En el actual escenario geoeconómico y geopolítico internacional, se puede observar que algunos de los elementos que han caracterizado su comportamiento sistémico han sido la volatilidad y los riesgos, tanto en sus vertientes comerciales como financieras, producto de factores geopolíticos, geoeconómicos y disruptivos de orden tecnológico en curso, como el desarrollo de la inteligencia artificial (IA).
Cabe destacar que estas variables económicas, geopolíticas y tecnológicas han estado siempre presentes en el ámbito de los negocios internacionales, principalmente desde que estos comenzaron a traspasar significativamente las fronteras nacionales de los Estados-nación, durante la era posterior a la Segunda Guerra Mundial, promovidos principalmente por la conformación del Orden Internacional Liberal (OIL), impulsor de lo que hasta ahora se ha conocido como la globalización económica en la historia contemporánea de la humanidad.
Instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Internacional de Comercio, sucesora esta de los acuerdos arancelarios multilaterales conocidos bajo las siglas GATT, más otros grupos ad hoc como el G7, conformado por las principales potencias económicas occidentales, entre otros, sirvieron como el pilar fundamental sobre el que se edificó el ya mencionado orden internacional.
Es importante destacar que dentro de cada período histórico de las relaciones económicas internacionales de la era moderna y contemporánea de la humanidad existieron reglas tanto formales como informales, sean estas derivadas de las costumbres o prácticas generalmente aceptadas, como de los tratados y acuerdos internacionales, que rigieron las políticas económicas internacionales de los Estados-nación y regularon las actividades tanto comerciales como financieras y de inversión de las empresas privadas. Normas estas que ofrecieron marcos institucionales formales e informales que reducían los niveles de incertidumbre y esquemas para la resolución de conflictos potenciales.
A diferencia del OIL, actualmente en proceso de extinción o de profunda transformación, el actual orden internacional emergente se ha caracterizado principalmente por el uso de la geoeconomía, entendida esta como la confluencia entre los clásicos instrumentos económicos utilizados por los Estados y la geopolítica de estos, con el fin de alcanzar ventajas estratégicas frente a pares similares, sean estos países aliados o adversarios tradicionales, como lo han sido los casos de China versus Estados Unidos y el de este último país con sus tradicionales aliados europeos y asiáticos. Lo que ha generado más volatilidad y riesgo geopolítico en el mundo de los negocios internacionales.
La volatilidad
La volatilidad es una concepción que ayuda a medir la incertidumbre de un mercado o valor concreto de un activo financiero, sea de renta variable principalmente, o de renta fija cuando se invierte en bolsa, o en cualquier mercado internacional de bienes de consumo, sean materias primas preponderantemente o productos finales. Desde el punto de vista del inversor, hablar de títulos volátiles suele significar que estos están sujetos a fluctuaciones “violentas e impredecibles”, producto de factores intrínsecos a las organizaciones empresariales mismas, como a los mercados en los cuales estas se desempeñan, o de factores de carácter político, jurídico, tecnológico-disruptivo o geopolítico internacional.
El riesgo geopolítico
El riesgo geopolítico se refiere a la posibilidad de que conflictos o decisiones políticas provoquen inestabilidad internacional, como guerras, sanciones o cambios de poder, afectando la economía, los mercados financieros y las cadenas de suministro, lo que genera volatilidad, que impacta la rentabilidad empresarial y las decisiones de inversión.
Principales tendencias del actual escenario económico internacional
- Los cambios estructurales disruptivos
Uno de los mayores desafíos estructurales en ciernes que está enfrentando actualmente la economía global, y que será en el futuro cercano su más desafiante cambio orgánico, con grandes implicaciones socioeconómicas de alcance global, es el desarrollo e implementación de la inteligencia artificial (IA).
La rápida inversión en infraestructura de inteligencia artificial (IA), con sus detractores y defensores, ha impulsado los mercados financieros; no obstante, también ha generado temores de una “burbuja” si los rendimientos no cumplen las expectativas, lo que podría tener un impacto negativo en los principales índices bursátiles internacionales.
Sin embargo, el principal reto estará signado por los efectos que los detractores, como los defensores de esta tecnología, han señalado al hacer hincapié, por un lado, en el impacto disruptivo que la IA ha comenzado a tener y tendrá en el ámbito laboral de la humanidad, por el efecto sustitutivo que esta tecnología tendrá en la mano de obra humana; y por el otro, en el desarrollo productivo y operativo de todas las actividades económicas de las organizaciones empresariales a escala global, abriendo también oportunidades y beneficios para la humanidad.
