La madrugada del 3 de enero de 2026 será recordada, especialmente por los venezolanos, durante mucho tiempo. A Maduro le han llegado los Reyes Magos con algo de adelanto y el Tío Sam ha decidido que tenía que repartir democracia. Parece ser, como en todo conflicto actual, que si no apoyas esta decisión del imperio estadounidense, eres poco menos que un comunista bolivariano; y si la apoyas, un adalid de la verdad, la democracia, la libertad y poco menos que la encarnación de todo lo bueno. Fíjense que creo que en esta situación, me van a tildar más de lo primero que de lo segundo, pero voy a hablar desde lo gris de la situación.
En primer lugar, sobre la justificación de una supuesta liberación del pueblo y derrocamiento de la tiranía: ¿de verdad es necesario argumentar esto? Quiero decir, todos conocemos cómo funciona Estados Unidos, bajo el pretexto de la democracia, lo único que hace es tratar (porque desde la II Guerra Mundial no tiene demasiados éxitos) de establecer gobiernos favorables a sus intereses económicos allí por donde va. Creo que en esta situación, ni siquiera van a establecer una ‘democracia’ a su estilo, sino que directamente se conformarán con la captura de Maduro y seguirá todo como está, solo que con más sonrisas entre ambos estados.
Esto no es una tesis segura, en política internacional es difícil adivinar en concreto que ocurrirá, sin embargo, viendo el comportamiento de Trump y de Estados Unidos, no parece que vaya a ser la maniobra habitual en la que directamente cambian el gobierno de un país, principalmente porque tampoco han ido a por el ejército, simplemente, en estos momentos (16:00 del 3 de enero), han capturado a Maduro, han hecho bombardeos estratégicos y fin. Por tanto, al no haber terminado con el régimen ni forma de gobierno del estado venezolano, no ha ocurrido ningún tipo de liberación.
Si terminara siendo una ‘liberación’: En principio los libertarios, solo debemos defender aquellas guerras donde se actúe de manera defensiva, por lo que, ¿dónde está la agresión de Venezuela a Estados Unidos? Aún aceptando que Venezuela pueda ser una ‘narcodictadura’ (según distintos líderes de la derecha), no encuentro que sea una agresión a nadie desde el punto de vista libertario, es decir, no hay agresión del ejército venezolano sobre territorio estadounidense ni contra sus ciudadanos. El consumo de drogas en Estados Unidos u otros lugares no se realiza bajo el yugo del gobierno venezolano, sino por libre decisión de los ciudadanos de esos países, aceptar este argumento, sería una manera peligrosa de ampliar el término de agresión, habilitando y justificando numerosas guerras.
Ninguna guerra entre estados es legítima. Más allá de repeler una agresión. Si Estados Unidos quiere ‘liberar’ a Venezuela, pues que facilite medios a los ciudadanos que quieran oponerse a su gobierno, pero no debe ser él quién venga a servir democracia cuando dejen de bailar el agua a sus intereses. Aquí solo pierden los individuos, que seguirán dominados por una élite extractiva, de un color u otro, pero cuyo interés es el mismo, emplear el monopolio de la violencia para beneficiarse a sí mismos a costa del trabajo del resto de ciudadanos. Si empleamos una tesis que acepte la ayuda de terceros en un conflicto, si quién pide ayuda son los ciudadanos, no deben ser estados quiénes intervengan, pues son en esencia lo mismo, sino individuos que libremente quieran ir a ayudar a personas que supuestamente comparten su mismo proyecto.
En cuanto al respaldo de la operación mediante el derecho. Hay quién podrá defender el acto debido a que supuestamente es una operación quirúrgica, sin embargo, convendría analizar (y lo dejo en manos del propio lector para no eternizar este artículo e incentivar al pensamiento crítico) si se cumplen las siguientes disposiciones legales:
- Según el derecho internacional (aunque Estados Unidos decida no aceptarlo):
- Carta de las Naciones Unidas, Artículo 2 (4).
- Carta de las Naciones Unidas, Artículo 51.
- Carta de las Naciones Unidas, Artículos 41 y 42.
- En el derecho interno de los Estados Unidos de América:
- Artículo I, Sección 8 de la Constitución.
- War Powers Resolution, 50 U.S.C. § 1541.
- War Powers Resolution, 50 U.S.C. § 1544.
- 18 U.S.C. § 1385.
Las disposiciones del derecho internacional, son papel mojado, pues Estados Unidos no suele guiarse por estos principios. No creo que esta situación sea distinta: a Estados Unidos nadie le planta cara y hace con el derecho lo que quiere. Ahora bien, eso no quita que se pueda cuestionar la legalidad y si es válido según el derecho internacional, por poca aplicación que este tenga.
Por último, incluso dejando a un lado la cuestión jurídica, el problema es más profundo. Los Estados no liberan pueblos: sustituyen élites. Allí donde hoy se promete democracia, mañana suele quedar intacto el monopolio de la violencia, solo que administrado por actores más afines a intereses externos. Las guerras entre estados no hacen libres a los individuos; los convierten en daños colaterales de proyectos que nunca les pertenecieron y que ahora solo cambian de nombre. Mientras sigamos confundiendo intervención con liberación, seguiremos celebrando como victorias lo que no son más que cambios de manos en el poder.
Con esto no digo que no me alegre si el régimen socialista venezolano cae (que aún no lo ha hecho), sino que soy absolutamente escéptico con que vaya a caer y la manera en la que será sustituido. No serán pueblos libres, aquellos que simplemente cambien el titular de la fuerza. No seremos libres, hasta que no nos demos cuenta que el problema son los gobiernos, no quién lo ostenta.
