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Radicales catalanes: homenaje a Jorge Valín

Publicado en La Información

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Sirva este artículo para rendirle un sincero y humilde homenaje.

Esta semana todo ha pasado a un segundo plano: el Brexit, la difícil situación de los kurdos, las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos, hasta la tragedia ecológica del Mar Menor. Todos los temas que se agolpaban en la agenda, ya no parecen tan relevantes. En realidad, siguen siendo de suma importancia. Pero la violencia en las calles de Barcelona ha acaparado los focos de los medios y de las redes. De nuevo, las fotos de la violencia han invadido portadas y telediarios, dentro y fuera de España.

No ha sido una explosión espontánea. Se esperaba la sentencia del juicio del procès. Y, lo cierto, es que nadie parece haber salido contento. Unos por defecto. Otros por exceso. Pero, mientras que unos se han limitado a cuestionar la sentencia, los otros han sacado a sus seguidores a la calle. Algo perfectamente lícito. Sin embargo, no se han limitado a protestar entorpeciendo el tráfico: han colapsado el aeropuerto impidiendo el tráfico aéreo, han dañado el mobiliario urbano, han fundido vías férreas para impedir el tráfico de los trenes. Eso es atentar contra la normalidad de la vida de los ciudadanos.

No juzgo su ideología. Aunque me cueste recibir (de nuevo) insultos en las redes y la incomprensión de muchos amigos, que duele más, no me avergüenza decir que no entiendo el revuelo que ha levantado reclamar la independencia política total. Yo soy de esas personas idealistas que apuesto por los individuos y no por los territorios. De manera que si una mayoría cualificada de ciudadanos quieren desvincularse de un estado, es decir, de una estructura política que gestiona un territorio, no veo por qué no puede ser. Decir “soy español” significa diferentes cosas para cada cual. Pero no es ese el tema en el que me quiero centrar. Son los medios. Malversar dinero de todos para fines políticos, y hacerlo por debajo de la mesa; alimentar la crispación hacia quienes no piensan como tú; hostigar a los catalanes no independentistas hasta forzar que muchos se tengan que ir; alentar la violencia, son el camino elegido por los líderes independentistas. Ese no es mi camino.

La cobardía de todos los partidos políticos, incluidos los nacionalistas, a lo largo de nuestra historia reciente es manifiesta. Desde los presidentes que hablaban catalán “sólo en la intimidad”, hasta la saga delincuente de los Pujol, pasando por quienes no abordaban el tema directamente y daban largas para diferir el momento de la verdad, todos ellos han pecado, desde mi punto de vista, de irresponsabilidad. Hay que salvar a los más radicales por ambos polos: Vox ha manifestado desde su nacimiento su total y absoluta oposición a la independencia y a nada que pueda cuestionar la unidad de España. Es más, quieren centralizar responsabilidades que actualmente dependen de las autonomías. Y no lo ocultan. De hecho, esa claridad es lo que explica su éxito, al menos parcialmente. Por otro lado, Podemos es partidario de conceder la independencia a Cataluña y amnistiar a los políticos condenados por la justicia.

Hay que recordar que fue el rey Felipe VI quien forzó, con su discurso televisado, la aplicación del artículo 155.

Pero, más allá de estas reflexiones, el hecho terrible es que Barcelona lleva dos días colapsada. Los Mossos y la Policía Nacional han desalojado lo que han podido. Hay heridos por ambas partes, como era de esperar. La diferencia con la situación tan similar que se vivió el año pasado es que, en esta ocasión, la empatía popular está, en general, del lado de los no independentistas. Creo que los motivos son varios. Ocupar las calles, quemar contenedores, paralizar los transportes y, a continuación, soprenderse porque las fuerzas de seguridad, tanto del Estado como de la región, intenten preservar el desarrollo normal de la vida de los ciudadanos, de todos los ciudadanos, y además, tratar de victimizarse por ello, no cuela. Las imágenes de independentistas agrediendo a mujeres que portaban banderas españolas, o una ‘mossa’ aislada rodeada por independentistas que la golpean mientras ella está en el suelo, impresionan.

El problema no es que sean radicales, sino que emplean la violencia y la extorsión para imponer su punto de vista y se escudan en que el monopolio de la violencia la detenta el Estado central. Cuando señalaba este punto en Twitter, alguien se preguntaba cuándo voy a denunciar la violencia policial. Lo llevo haciendo años. Precisamente hubo una época en la que la violencia de los Mossos resultaba chocante frente a los métodos más civilizados de la Policía Nacional y yo lo denunciaba. Y es en este momento en el que quiero recordar a Jorge Valín, que fue una inspiración para mí, fallecido el pasado viernes tras esa penosa enfermedad que nos amenaza a todos. Jorge era un radical catalán no violento. Un anarquista de mercado de los pies a la cabeza, de principios infranqueables. Sus frases levantaban ampollas: “Afirmar que hay que pagar impuestos voluntariamente es como decir que una violación es un acto de amor”. Escucharle me empujaba a cuestionar mis ideas acerca de la justificación de un Estado mínimo, del monopolio de la violencia, la libertad para portar armas y la libertad para consumir drogas. Me enseñó cómo afrontar cualquier tema por espinoso que fuera desde la lógica de los principios, dejando la moral para el ámbito particular, sin legislarla ni imponerla. Era íntegro, amable, y divertido. Pero lo que más me ha marcado de él es que vivía de acuerdo a lo que decía. Eso hacía de él una especie en peligro de extinción. Me quedé con ganas de conocer a su esposa, Mónica, y a su hija, de debatir más cosas, de quedar en Barcelona, de invitarle a Madrid.

Sirva este artículo para rendirle un sincero y humilde homenaje. Ojalá los radicales catalanes que se dejan llevar por los cantos de sirenas de los políticos que les arengan imitaran a Jorge Valín, aunque sólo fuera en vivir de cara a sus principios. Que reclamen la independencia total pero del Estado, de todos los Estados, el español, el catalán o el europeo, y aprendan a ser libres y responsables.

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