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Vuelve la depresión laboral

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Es decir, en apenas unos meses, una de cada cinco personas en edad de trabajar se verán obligados a subsistir con una prestación perentoria y temporal para afrontar el día a día y hacer frente al pago de sus facturas y deudas. Y eso, los afortunados. Cerca de dos millones de desempleados no contarán con ningún tipo de ingresos.

La pobreza e, incluso, el hambre, figuras desconocidas en este país durante las últimas décadas, serán entonces una realidad y el mayor problema, no sólo económico sino también social de este país. Los últimos datos de desempleo correspondientes al pasado mes de febrero apuntan hacia un escenario de estas características a corto plazo. La depresión laboral (tasas de desempleo próximas al 25%) entraba por Andalucía el pasado enero y ahora amenaza con extenderse al resto de España.

La tragedia no radica en el aumento del paro, sino en la destrucción laboral récord que acaba de registrar el mercado nacional. En febrero se han perdido, por primera vez en la historia, más de un millón de empleos afiliados a la Seguridad Social de manera interanual (1.143.130 afiliados medios menos que hace un año), tras caer un 5,9% respecto a febrero de 2007.

Curiosamente, la agricultura es el único gran sector que todavía genera empleo. Y es que, la construcción supone el 54,2% del la destrucción de empleo interanual (en enero supuso el 48,4%), seguido de los servicios (26,5%) y la industria (22,1%), tal y como refleja el último informe delServicio de Estudios de la Asociación de Grandes Empresas de Trabajo Temporal (AGETT).

España vuela sin motores y el avión comienza ya a desplomarse de forma cada vez más visible e intensa. La velocidad de la caída hace prever un crack no visto por toda una generación de españoles. El paro crece a un ritmo del 50% interanual por primera desde septiembre de 1978. España cuenta ya con 3.481.859 parados registrados. Máximo histórico desde que se tienen registros, en enero de 1961. Sin maquillajes estadísticos, la cifra se eleva a 3,9 millones.

España acumula 1.166.528 más parados que hace un año. Hagan ustedes mismos las cuentas. A este ritmo, se romperá la barrea psicológica de los 4,5 millones antes de los que muchos piensan. Febrero supone ya el vigésimo primer mes en el que el desempleo se incrementa de manera consecutiva y, además, ya se cumplen 10 meses consecutivos desde que el desempleo afecta a todos los sectores. El sector servicios presenta 595.000 parados más que hace un año (42,3%). El sector de la construcción supera ya los 630.000 y sufre una variación interanual del 107,2%. El desempleo en el sector industrial también supera el incremento del 50% interanual (55,8%), con 162.506 parados nuevos.

Por si ello fuera poco, ya son más de 440.000 los jóvenes menores de 25 años en situación de desempleo, un dato negativo sin precedentes, tal y como pone de manifiesto el citado informe. "Desde que se dispone de información (febrero 2001), no se había visto antes un número de desempleados jóvenes de esa magnitud". De hecho, el paro entre los menores de 25 crece a un ritmo interanual del 63,1%, frente al 48,7% del resto de edades. Por último, los extranjeros (legales) en paro suman un total de 473.091.

Y mientras, muchos nos quedamos atónitos al contemplar la brillantez del Gobierno para lidiar con la actual situación. La receta keynesiana del gasto público es, por el momento, la única medida política que contempla el Ejecutivo para cortar una sangría que ya es imparable y está dejando sin apenas circulación a la economía nacional. ¿Qué pasará cuándo el Inem entre en déficit y se agote el dinero disponible para las prestaciones? ¿Emitirá el Tesoro un nuevo paquete de letras de calidad degradada para afrontar los pagos? ¿A qué precio? ¿Y cuándo la recesión continúe en 2010 y los ingresos tributarios se sigan desplomando al tiempo que el número de parados escala hasta los cinco millones? ¿Seguirá endeudándose el Estado, pese al riesgo de nuevas degradaciones crediticias y un coste financiero casi inasumible? Si algo caracteriza a nuestra clase política es, sin duda, su incapacidad de miras.

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