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Ordenándole qué hacer con su dinero

Publicado en Libertad Digital

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Pues que no sólo le están tomando el pelo sino que encima su poder adquisitivo se va a reducir.

Hay mucha gente a la que, cuando sucede lo mismo siendo burócratas los responsables y los ciudadanos las víctimas, les parece una cosa distinta. ¿No ha pensado nunca en la perversidad de los bancos centrales? Estas entidades paragubernamentales trabajan supuestamente para nuestro bien, pero cuando alguien cobra cantidades astronómicas de dinero proveniente de la extorsión gubernamental por "nuestro bien", ya deberíamos intuir que algo no irá bien.

Los bancos centrales, por nuestro bien, nos dictan cómo ha de ser nuestra economía y nuestro comportamiento económico diciéndonos cuándo hemos de ahorrar, cuándo hemos de gastar y cuando hemos de pasar penurias económicas. Hace lo mismo que el empresario del ejemplo anterior, pero se lo consentimos e incluso lo vemos necesario. Además, somos clientes cautivos de la moneda del banco central sin que tengamos opción alguna. En el caso del empresario hipócrita, al menos, siempre podemos cambiarnos de trabajo.

Cuando estos tecnócratas creen que ya no debemos ahorrar, imprimen dinero. Más concretamente amplían la oferta monetaria, ya que hoy día se usan sistemas más sofisticados que darle a la imprenta para hacernos vivir momentáneamente en una ilusión transitoria de riqueza. El nuevo dinero salido de la nada, alias "inflación crediticia", se expande por toda la economía aumentando el precio de los bienes y servicios de todos los escenarios productivos más que nuestras rentas, acentuando los ciclos y generando pérdidas totales en los sectores más expansivos, y por extensión, en nuestros bolsillos.

Aparte de los tecnicismos y la errónea filosofía intervencionista en la que se basa el regulador monetario, las decisiones finales no son producto de un razonamiento puramente técnico; como todo en el mundo de la política, son el resultado de presiones e intereses.

Miremos un poco atrás. Se produjeron situaciones similares a la de ahora y consiguientes bajadas de tipos de interés por sorpresa en 1991 y 1998. Entonces todo empezó en Estados Unidos también. En aquellos momentos la Reserva Federal no actuó por factores puramente técnicos, sino por presiones políticas, populistas y mediáticas. La consecuencia de esas acciones nos la encontramos, en parte, ahora. Si los bancos centrales vuelven a bajar tipos –aunque aún no lo hayan hecho siguen inyectando día a día liquidez al mercado, lo que es una medida totalmente contradictoria a sus posturas oficiales–, lo único que obtendremos será una crisis más fuerte en un futuro cercano. De hecho, la intervención de los bancos centrales en aquellos años produjo poco tiempo después derrumbes generalizados en todas las bolsas. El mercado tuvo que ajustar los estropicios que habían provocado los burócratas.

La política monetaria de los banqueros centrales no deja de ser otra muestra de mercado manipulado y economía dirigista donde todos los lobbies –como altos burócratas, políticos y grandes empresas demasiado amigas del Estado– presionan para favorecer sus propios intereses. Nada lo hacen por el bien común: eso es otro mito que aún arrastramos del siglo XX.

Los únicos responsables de la situación actual, así como de las crisis anteriores y la que van a venir, son los altos burócratas que han creado una falsa ilusión de riqueza allí donde la economía privada y las finanzas de los ciudadanos se han comportado de forma irresponsable. Esta situación de auges y crisis se va a seguir produciendo hasta que no se corte de raíz. No hay soluciones mágicas ni pragmáticas. El auténtico mal es la politización de la economía y el remedio es anular totalmente cualquier tipo de interferencia estatal o paraestatal.

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