Skip to content

‘Público’: quince años inventando historias

Publicado en Libertad Digital

Compartir

Compartir en facebook
Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en pinterest
Compartir en email

El hecho de que un periódico asuma que no da información ni noticias, sino que cuenta historias, debería hacer saltar las alarmas.

Portada del diario Público, 8 de febrero de 2010

Asisto anonadado como el diario Público, fundado por Ignacio Escolar y que, por lo visto, mantiene los mismos estándares de integridad periodística de los que siempre ha hecho gala el ahora responsable de El Diario, ha celebrado su decimoquinto aniversario con un vídeo en el que celebra sus quince años «contando historias que importan». El hecho en sí no tendría nada que objetar aparte del alipori que suelen provocar este tipo de promoción, pero el hecho de que un periódico asuma que no da información ni noticias, sino que cuenta historias, debería hacer saltar las alarmas. Sí, es cierto: hay un género periodístico que consiste en contar historias, que es un formato que permite poner cara y humanizar una información, pero contar historias es lo que define la ficción. Y, por lo visto, las historias que le importan a Público incorporan un elevado porcentaje de ficción.

Cojamos el caso de María Sevilla, a cuya defensa dedica buena parte del vídeo; una feminista indultada por el Gobierno de mucho progreso por considerarla una «madre protectora». La historia real, la información, nada tiene que ver con las fantasías de género que relata Marisa Kohan, la activista a la que paga Público para mentir a favor de la causa. La madre protectora en cuestión se dedicó a intentar empapelar a Rafael Marcos, el padre de su primer hijo, con denuncias falsas de abusos sexuales que fueron rechazadas por los tribunales. Liberado de las mentiras de su exmujer, logró que los tribunales le concedieran la custodia de su hijo. Pero Sevilla lo sacó del colegio, se lo llevó a una finca rural y lo adoctrinó religiosamente, metiéndole en la cabeza que «papá era el diablo» mientras lo tuvo secuestrado durante dos años, que es lo que tardó la policía en localizarlos. Durante todo ese tiempo ni ella ni sus dos hijos salieron de la finca, tan sólo si se portaba bien los dejaba salir por la noche de la casa, que tenía las ventanas cegadas. Dos años en que ninguno de los niños recibió atención médica ni fue vacunado.

Antes de secuestrar a su hijo y desaparecer de la faz de la tierra, María Sevilla dirigía Infancia Libre, dedicada a repetir su patrón de conducta: denuncias falsas de maltrato y abuso sexual contra las exparejas de sus asociadas para garantizarles la custodia, primero, y si eso falla, pues secuestro. En su posición, Podemos la llevó incluso al Congreso para que excretara su odio. Su otra hija, que sólo tenía seis años cuando la encontró la policía, se limitó a olisquearles y gruñir cuando la preguntaban. Impidiendo que tuviera un mínimo contacto social, la había convertido en un animal. Esa es la defensa de la infancia que Podemos indultó.

En definitiva, María Sevilla es lo más parecido que existe en el mundo real a la madre de Carrie, el personaje creado por Stephen King. A nadie se le ocurriría que mentir para defender a alguien así sea moralmente elevado, pero la perspectiva de género, que no es nada más que una racionalización con barniz académico del odio al hombre, funciona como la más fanática de las religiones. Cuanto más indefendible es una mujer, más hay que defenderla, porque eso es lo que permite separar a los verdaderos creyentes de quienes tienen dudas o, simplemente, un poco de sentido común.

Público, en cambio, considera que esta realidad refrendada por la policía y los tribunales es un bulo, y que la única verdad es que la mujer siempre tiene razón, aunque esa mujer sea María Sevilla. El único bulo, sin embargo, es defender que lo que ha hecho Público durante estos quince años tiene algo que ver con el periodismo.

Más artículos

Democracia y totalitarismo no son excluyentes

La democracia podrá ser una forma de tratar (igual incluso la mejor) aquellos asuntos que por su naturaleza tengan que ser decididos conjuntamente, pero nada hay en ella que la haga contraria per se al totalitarismo.