Skip to content

Regresión en Zimbabwe

Compartir

Compartir en facebook
Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en pinterest
Compartir en email

Luego le llegarían más sorpresas, menos para quien conoce antecedentes como la Alemania de los años 30. Ha pervertido la moneda, y la inflación, del 3.700%, hace que los precios sean lo único que suba en esa economía. Para detenerlos ha impuesto una rebaja por decreto y obliga a los comerciantes a vender a pérdidas. Como se resistían, ha lanzado a sus cachorros, que New Reds hay en todos lados, a ir de comercio en comercio convenciendo a los tenderos con el argumento más antiguo del mundo de que cumplan los deseos de Mugabe.

Tras de ellos, una turba de personas vacían las tiendas, comprando a precios falsos. Los mostradores vuelven a relucir como el primer día, antes de que llegaran los primeros productos. Los más ricos, incluso en sociedades tan pobres como Zimbabwe, se las arreglan, pero la gente de a pie se encuentra con que las tiendas dejan de tener lo que más necesitan. Los productos básicos sólo se pueden ver por televisión, y eso el que tenga corriente eléctrica.

Los comercios cierran o dejan de pedir, por no vender a pérdida. Le siguen sus proveedores. Hitler solucionó este problema militarizando las fábricas. Mugabe les amenaza, si no producen, con la confiscación, que la técnica la tiene ya muy depurada.

La sociedad se organiza al margen de lo que sólo un positivista seguiría llamando legalidad. Y lo hace en el mercado negro. Milagrosamente, el pan, la carne, el aceite que han abandonado los comercios reaparecen, a un precio varias veces el oficial, en el mercado informal.

Incluso hay una regresión en la división del trabajo y la economía es cada vez más sencilla. Vuelve la tracción animal, ante la falta de combustible. Las familias se convierten en improvisados agricultores. Hay historias condenadas a repetirse.

Más artículos

Historia de Aragón (V): Sancho Ramírez

En 1068, Sancho Ramírez viajó a Roma, donde el Papa le concedió el título de Rey de Aragón. Aragón pasó a ser vasallo de la Santa Sede, a cambio de 500 mancusos de oro al año,

La revolución conservadora de Margaret Thatcher

En sus notas para aquel discurso de 1991, Margaret Thatcher concluía advirtiendo a sus amigos del CPS que la gran tentación de la política era «perder de vista las verdades eternas y elegir la solución popular y rápida».