La caída de Maduro y el fin del socialismo del siglo XXI

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El socialismo, en general, está dando sus últimos coletazos antes de su fracaso definitivo e histórico. La caída de Nicolás Maduro es sólo la enésima señal, aunque mucho más impactante que otras anteriores. La situación de Venezuela, con un régimen que ha ido incrementando su represión conforme aumentaba la depresión económica, pone punto final a una etapa histórica, la era socialista. Una época que ha destacado por los reiterados intentos de implementar un sistema imposible, una aspiración irrealizable, que parte de un análisis poco realista de la realidad. El marxismo está condenado desde su concepción. Sus premisas filosóficas se han demostrado falsas por la práctica política, por la teoría e, incluso, por la ciencia.

La caída de la Unión Soviética parecía haber condenado al socialismo a formar parte de la arqueología histórica. Sin embargo, algunos de sus supervivientes se resignaron a aceptar lo evidente. Este fue el caso de Fidel Castro, quien sintió la soledad, el miedo y el aislamiento ante un Estados Unidos que se erigía de forma definitiva como hegemón. Sin embargo, la dictadura cubana no estaba dispuesta a dejarse caer con facilidad, y mientras la isla se hundía en la miseria económica, el régimen miró hacia Venezuela. Hugo Chávez se presentó como la mejor oportunidad para que el castrismo siguiera vivo, no por tener a alguien de mano para el desahogo, sino por ser una herramienta para acceder a las mayores reservas de petróleo del mundo.

Tras el golpe de Estado que Chávez perpetró en el 1992, Castro comenzó a acercarse a él, apostando todas sus fichas en un jóven político-militar que, en un principio, sólo aspiraba a terminar con la hegemonía de los partidos locales. Sin embargo, el régimen cubano le ofreció algo más: un papel histórico, el resurgimiento de la revolución comunista. Chávez hizo suyo este deseo y se inventó aquello del socialismo del siglo XXI. En sus palabras, esta nueva ideología abandonaba la vieja idea de la dictadura del proletariado. En la práctica, era más de lo mismo.

Con Chávez en el poder, el castrismo tuvo acceso a su salvavidas en forma de petróleo. Un petróleo que sirvió, sobre todo, para financiar movimientos izquierdistas en todo el continente. Así, las naciones sudamericanas vivieron una oleada de socialismo que acabó por condenarlos a la miseria. Esta influencia llegó a España a través de personajes como Juan Carlos Monedero, que fundó Podemos, partido que llegó a ocupar una vicepresidencia en el Gobierno de Sánchez.

Sin embargo, el socialismo, sea del siglo que sea, sigue siendo socialismo. PDVSA, fuente de toda financiación de los nuevos movimientos izquierdistas que se extendían por el mundo, comenzó a flaquear. Chávez revocó a los cargos especializados que dirigían la empresa petrolera y puso en su lugar a personas afines. En cualquier sistema hiperestatal, los esfuerzos no se dirigen a la prosperidad, sino al autosustento del propio sistema. Era preferible tener el control de la situación que su buen funcionamiento. Este tipo de decisiones hicieron que el petróleo venezolano ya no fuera rentable, acabando con la gallina de los huevos de oro que mantenía el sueño socialista.

Ya en época de Maduro, la crisis se acentuó. El nuevo dictador ya no sacaba dinero del crudo mientras el Estado venezolano seguía con el gasto desmesurado típico de los sistemas asistencialistas. En ese contexto, el dirigente cometió el error típico en estos casos: empezó a tirar de la impresión de dinero. Venezuela registró una de las mayores inflaciones de la historia, llegando a incrementos de precios mensuales del 233,3%. Tras ello, cometió otro error típico del socialismo: topes de precios. La escasez se hizo evidente, con colas en supermercados y sin papel higiénico en todo el país. Todo ello para salvar un sistema que sólo se sostenía gracias a un recurso natural. Sin él, el chavismo habría durado dos días.

Tras esta gran crisis, el pueblo salió a las calles y Maduro incrementó la represión. Esto provocó sanciones internacionales. Ahora, sólo había una forma de financiarse: el narcotráfico. Una vez destruida la gallina de los huevos de oro del petróleo por la ineptitud del sistema socialista, una vez agotada la posibilidad de imprimir un dinero que ya no valía nada, una vez habiendo logrado sanciones por implementar una tiranía; el régimen eligió la última carta que le quedaba, una carta oscura de dinero fácil que se ha convertido en su propia condenación.