- La volatilidad y los conflictos geopolíticos y geoeconómicos
Los conflictos geopolíticos en Oriente Medio (guerra entre EE. UU., Israel e Irán), la guerra entre Ucrania y Rusia, y las tensiones comerciales entre China y los Estados Unidos, y sus respectivos aliados europeos y asiáticos, han generado una alta volatilidad en los precios de las materias primas y un efecto disruptivo en las cadenas de suministro globales principalmente.
La evidencia empírica sobre los récords de incertidumbre alcanzados en los últimos 20 años, según el World Uncertainty Index, muestra que los mercados globales alcanzaron niveles históricos en febrero de 2026, superando los picos de la crisis de 2008 y la pandemia de 2020, incitados por la inestabilidad causada por las guerras arancelarias y los conflictos geopolíticos. Entre las que más han destacado, aparte de los conflictos antes mencionados, se encuentra el impacto de elecciones de gobiernos favorables a los aranceles y políticas comerciales proteccionistas en diferentes partes del mundo, las elecciones de mitad de mandato en EE. UU. (noviembre de 2026) y la amenaza de aranceles globales impulsados por la administración estadounidense, añadiendo esto más incertidumbre al actual escenario internacional.
- La resiliencia vs. fragilidad
Dentro de este proceso híbrido de disputas de índole comercial y geopolítica de alcance global, los mercados financieros, paradójicamente, han mostrado una aparente desconexión entre la alta incertidumbre y la “calma” relativa en los precios de sus activos, con índices como el Dow Jones, el NASDAQ y el S&P 500 manteniendo elevadas valoraciones, con algunos altibajos coyunturales. Sin embargo, logrando un incremento continuamente ascendente en los últimos cinco años, con máximos históricos que han sido rotos en multiplicidad de ocasiones.
No obstante, a pesar del comportamiento positivo de estos índices financieros bursátiles y de algunos importantes indicadores macroeconómicos, como la inflación, los bajos niveles de desempleo en economías como la estadounidense principalmente, y los ajustes monetarios de los principales bancos centrales, que han gestionado la inflación con subidas de tipos que, hasta ahora, no han causado crisis bancarias mayores ni recesiones en las principales economías desarrolladas del mundo, el actual escenario global presenta ciertos factores de fragilidad que pueden alterar esta tendencia no ortodoxa en la economía global.
Los conflictos en regiones como Medio Oriente, que generan volatilidad y elevan los costos de energía, y que ejercen presión sobre la inflación; los elevados niveles de deuda pública y privada, junto con mayores costos de financiamiento; y la concentración del mercado financiero global en empresas de megacapitalización incrementan el riesgo de una corrección significativa en los índices bursátiles mundiales y de la sustentabilidad económica de muchos países del mundo desarrollado.
Otro componente de fragilidad a tener en cuenta es el relacionado con la alta divergencia entre economías avanzadas y en desarrollo, lo cual limita la creación de empleo y el crecimiento a largo plazo en regiones vulnerables de la economía mundial, lo que representa una “frágil resiliencia”, con debilidades estructurales subyacentes que restringen la fortaleza real del actual escenario económico mundial.
- La pérdida de libertad en los mercados globales
La libertad de los mercados globales se ha visto limitada por medidas proteccionistas y tensiones comerciales, especialmente entre EE. UU., China y la Unión Europea (UE), como ya lo hemos señalado de forma reiterada anteriormente.
Según el Index of Economic Freedom de 2026, la libertad económica ha sido una pieza clave para el dinamismo y crecimiento de los mercados globales de bienes y servicios. Sin embargo, la misma se ha visto reducida por una reorientación política de las alianzas comerciales a escala global.
Las renegociaciones comerciales entre Canadá, Estados Unidos y México, así como aquellas realizadas entre Estados Unidos y sus principales socios comerciales asiáticos —como India, Japón, Corea del Sur y Vietnam— junto con la Unión Europea (UE) y otras naciones como el Reino Unido, entre otras, constituyen un claro ejemplo del proceso de reorientación de bloques comerciales a nivel global que han minado lo que hasta ahora se había conocido como la globalización económica sustentada en grandes principios de libre mercado.
Conclusiones
El actual desempeño de los mercados globales se ha caracterizado por una compleja interacción entre una elevada volatilidad, la creciente conflictividad geopolítica internacional, signos importantes de disrupción tecnológica impulsada por el desarrollo vertiginoso de la IA y la reconfiguración de los espacios de integración comercial a escala mundial. Estando todas estas tendencias fuertemente impulsadas por la intervención estatal a nivel global, lo que ha generado una gran politización de los mercados mundiales.
Producto de la interacción de todos estos factores, en los próximos años los actores públicos y privados deberán afrontar una mayor volatilidad y riesgos geopolíticos y geoeconómicos globales, lo que incrementará la incertidumbre, restringirá la libertad económica global y dificultará y encarecerá las decisiones de inversión internacional.

