta disponible y no teníamos horas para comprar». Además, asegura que «es un cuento que no beneficia al consumidor, a medio o largo plazo, por el impacto que podría tener esta medida en la red del mediano y pequeño comercio».

Si el debate de la liberalización de los horarios comerciales es de otra época o no es algo en lo que el señor Matos no debería intervenir. Es a los empresarios y a los consumidores a quienes les toca decidir cuándo intercambiar sus bienes y servicios. Sin lugar a dudas, esta es la primera lección que debería aprender un director general de comercio que se precie antes de tomar posesión de su cargo.

Es erróneo pensar que la libertad sólo beneficia a unos pocos, pues cuando los intercambios se producen de forma voluntaria todas las partes salen ganando. Si un comerciante decide abrir su tienda un domingo a las tres de la madrugada es porque existen suficientes personas dispuestas a pagar —probablemente, más que a otras horas— por el servicio ofrecido.

Por esta razón, lo que sí es un cuento es decir que la liberalización de horarios no beneficia al consumidor, pues precisamente el no estar establecida no sólo perjudica a los empresarios que ven una oportunidad de negocio, sino también a los consumidores, que no pueden ver satisfechas sus necesidades.

Lo que no es de recibo y a la vez que asombroso, es afirmar que la libertad puede perjudicar a los empresarios del pequeño y mediano comercio. La libertad no es mala para ellos y buena para los grandes, es mala para los no competitivos, es decir para aquellos que no satisfacen las necesidades de los consumidores.

Precisamente, ha sido esta rigidez de horarios una de las principales causas de que haya cerrado una cantidad enorme de pequeños comercios en Canarias.

Sucede que estos no han podido competir con las grandes superficies en horarios en los que el consumidor prefiere ir a comprar en la pequeña tienda de su barrio a poca distancia de su domicilio que tener que desplazarse hasta una gran superficie.

Por el contrario, las poblaciones que han liberalizado los horarios comerciales, como Madrid, no sólo han beneficiado al pequeño comercio sino también al consumidor.

Por todo ello, las palabras del socialista Gustavo Matos parecen dichas por una persona que no entiende las virtudes de la libertad y que no está preocupado por los empresarios y consumidores canarios.

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