El chavismo se ha ido quedando sin salidas y dando patadas hacia delante de forma continúa. No obstante, una vez habiendo regalado a Estados Unidos la excusa para la intervención, su desaparición se ha hecho manifiesta. Cae el socialismo del siglo XXI de una forma todavía más deplorable que el del siglo XX. Tras la captura de Maduro, Cuba se queda sin su salvavidas y todos los movimientos internacionales de izquierdas sin su apartamento vacacional a primera línea de playa. Queda aún por ver que va a suceder al otro lado del globo, en países como Corea del Norte. Sin embargo, la defunción del marxismo parece irrevocable.

Y esto no es algo sorpresivo, pues desde la teoría se predijo con bastante antelación. La imposibilidad del cálculo económico de Mises, la refutación de Böhm-Bawerk o los problemas de información señalados por Hayek son sólo algunos ejemplos. Estos son argumentos externos, que muestran los problemas de dicha concepción.

No obstante, el gran problema del marxismo está en sus propias premisas, en la propia concepción de la realidad que mantiene. Los nuevos descubrimientos en el campo de la neurología ponen de nuevo en duda el problema de la emersión de la conciencia, algo que ha provocado un resurgimiento de la filosofía de la mente y un cuestionamiento de las teorías materialistas. Estudios recientes (Huang et al., 2025) afirman que la evidencia actual hace “incompatible (…) que el estado de la red neuronal, incluyendo su actividad y conectividad, especifique el grado y el contenido de la consciencia”, dejando cada vez más abierta la puerta a la existencia de una realidad no material en lo humano, lugar en el que residiría la capacidad consciente y, por ende, el libre albedrío. Algunos ven en la física cuántica un regreso inevitable a la influencia de lo metafísico en lo físico, pues los resultados materiales son diferentes si hay o no intervención de una conciencia observadora.

El hecho de que el Ser Humano pueda actuar de forma libre y creativa se acerca más a las ideas antropológicas de la Escuela Austriaca con conceptos como el de la función empresarial de Huerta de Soto (2024, 41) que a la idea materialista de la acción, que vendría a ser algo así como una confluencia de variables físicas que se expresan a través de una amalgama de sistemas de átomos interconectados. Si la acción es libre, ningún estudio científico (sobre la materia) puede predecirlo, algo que hace completamente imposible la planificación central. Ya no es sólo que el conocimiento se encuentre disperso, como defendía Hayek (Salazar Silva & Cuaspud Cáliz, 2017), sino que al menos una de las variables para su generación es completamente aleatoria y, por tanto, imposible de preconcebir.

En definitiva, el socialismo del siglo XXI fracasa por su propia concepción de la realidad, superada por la evidencia científica y por sus propios resultados. El problema es que a su paso ha dejado una huella imborrable todavía en muchos movimientos izquierdistas de lo que comúnmente se conoce como Occidente. Esa influencia que ejerció el chavismo a través del petróleo se ha impregnado en el ideario de numerosos partidos y sectores de la sociedad. Mientras así sea y no se llegue a la liberación definitiva del socialismo, el mundo seguirá envuelto en una recursión de errores intelectuales que impiden que se den los debates que verdaderamente van a llevar al progreso y a la prosperidad de la Humanidad.

Bibliografía

Huang, J., Fischer, A. D., Sandile, S. P., Arango, J., Reissis, N., Gu, X., Lyu, R., Sadek, M., Girdhar, K., Giraldo-Velásquez, M., Gusev, A., Jaiswal, S., & Natarajan, P. (2025). Clonal haematopoiesis and risk of chronic kidney disease. Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-025-08888-1

Huerta de Soto, J. (2024) Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial. Unión Editorial.

Salazar Silva, F., & Cuaspud Cáliz, A. L. (2017). F. Hayek y R. Coase. Formas de coordinación económica y el conocimiento disperso: la firma y el mercado. Ensayos de Economía, 27(51), 151–162. https://doi.org/10.15446/ede.v27n51.69917

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