Dios cuide a las posibles víctimas de todo esta situación, así como ayude a los venezolanos a superarla, poder regresar a su país del que se vieron obligados a salir y sobre todo, les guíe en la búsqueda de la libertad.


5 comentarios
Jesús G. Maestro “Estados Unidos y Venezuela: ¿es legítimo imponer la ley por la fuerza? ”
Doña Bárbara, Rómulo Gallegos (1929):
https://www.youtube.com/watch?v=U_y5BOrYNNo
En la anterior crítica literaria, Jesús G. Maestro el 31 de diciembre pasado se adelantó llamativamente a la detención/sustracción extraterritorial
de Nicolás Maduro, este 3 de enero de 2026, analizando el enfrentamiento entre la civilización y la barbarie, justo en el momento en que alguien
tiene que utilizar la violencia por su propia mano para imponer la justicia, mediante la fábula presentada en el capítulo 5 de la tercera parte de la novela
‘Doña Bárbara’ escrita en 1929 por el escritor y expresidente venezolano Rómulo Gallegos, en relación a estas preguntas:
— ¿hasta qué punto es legítimo imponer ‘la ley’ (con el significado de ‘la civilización’) por la fuerza?
— ¿cuál es/sería el límite para ello?
— la legalidad ¿es el fin o el medio… para ello?
Sin embargo, NO comparto la conclusión (o premisa) de que ambas (civilización y barbarie) se imponen por la fuerza.
De hecho, la distinción de F. Hayek entre Derecho y legislación es muy aclaradora en ese sentido.
Y así el Derecho nacido como hábitos de interrelación que respetan a cada otro congénere, en forma de concretas instituciones espontáneas,
generalizados solo por imitación, para mí, son la clave en los procesos civilizatorios, y no requieren de la violencia ni para su surgimiento, ni para su extensión;
ejemplos de ello, ejemplos de Derecho son las instituciones del derecho privado romano, el Tribunal de las Aguas de Valencia, o el derecho mercantil medieval,
o la common law anglosajona, o los actuales tribunales arbitrales transnacionales).
Sobre estos temas (en realidad, sobre el cambio o mutación o degradación del entendimiento del concepto de lo que es realmente la Ley o el Derecho,
que se produjo alrededor de la Revolución Francesa, hasta igualarlo un poco tonta o estúpidamente con legislación formal “escrita”):
— Carmen Iglesias “Montesquieu. Un clásico políticamente incorrecto”
https://www.youtube.com/watch?v=S7V7WB6Fgwg
— Eduardo Nolla “Tocqueville (I): La democracia como problema”
https://www.youtube.com/watch?v=HAsASKWy0BA
Opinión de Miguel Anxo Bastos sobre la intervención puntual en Venezuela:
https://www.youtube.com/watch?v=bzE_Zo7eWiE
Nótese que el video de M.A. Bastos es del mismo 3 de Enero. Y que la crítica literaria de Jesús G. Maestro
sobre la novela de Rómulo Gallegos escrita en 1929 ‘Doña Bárbara’ que he enlazado en el comentario anterior
es anterior a dicha intervención, es del 31 de Diciembre de 2025. Sin embargo, NO comparto con esa crítica literaria
la idea de que la Ley, el Derecho –a diferencia de la legislación, según la certera distinción de Hayek– se basa solo en la fuerza.
Por ejemplo, las instituciones de derecho privado romano o el cotidiano actuar del Tribunal de las Aguas de Valencia (o el derecho mercantil medieval, o la common law anglosajona) o el cotidiano actuar también de los tribunales arbitrales comerciales transnacionales actuales, no se basan en la fuerza, ni son producto de ningún cacique. Todo lo contrario. Son neutrales, hábitos de buen actuar que se generalizan simplemente por imitación (instituciones espontáneas al estilo de Menger). Y en mi opinión son el origen y la base de la civilización…
De hecho, lo característico de Venezuela desde los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro es (ha sido) la completa VULNERACIÓN
(más bien subversión) del Derecho así estrictamente entendido, construido espontáneamente alrededor (como instituciones espontáneas)
del respeto a cada persona, sus posesiones y su autonomía material y sobre todo moral.
Del famoso “exprópiese” de Hugo Chávez, rodeado de su camarilla, a los tiros en la cabeza a manifestantes por francotiradores en las protestas,
pasando por los monopolización estatal (es decir, de la camarilla asociada al gobierno, entre quienes podríamos considerar a algunos “profesores” de universidad españoles vinculados a la fundación CEPS [1], al ínclito Rodríguez-Zapatero y otros comisionistas) de diversas actividades extractivas, intelectuales y morales.
Todo ello (privilegios) es ‘lo contrario’ del Derecho.
Ahí es donde tiene sentido las preguntas que se formulan tras leer ese capítulo de ‘Doña Bárbara’ escrita en 1929 por Rómulo Gallegos:
— ¿hasta qué punto es legítimo imponer ‘la ley’ (con el significado de ‘la civilización’ o el Derecho material) por la fuerza?
— ¿cuál es/sería el límite para ello?
— la legalidad ¿es el fin o el medio… para ello?
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[1] Como quienes ayudaron a Hugo Chávez, con su cuenta y razón, a ‘dar el cambiazo’ y le diseñaron a medida la Constitución (escrita) de Venezuela en 1999,
para poder así dominar y controlar todas las instancias y perpetuarse en el poder (distanciándose del esquema típico liberal de imperio de la ley, separación de poderes, independencia judicial, debido proceso y rendición de cuentas, entendido en este caso ‘ley’ en su sentido meramente formal); y además tuvieron la desvergüenza de llamarlo ‘nuevo constitucionalismo latinoamericano’.