El resultado final de la guerra de Irán, aún incierto, no parece haber deparado muy buenos resultados, o cuando menos no los esperados en el momento en que esta se inició. Los iraníes parecen haber resistido sin necesidad de cambiar su régimen político, esto ni implica obviamente que hayan ganado militarmente, y han logrado exportar la guerra a otros territorios, provocando un daño económico que ha puesto en jaque a la economía mundial.
No parecen correr buenos tiempos para el imperio norteamericano, bajo cuya protección, o vasallaje según se prefiera, vivimos nuestras vidas la mayor parte de nosotros. De hecho podemos hablar casi de una subdisciplina dentro de las ciencias políticas, dedicadas a discutir si el imperio americano está o no condenado a desaparecer, o cuando menos a reducir su influencia, pasando de superpotencia a potencia regional, como le sucedió a Rusia. También se discute el propio futuro del orden mundial, en el sentido de que, una vez desparecido el mundo unipolar, se abren nuevos escenarios, bipolares o multipolares. Libros como el de Leonid Savin, Ordo Pluriversalis: El resurgimiento del orden mundial multipolar, parecen apuntar en esta última dirección, esto es la de un mundo sin un estado hegemónico, y fragmentado en regiones lideradas por alguna potencia intermedia.
Si hacemos caso a las páginas de un maravilloso libro de Paul Kennedy, “Auge y caída de las grandes potencias”, podemos comprobar que esto no es nada nuevo en la historia, pues muchos otros imperios han caído, es más, el hecho cierto de que todo imperio perecerá es una ley de hierro de la política, al menos así lo teorizó en un libro con este título otro gran estudioso de las relaciones internacionales, Jean Baptiste Duroselle. Tampoco es menos cierto que el momento en que los imperios caen suele pasar inadvertido a la población, pues es algo que ni se anuncia ni se decreta. Excavaciones arqueológicas recientes, del tiempo en que los libros de texto dicen que cayó el Imperio Romano, no solo no encontraron ninguna anomalía sino que incluso percibieron una relativamente buena situación económica, para la época claro está.
El momento en que caiga el Imperio americano tampoco será percibido como tal, pues derivará de una serie de eventos previos que marcarán su destino inevitable, pero que no tienen porque ser percibidos de forma inmediata, y creo que estamos delante de uno de esos momentos e incluso, como aconteció con Roma, puede darse en una época de relativa prosperidad, como la nuestra. Tampoco es un proceso que se revele en una fecha histórica en un día concreto. El día y el año en que Rómulo Augústulo, el último emperador romano, fue destituido son bien conocidos por los historiadores, pero el proceso que condujo a ese resultado ya venía de mucho antes, pero la mayoría de los habitantes del imperio no parecían advertirlo. El ataque a Irán puede ser uno de estos momentos históricos, que sin embargo no se perciben como tales. Varias son las razones que parecen apuntar hacia este escenario.
En primer lugar, los Estados Unidos ya no son capaces de imponerse militarmente de forma clara en escenarios de guerra muy distantes, pues a diferencia de otras épocas ,debido principalmente a la revolución en el armamento de bajo coste como minas o drones, el coste de la ofensiva se ha vuelto tan desproporcionado en relación a los beneficios, que la victoria militar ya nunca es aplastante. Recordemos que la guerra, cualquier guerra, está sujeta también a cálculos de costes y beneficios. Una guerra, especilamente las de tipo imperial, esto es las que no se emprenden por meros motivos de supervivencia u odios políticos o religiosos extremos, o no se emprende o, en el caso de haberlo hecho, se abandona en el caso de que los costes, políticos o económicos, superen a los beneficios esperados.
El gradiente de la distancia, concepto descrito por Kenneth Building, que consiste en que la capacidad de ejercer fuerza desciende exponencialmente con la distancia desde la metrópoli en el caso de operaciones de ataque, parece estar haciendo cumplir sus efectos hoy en día tanto como en tiempos de los romanos. El caso del abandono de Afganistan, por no poder sostener una costosa guerra contra ejércitos mucho peor dotados es un ejemplo claro. No sólo para los Estados Unidos sino antes también para los soviéticos, que se retiraron por no poder soportar los costes de la guerra, colapsando su país al poco tiempo de su marcha. Los americanos después de más veinte años de ocupación decidieron retirarse, dado el descomunal coste que implicaba y que aún así no habían logrado más que dominar de hecho las principales ciudades del país, quedando la mayoría del territorio bajo el dominio de los taliban. Fue el propio Donald Trump quien negoció la retirada, siendo después ejecutada por el presidente Biden.
Todo parece apuntar que la guerra de Irán está siguiendo el mismo esquema, y que, a pesar de la aplastante superioridad militar norteamericana los americanos se retirarán sin poder cumplir sus objetivos , precisamente por los elevados costes que tiene que sufrir su economía y la de sus aliados en caso de continuarla. La estrategia iraní de atacar a los países árabes del Golfo, aliados de los norteamerticanos, o de dañar sus intereses económicos en la región , y que parece estar revelándose como exitosa, es propia de las guerra irrestricta preconizada por la moderna doctrina militar china, la cual que defiende extender la guerra a otros dominios fuera del estrictamente militar, Además todo apunta a que, por cuestiones de costes hundidos, algunos sectores van a querer continuarla hasta poder lograr algún objetivo tangible, escalando los costes hasta que sea insoportable sostenerlos.
