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Los bancos centrales, culpables

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La palabra framework combina esos significados de base material y red que le son tan propios. El título no hace al libro y el de Hicks, con ser bueno, no es tampoco la primera de las opciones para aficionado.

Es, precisamente, el carácter de red o de malla de relaciones interpersonales lo que resulta característico de la sociedad libre, es decir, de ese fenómeno que hemos llamado “mercado” cuando nos referimos a ella en su aspecto económico. La división del trabajo se quedaría en un inconexo y desmadejado hatajo de tareas, un absurdo espectáculo, si no fuese porque estas tareas están interconectadas entre sí al servicio de la producción de los bienes de consumo y los servicios que atienden directamente nuestras necesidades.

Esa compleja red multidimensional, en la que no hay más nudos que los que acuerden los que forman parte de ella, es a la vez enormemente poderosa y muy débil. Es poderosa porque, pese no estar al servicio de ningún plan, hace posibles los resultados de lo que sería un plan perfecto. Y es débil porque en cuanto se paraliza un sector de esta malla, cuando se rompen unos cuantos nudos por la razón que fuere, ese delicado, sutil y complejo proceso de coordinación se rompe y la división del trabajo se desmadeja y los consumidores ven cómo la corriente de bienes de consumo ya no sale a su encuentro.

Hemos visto un claro ejemplo en el cierre patronal de los transportistas. Ante la pasividad del Gobierno, al menos en los tres primeros días, los empresarios en huelga han hecho uso del recurso sindical por excelencia, el que le resulta más propio y característico: No son las cuotas, claro está, sino la violencia. Un sector de esa división del trabajo se paraliza y las estanterías, los escaparates, los mostradores de las tiendas, clarean.

Pero, en ausencia de violencia, cuando la sociedad es verdaderamente libre, esa red de intercambios voluntarios es lo suficientemente flexible como para reaccionar tan rápido como es humanamente posible, y al menor coste.

Vamos, que jamás podríamos haber inventado nada tan bueno. Hemos tropezado con el entramado social sin que lo hayamos diseñado o siquiera concebido. A veces, las mejores cosas no son el resultado de un plan.

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