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Sana desconfianza

Publicado en Libertad Digital

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Ya nadie parece creer en la cantinela según la cual en unos meses la situación empezará a mejorar visiblemente. De hecho, un 90% piensan que a mediados de año la situación será igual o peor.

Parece que el grueso de la ciudadanía española ha roto el idilio que mantenía con Zapatero y ha pasado a desconfiar de lo que este señor hace con el poder político que detenta. Es una pena que haya hecho falta una crisis de esta magnitud para que se adopte una sana postura tan sana como la desconfianza ante la acción de los políticos, sean estos del partido que sean.

Si lo pensamos, es increíble que el desengaño no haya llegado hasta ahora. Hablamos, recuerden, de un presidente que hace apenas un año aseguraba que España no entraría en crisis, que estábamos equipados de la mejor nave posible para conducirnos por la marejada de las finanzas internacionales y que no había nadie como nuestro ministro de Economía para capitanear el barco.

La crisis, por supuesto, nos tocó de lleno y el propio Gobierno se ha encargado de desdecirse. Nuestro barco no parece ser el Nautilus y, de existir, se parecería más bien a un antiguo galeón que zozobra nada más se le sobrecarga un poco. Sin embargo, la idea misma de que la economía es algo así como un barco es un enorme equívoco. Los navíos se caracterizan porque precisan de un capitán que lleve el timón y por que todos los que vamos dentro tenemos que trabajar para un mismo fin. La sociedad puede necesitar gestores de asuntos públicos pero nunca un capitán que dirija nuestras vidas y los puertos a los que arribar. Pero más falaz aún es la idea de que el mercado es una única nave social porque ni nos dirigimos todos al mismo puerto ni usamos el mismo barco.

Así que ya era hora de que la desconfianza se impusiera sobre la exaltación del ejercicio de Gobierno. Para mediados de año la encuesta probablemente sumará nuevas dosis de escepticismo. Y no es para menos. Desde que se llevó a cabo el sondeo al que se refiere ABC, Zapatero ha hecho saltar por la borda a quien nos vendía como el capitán mejor preparado. Ahora que los tiburones dan buena cuenta de Solbes, Zapatero le ha sustituido por un grumete dispuesto a incrementar la velocidad del la flota española haciendo agujeros en los cascos del los barcos (eso sí, con cargo a nuestras carteras).

Quizá la lección nos sirva para recordar que los gobiernos difícilmente pueden traer el bienestar a la población y mucho menos conducirnos a islas paradisiacas. Como mucho los gobernantes podrán quitar trabas establecidas por otros políticos para que los individuos nos podamos ocupar de nuestro propio bienestar y busquemos puertos más soleados.

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