Pero, por lo que se percibe en los medios existe disputas internas al respecto en el interior del gobierno norteamericano, y tampoco sería de extrañar un cese paulatino de la misma, tras declarar cumplidos los principales objetivos y buscar una salida negociada con quien sea que mande en el régimen iraní. La decapitación de sus líderes no parece la mejor idea, pues es bien sabido que cuando se decapita un régimen o un grupo terrorista, suben al poder elementos menos pragmáticos, al imponerse dentro de ellos personas con menos experiencia en el ejercicio del poder, y casi siempre los más duros.
Aparte de esto, en segundo lugar, tampoco parecen capaces de forzar cambios de régimen con la misma facilidad con que lo habían en el pasado. Sin salir de Irán observamos que el siglo pasado los Estados Unidos, en el primer caso en colaboración con los británicos, fueron capaces de forzar dos cambios de régimen, el de Mossadegh en 1953 y el del Shah Reza Pahlevi en 1979, sustituido inmediatamente por el actual gobierno de los ayatollahs, y sin necesidad de emplear la fuerza militar en ninguno de ellos. A día de hoy es incapaz de cambiar su gobierno a pesar de exhibir un gran despliegue militar, o apoyar desde fuera revueltas ciudadanas que se vieron incapaces de derrocarlo. Parece que sus servicios de inteligencia, los mejores del mundo junto con el Mossad, a pesar de haber dañado severamente a la dirección de régimen, ya no cuentan con la capacidad organizativa necesaria para conseguir este objetivo sin necesidad del despliegue de fuerza.
Cuando es necesario exhibir de forma abierta el poderío militar quiere decir que los demás medios ya no funcionan, y esto también debería haber dado que pensar. El fracaso de las movilizaciones populares de principios de este año debería haber previsto que su capacidad de resistencia er mucho mayor de lo que se podía prever. El régimen iraní seguramente estaba preparado para esta contingencia, y previó los mecanismos de relevo pertinentes, al tiempo que diseñó una estrategia militar en forma de mosaico previendo la eliminación repentina de sus líderes militares, como aconteció.
Además se suma otra factor,y es el de que sus socios de la OTAN no le siguen en su intervención. Esto, en teoría , no sería algo nuevo pues en la invasión de Iraq de 2003 algunos, como Francia o Alemania, tampoco lo hicieron, pero la novedad es que, aparte de que se niegan abiertamente a apoyarlo, algunos de ellos han negado el uso de sus bases de utilización conjunta e incluso cerrado sus espacios aéreos a sus aviones de combate. Otros que la habían apoyado en su momento como el Reino Unido o España en esta ocasión también se han negado a hacerlo.
Se llega al ridículo de que les es negado por sus socios el uso de unas bases que los propios americanos sufragan, y que obviamente tienen una utilidad militar para los usos que el imperio entienda. Si no pueden usarla para una guerra no tienen utilidad alguna. Estas bases son el núcleo del imperio americano en su vertiente militar, pues el actual imperio, a diferencia de imperios del pasado, no ejerce dominio directo sobre los gobiernos de sus dominados sino que lo hace a través de su presencia militar. De negarse su uso, que se entiende que es para atender sus necesidades de todo tipo, incluidas las guerras, poco sentido tiene mantenerlas, y más aún cuando estas se le pueden ser negadas a voluntad. A un imperio en plenas condiciones es muy difícil que esto aconteciese.
En cualquier caso los americanos ya no tienen liderazgo ni moral ni, por lo que se ve militar, para afrontar los desafíos mundial que se le presentan. Si sus socios no lo siguen, los demás entiendo que mucho menos, y esto pasa ser inmediatamente evidente para el resto del mundo, que empezará a percibir debilidad en la superpotencia. Esto no quiere decir que no siga siendo una gran potencia, pero es de entender que quedará poco a poco circunscrita a su región, pues no es previsible en este caso un colapso como el soviético, y que el resto del mundo tendrá que comenzar a resolver sus asuntos sin la protección americana, bien por su cuenta, como le podría suceder a Europa, bien aliándose a algún poder emergente.
Serie ‘Sobre el anarcocapitalismo’
- (XV) Intervención en Irán
- (XIV) Socialismo ferroviario
- (XIII) Parques eólicos
- (XII) El lento declive de Europa
- (XI) La COP30 no solucionará nada
- (X) El fracaso de la transición hacia la movilidad eléctrica
- (IX) Sobre la omnipotencia del Estado
- (VIII) ¿Mejor sin gobierno?
- (VII) Lecturas para el verano de 2025
- (VI) ¿Para qué sirve el anarcocapitalismo?
- (V) Anarquía en la Iglesia Católica
- (IV) Sobre la defensa europea centralizada
- (III) ¿Más o menos Europa?
- (II) Tamaño y grupos de presión
- (I) Rothbard como historiador de la derecha americana

