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Todos contra el fuego

Publicado en Libertad Digital

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En la catástrofe del Prestige no hubo ningún candidato del PP emboscado en las sentinas del petrolero para hundirlo, al contrario de los recientes incendios en Galicia en que algún político progresista sí se ha visto involucrado de forma incuestionable. ¿Qué razón objetiva existe para que en el primer caso se organizaran todo tipo de algaradas violentas y en este segundo, los mismos que exigían la pena de excomunión democrática para todos los gobiernos implicados, se limiten a convocar una surrealista manifestación "contra el fuego"? Pues evidentemente ninguna, salvo el criterio ramplón de la utilidad partidista.

Curioso este nacionalismo, que antepone el derecho de sus elites al disfrute de las moquetas de los despachos oficiales al bien de la patria, su patria. El nacionalismo periférico gallego, como el de barretina o el de chapela, no es un sentimiento colectivo de exaltación nacional más allá de lo folclórico, sino una artimaña más de los oportunistas que lo dirigen para alcanzar el objetivo vital al que dedican todos sus esfuerzos: un coche oficial y un buen sueldo público. Conseguido lo cual, la lucha por devolver a sus pueblos la dignidad arrebatada por el centralismo opresor pasa a convertirse un simple argumento sentimentaloide para rellenar los aburridos discursos institucionales.

Al fuego no le importa quien esté al frente del gobierno para arrasar montes enteros y amenazar las vidas y haciendas de los ciudadanos. Es una pena, sí, pero es que la naturaleza no es nada progre.Si lo fuera, los desastres naturales sólo ocurrirían cuando mandan "los malos". Constatado el carácter eminentemente reaccionario de Natura y transcurridos los primeros momentos de estupor, la generación Prestige debiera hacer, no obstante, algún intento de protesta antigubernamental, aunque sólo fuera por rendir un mínimo tributo a la coherencia. Por el contrario, si salen a la calle es para felicitar efusivamente al gobierno de "los nuestros" por lo bien que despiden a los brigadistas antiincendios que no dominan la lengua vernácula.

Son irrecuperables para el decoro público. Prefieren un país arrasado con "los suyos" en el poder, a uno próspero gobernado por los adversarios. Y mientras tanto, Zaplana proclama muy serio en el Congreso que si el afiliado procesado por los incendios fuera del PP, la noticia habría desatado la histeria bipartita del Nunca Máis. Más que una acusación, es la constatación de la mediocridad que impregna todas las estrategias arriolianas de su partido. Estos también son irrecuperables para la política de brega. Han venido al mundo para pedir perdón a la izquierda, estén gobernando o en la oposición. Me parece muy bien, pero al menos que lo hagan a título estrictamente personal. En nombre de sus votantes, no.

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