La Historia de España de Juan de Mariana

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La Historia de rebus Hispaniae, publicada en 1592 en su edición latina, y en 1601 en su edición en español titulada Historia General de España, fue la gran obra de Juan de Mariana. Por su proyección como libro de texto hasta mediado el siglo XIX, por su prestigio internacional, por su importancia conceptual y por su gran modernidad, la Historia de rebus Hispaniae (Historia de los hechos de España) es la obra culminante de la cronística hispano-latina medieval, en el doble sentido de que es la más importante y la última. Porque es también la primera historia nacional realmente moderna, a la vez que cumbre y compendio de una tradición que se remonta a varios siglos antes. España se adelantó en el Renacimiento a toda Europa en la Historia, en los grandes descubrimientos, en las ciencias, las letras y el pensamiento.

Sin embargo, herencia del “regeneracionismo” y del “noventayochismo”, la mentalidad actual de casi todos los españoles tiene asumida como propia la idea de “retraso”. Incluso en entornos académicos se suele dar por sentada la tesis del “atraso de España”, como si fuese una evidencia. España, según se dice, llegó tarde a la modernidad, al desarrollo científico, a la revolución industrial, a la revolución burguesa… España siempre se ha “retrasado”. La categoría filosófico- histórica que envuelve esa mentalidad es la categoría del “retraso histórico” que, a su vez, está vinculada a la idea de una historia lineal de la humanidad, en la que España figuraría ancestralmente en el “pelotón de los torpes”. Nada más erróneo.

Fue también la primera gran obra de Mariana -quizá su obra magna- quien, a continuación, se vio inmerso en muchos e importantes trabajos a la vez. Tras la publicación de la edición latina Inició la traducción al español de su Historia de rebus Hispaniae, colaboró en la preparación de la edición de las Etimologías de San Isidoro de Sevilla de Juan de Grial (publicada en 1599), así como escribió su otra magna obra, De Rege et regis institutione (1599), en la que teorizó el tiranicidio. Una obra ésta realizada por encargo de García de Loaysa, que fue el preceptor del entonces príncipe heredero, y luego rey de España, Felipe III.

Los antecedentes

La Historia General de Mariana marca un hito, un gran hito. Como se ha dicho fue, de una parte la auténtica coronación de toda una tradición historiográfica que culminaría en el renacimiento con ella y, de otra parte, es la primera historia nacional moderna, con mucha antelación a otras, como se verá más adelante. No solo se adelantó, y mucho, a toda Europa en la confección de una primera Historia Nacional, pues también pasó lo mismo con la correcta medición del año solar, o con las primeras gramáticas de las lenguas romances.

La tradición historiográfica hispana es también antigua, una de las primeras de Europa y de alta calidad. Nació con San Isidoro de Sevilla, en el Laudes Hispaniae, dentro de su Crónica Visigothorum (Crónica de los Visigodos). En su obra utilizó la fuentes romanas y griegas, claro, como Tito Livio, Cornelio Tácito, Polibio y Salustio, pero también utilizó fuentes hebraicas de judíos helenizados, como Filón de Alejandría o como Flavio Josefo. Especialmente importante de esa tradición greco-judáica fue para el santo sevillano la historia de Túbal, el nieto del Noé bíblico, a quien San Isidoro consideró el primer Rey de España. Una historia que había sido recogida por Flavio Josefo, en sus Antigüedades Judías. Esa historia de Túbal se mantuvo en la historiografía hispana hasta el siglo XIX.

Esta tradición historiográfica que se vio fuertemente impulsada en el siglo XIII por un Rey Santo, Fernando III, y por un Rey Sabio, Alfonso X, hijo del anterior. El primero impulsó la elaboración de la De rebus Hispaniae, también conocida como Historia gótica​ o De los hechos de España. Es ésta una historia de la Península ibérica desde tiempos de los primeros pobladores (Tubal y los íberos) hasta mediados del siglo XIII, escrita en latín por el arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, durante la primera mitad del siglo XIII, y dedicada al rey de Castilla y León, Fernando III el Santo. Su hijo Alfonso X, no muy satisfecho de la obra de Ximénez de Rada, dirigió personalmente la elaboración de la Estoria de España, conocida como Primera Crónica General. Una obra de carácter histórico escrita en lengua romance, en 1274, y que fue la primera historia de España extensa que no era una mera traducción del latín. Su contenido alberga desde los orígenes bíblicos y legendarios de España, Túbal incluido, hasta la Castilla de Fernando III.

En paralelo a los estudios históricos que realizaba Juan de Mariana, Jerónimo Zurita (1512-1580) elaboró sus Anales de la Corona de Aragón (1580), que constituye la gran crónica del otro gran reino cristiano medieval español, Aragón. La historiografía hispana, con esas obras, se adelantaba en el Renacimiento a toda Europa en ésta, como en otras muchas materias.

