La teoría del valor de Carl Menger suele presentarse como el gran punto de partida del marginalismo. Sin embargo, en debates recientes se propone aceptar su teoría subjetiva del valor mientras se rechaza su concepto de valor de cambio, reinterpretándolo como un valor de uso más. En esa reinterpretación, el valor de cambio sería la funcionalidad que tienen ciertos bienes —como el dinero— para facilitar el intercambio indirecto y reducir los costes de transacción.
A primera vista, esta reinterpretación parece inocua. Después de todo, el dinero sirve para intermediar intercambios y, en ese sentido es útil porque satisface la necesidad humana de intercambiar. Sin embargo, si se examina con más cuidado, esta reinterpretación tiene una consecuencia teórica importante: vuelve a situar la utilidad como fundamento del valor, algo que la teoría de Menger precisamente había abandonado.
El problema clásico: la utilidad no explica el valor
La economía clásica, desde Adam Smith hasta David Ricardo, distinguía entre valor de uso y valor de cambio. El valor de uso se identificaba con la utilidad de los bienes, mientras que el valor de cambio se refería a su capacidad de intercambio en el mercado.
Pero esta distinción planteaba un problema inmediato: la utilidad no explica el valor. El ejemplo más conocido es el del aire. El aire es extraordinariamente útil, pero normalmente no tiene valor económico. Por tanto, los clásicos concluyeron que el valor de cambio debía depender de algún otro factor —como el trabajo o los costes de producción— distinto de la utilidad. Y no iban desencaminados en que la utilidad no era la explicación del valor.
La revolución de Menger no consistió simplemente en introducir la escasez relativa, sino en reformular completamente la explicación del valor. Para Menger, la utilidad es una condición necesaria para que algo pueda ser un bien no económico, pero no es el fundamento del valor. Solo los bienes económicos, los bienes escasos, tienen valor. Y ese valor surge únicamente cuando no hay suficiente disponibilidad de bienes para satisfacer las necesidades humanas.
En otras palabras, el valor aparece cuando los bienes son inexistentes o escasos respecto a las necesidades. Y en ese sentido no debemos olvidar que causalmente lo primero que existe es siempre la necesidad insatisfecha, no el objeto útil en el que ¡¡consecuentemente!! se proyecta el valor de satisfacer la necesidad.
El papel del valor de cambio
El concepto de valor de cambio en Menger no es esencialmente distinto al valor de uso, ni es incompatible con la definición clásica de valor de cambio. Pero desde un punto de vista explicativo, y recordemos que las teorías sirven para explicar la realidad de la forma más general y simple posible, el valor de cambio de Menger sirve para explicar tanto el valor como la utilidad técnica (funcionalidad) de los objetos que solo sirven para intercambiar. Porque los objetos que solo sirven para facilitar el intercambio económico, han de ser obligatoriamente escasos. Nadie acepta un medio de intercambio que no sea relativamente escaso porque si no es relativamente escaso no tiene ningún valor. Y solo intercambiamos porque recibimos más valor del que entregamos.
Puedo estar de acuerdo en que el valor de un medio de intercambio es similar al de un bien de orden superior. El valor de un molino está en “intermediar” harina por trigo en el supuesto de que valoras más la harina que el trigo. Y con el dinero puedes llegar al mismo resultado: intercambio trigo por dinero, y dinero por harina. En ambos casos el valor del bien intermediario, molino o dinero, depende del valor adicional que obtienes en todo el proceso que no habrías obtenido sin la participación de ese bien.
Pero aun así hay una diferencia fundamental que no debemos perder de vista. El molino sigue siendo útil funcionalmente aunque no sea relativamente escaso. Puede satisfacer la necesidad de intermediar harina por trigo, de moler trigo, desde la no escasez. Su funcionalidad no es dependiente de su escasez relativa, mientras que la funcionalidad del dinero o la de cualquier objeto que solo sirva para facilitar intercambios si. Un objeto que solo sirva para intercambiar deviene totalmente inútil si no es económicamente escaso.
La implicación teórica
Si el valor de un objeto que solo sirve para realizar intercambios se explica por su utilidad técnica o funcional para reducir costes (por que quede bien claro, por “utilidad” no me estoy refiriendo al concepto de utilidad marginal), entonces la causa de su valor vuelve a ser su utilidad funcional.
Pero ese es precisamente el enfoque que la teoría de Menger había superado. En su teoría, el valor no surge causalmente de las propiedades del objeto para satisfacer una necesidad, sino de la existencia necesidades humanas insatisfechas como condición causal primaria del valor, independientemente de que existan objetos que puedan satisfacerlas o no.
Reducir el valor de cambio a un simple valor de uso equivale, por tanto, a volver al problema original de la economía clásica: explicar el valor a partir de la utilidad funcional. Y una teoría del valor así pierde su capacidad explicativa para los objetos cuya demanda se debe únicamente a la expectativa de que su escasez relativa sea mayor con el tiempo, adecuados para la especulación o la inversión que no es otra cosa que intercambios a muy largo plazo (objetos raros, obras de arte, Bitcoin, etc).
Pierde su capacidad explicativa porque muchos dirán, y con razón, que para este tipo de objetos la teoría es circular ya que su supuesta utilidad técnica no consiste en ningún ahorro de costes ni funcionalidad técnica, sino en la expectativa de que su valor aumente en el futuro; pero esa expectativa solo puede existir si ya se presupone que el objeto tendrá valor para otros en ese mismo futuro. Así, el valor presente se explica por un valor futuro esperado que, a su vez, depende de que el propio objeto ya sea valorado.
No valdría aquí decir que la utilidad funcional es la expectativa de un mayor valor, es decir, que la utilidad funcional es la plusvalía esperada, porque entonces nuestro razonamiento sigue cayendo en la circularidad al estar empleando el término “utilidad” para referirnos al valor, no a la funcionalidad (moler trigo). Es decir, estaríamos diciendo que tiene valor porque se espera que tendrá valor.
El argumento de la escasez relativa no cae en esa circularidad porque puede fundamentarse en una expectativa de escasez basada en la dinámica de la cantidad disponible del objeto, que es una cualidad intrínseca del objeto. Esto no quiere decir que exista una implicación en el sentido de que la rareza, la cantidad limitada o que la cantidad crezca muy despacio tenga que implicar valor si o si. Simplemente hay una expectativa que puede cumplirse o no, pero en cualquier caso es una expectativa basada en una cualidad intrínseca del objeto, igual que la expectativa de que unas nueces estén ricas no tiene por qué cumplirse. Puede pasar que estén todas podridas al abrirlas.
Conclusión
La distinción entre valor de uso y valor de cambio tiene el valor teórico de explicar de la forma más simple y general posible el valor de cualquier bien, incluidos aquellos que solo sirven para los intercambios a largo plazo.
En ese sentido, aceptar la teoría del valor de Menger mientras se rechaza su concepto de valor de cambio resulta difícil de sostener. Porque el concepto de valor de cambio de Menger nos permite razonar que el valor de cambio es causa de utilidad funcional, no consecuencia de ella. No es un añadido secundario de su teoría, sino una pieza esencial de la explicación que Menger ofrece sobre el origen y la naturaleza del valor económico.

