Las ganancias de las empresas españolas apenas mejoran desde hace tres décadas

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El debate sobre los beneficios empresariales en España se ha convertido en uno de los más recurrentes de la política económica reciente. La tesis que defiende la izquierda es conocida: las empresas llevan décadas aumentando sus márgenes a expensas de trabajadores y consumidores. Es un relato políticamente potente. El problema es que los datos no lo respaldan.

El análisis realizado por Diego Sánchez de la Cruz y Santiago Calvo López se basa en la Central de Balances Integrada (CBI) del Banco de España, que ofrece información contable y financiera de las empresas no financieras españolas desde mediados de los años noventa. Es la fuente más completa y rigurosa disponible para analizar la evolución de la rentabilidad empresarial agregada en España.

El indicador utilizado es el diferencial entre la rentabilidad ordinaria del activo neto (R1) y el coste financiero de los recursos ajenos (R2). Esta diferencia —conocida en la literatura como spread de rentabilidad económica— mide si las empresas crean valor por encima de lo que les cuesta financiarse. Es, por tanto, una medida más precisa que el beneficio bruto, que puede aumentar simplemente porque la economía crece o porque los precios suben.

El siguiente gráfico resume treinta años de evidencia de forma clara y diferenciando por sectores de actividad:

Como vemos, el diferencial de rentabilidad del total de actividad empresarial en España ha aumentado apenas 2,7 puntos porcentuales desde el año 2000. En términos históricos, este incremento es modesto. Los niveles actuales de rentabilidad apenas cubren el coste de capital, lo que deja poco margen para hablar de beneficios extraordinarios o de extracción sistemática de valor.

El gráfico por sectores revela además una heterogeneidad considerable. Energía lidera el diferencial acumulado con 7,4 p.p., seguida de Educación (7 p.p.) y Comercio (6,5 p.p.). En el extremo opuesto, las empresas inmobiliarias presentan un diferencial negativo de −0,8 p.p., la Construcción alcanza apenas 1,3 p.p. y los Servicios profesionales, 1,5 p.p. Sectores que con frecuencia protagonizan el debate político sobre los beneficios empresariales aparecen, en términos de rentabilidad real, entre los más moderados.

La línea que representa el total de actividad —visible en el gráfico como la serie azul destacada— muestra una evolución llamativamente estable a lo largo de tres décadas. Dos crisis severas, una pandemia y distintos ciclos de política monetaria no han alterado de forma significativa el diferencial agregado.

Y, llegados a este punto, cabe hacer un matiz relevante: si la rentabilidad ha mejorado algo respecto a los años noventa, ello se debe en gran medida a la caída sostenida de los tipos de interés durante las últimas décadas, que ha reducido el coste financiero (R2) y ha ampliado mecánicamente el diferencial. No se trata, por tanto, de que las empresas hayan mejorado su capacidad de generar valor, sino de que financiarse se ha abaratado. Con la normalización de tipos iniciada en 2022, ese efecto se ha ido diluyendo.

A manera de conclusión, resulta evidente que el tejido empresarial español no ha experimentado un proceso de enriquecimiento sostenido en las últimas tres décadas. La rentabilidad económica real ha permanecido modesta y estable, con niveles que apenas superan el coste de capital. El relato que nos habla de “empresas que se forran” no encuentra sustento en los datos, que de hecho arrojan un escenario de moderación estructural en las ganancias que debería preocuparnos y contribuir a hablar con más rigor sobre los efectos de nuestra política económica.

juandemariana
Author: juandemariana

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