Singularidad y modernidad de la obra

La modernidad de las historias nacionales es un hecho evidente y contrastable, pues, a excepción de la española, que a finales del siglo XVI dispuso de la Historia de Juan de Mariana, todas las demás son recientes, muy recientes. Si se mira el momento en que se elaboraron las historias nacionales de Inglaterra, Francia, USA, Alemania o Italia, se aprecia que la mayoría de ellas se elaboraron a partir del siglo XVIII y, de modo más preciso, en los siglos XIX y XX.

La más antigua Historia general de Inglaterra que conozco es la de David Hume (1711-1786), aparecida en 1754; pero Inglaterra tendría que esperar aún un poco más de dos siglos para disponer de una verdadera historia nacional general, la Historia de los pueblos de lengua inglesa, de Churchill (1874-1965), aparecida en 1956. También Francia se retrasó en esta materia, pues su primera historia nacional no fue escrita hasta 1833, por Jules Michelet (1798-1874). Y en USA no se elaboró una primera historia nacional hasta la publicación, en 1858, de la elaborada por J. A. Spencer, 1858, la Historia de los Estados Unidos desde su primer periodo hasta la Administración de J. Buchanan, que fue continuada por el famoso periodista Horace Greely y, más tarde, por S.E, Morison, cuya obra apareció en 1927. Italia y Alemania fueron aún más tardía, pues su unificación se produjo en la segunda mitad del siglo XIX.

La Historia de Mariana fue un gran éxito. Éxito editorial, desde luego, pues las ediciones se sucedieron incluso tras el fallecimiento del autor, con las correspondientes ampliaciones, y hasta el siglo XIX. Desde el siglo XVIII, las ediciones ampliadas de la obra de Juan de Mariana se realizaron a cargo de la Real Academia de la Historia, hasta la edición de 1843, que incluía la Primera Guerra Carlista, última edición realizada por dicha Real Academia. Y éxito internacional. En parte por su modernidad, en parte porque era casi una Historia General y universal del mundo en su época, pues las historias de Castilla y Aragón se entrelazan inevitablemente con la francesa, la británica, la italiana y hasta la alemana, y por la fama del autor, fue una obra muy demandada en el extranjero. Se cuenta que el tercer presidente USA, T. Jefferson (1743-1826), durante su etapa de embajador en París, adquirió 20 ejemplares, que regaló a sus amigos americanos, como Madison, Adams, Paine, etc.

La Historia general de españa y De Rege et regis institutione

Esta obra fue fundamental para la conformación del pensamiento político de Juan de Mariana. Debe recordarse que Mariana es de los poquísimos pensadores de la escuela española que llegó a la teoría política desde la historia, no sólo desde la teología y la ética. Para Mariana, como para Maquiavelo y Bodino, la política es un saber de orden eminentemente práctico e histórico. Es un saber del que se aprende pensando sobre el tiempo propio y los tiempos pasados, que permite pensar cómo actuar en la sociedad actual, y no sólo meditar sobre la esencia de la bondad. Se trata de actuar con eficacia en los asuntos terrenales, pero sin olvidar la justicia que inspiran los cielos. En su obra De Rege et de Regis Institutione, Mariana volcó los conocimientos sobre sistemas de gobierno, buen y mal gobierno y luchas por el poder, que había adquirido al escribir su Historia General. Una obra que contenía su famosa teorización del tiranicidio.

Mariana no compartió el maquiavelismo, porque la comedia y los dramas del poder sólo fascinan al mundo político, pero no contemplan generalmente a los gobernados. Solo interesan a los profesionales de la profesión. Mariana, al igual que toda la Escuela española, fue contraria a las conceptuaciones de Maquiavelo. La gran influencia del anti-maquiavélico Erasmo en España -consejero de Carlos I de España y V de Alemania, amigo y maestro de Juan Luis Vives y amigo de Cisneros, de Francisco de Vitoria y de Adriano de Utrecht (luego Papa Adriano VI, etc.)- ayuda a entender el anti-maquiavelismo que caracterizó el pensamiento de los maestros españoles del Siglo de Oro. Una oposición que centró sus críticas al pensador florentino en esos dos aspectos: el olvido de los gobernados y la separación de la política de la justicia.

Una obra realmente grande la Historia de Juan de Mariana, que sólo se vería “superada” en los siglos XIX y XX por las Historias Generales de España de Modesto Lafuente y la de Menéndez Pidal. Obras que, no obstante, también se inspiraron mucho en la de Juan de Mariana.

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