Lo natural de la inteligencia artificial

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Mucho se habla del concepto de “Inteligencia Artificial” (IA) en estos días, parece que esta tecnología se ha convertido en algo omnipresente en la vida de cualquier ser humano; lo cual, en este mundo, implica una cantidad de información desbordante y distintas teorías sobre posibles futuros desenlaces de la misma (como ocurre con cualquier cosa nueva y desconocida). Lo cierto es que, lo ha penetrado todo, hasta el hilo argumental de películas aparentemente desligadas del tema como “El Diablo Viste de Prada 2”.

En este largometraje, su protagonista, Miranda Priestly, una editora de una revista de moda, dialogo con un magnate tecnológico sobre la posibilidad de la IA sustituyendo absolutamente todo lo que hacen sus empleados, y ella misma, en la revista. La misma, señala que resulta inconcebible que un algoritmo pueda sustituir la creatividad humana, y los sentimientos que ello conlleva. Pareciese difícil que un algoritmo (por más desarrollado que el mismo sea) pueda generar deseos de compra, creación de tendencias y el resultado de la industria de la moda en el hombre común: “me siento bien con esta prenda”.

Este episodio, aparentemente insulso, es en realidad bastante representativo del dilema al que nos enfrentamos como sociedad frente a esta nueva y poderosa tecnología, que según vaticinan algunos, terminará sustituyendo la gran mayoría de los trabajos: ¿qué podemos hacer los humanos comunes frente a ella? La clave puede estar en otra marca poco esperable, McDonald´s, desde 2022 han intentado crear restaurantes totalmente automatizados, capaces de brindar comida rápida a sus clientes sin seres humanos de por medio[1].

El resultado: no muy positivo. En Los Ángeles (ciudad del experimento), como en lo que me atrevería a decir es la mayoría de la sociedad, a las personas les sigue agradando más ser atendidas por otras personas (posiblemente, aunque no sean tan eficientes ni puntuales) … probablemente porque seguimos necesitando ese cara a cara por más superficial que parezca en nuestras interacciones para seguirnos sintiendo lo que somos… personas. Ello no elimina la realidad de que actualmente grandes corporaciones y PYMES por igual, se baten el cobre por adoptar los modelos más recientes de la IA para maximizar sus ganancias, y sobresalir con respecto a sus competidores. La competencia entre ingenieros, expertos en datos y líderes de los negocios se da en paralelo a la carrera de grandes proveedores como OpenAI y Anthropic por crear modelos cada vez más eficientes, precisos y útiles para el ser humano común.

Frente a esta realidad se han alzado distintas teorías sobre el rol que los humanos jugaremos en este mundo dominado por máquinas que casi aprenden por sí mismas y hacen una parte de nuestro día a día mejor que nosotros. Algunos son muy fatalistas, vaticinando pérdidas masivas de empleo y hasta un mundo donde las máquinas dominen a los humanos. Otros señalan la posibilidad de un Jardín del Edén, donde la IA permita generar suficientes ganancias como para que cada persona tenga un ingreso vital y pueda dedicarse a otras cosas. Ambos escenarios parecen extremos y poco plausibles en su totalidad, sin embargo, entre medias, sigue estando una pregunta latente: ¿qué hacemos los seres humanos frente a esto? La respuesta puede encontrarse en los postulados de la señora Priestly: hay cosas que no pueden ser sustituidas, pues son inertes al ser humano.

Todo lo que se ha  acuñado como “habilidades blandas”, aquellas que son más de desarrollo humano que conocimiento tecnológico, así como toda la parte de nuestra economía que tiene que ver con la interacción humana y no procesos del todo automatizables, parece ser la mejor apuesta que como sociedad podemos hacer para reinventar a toda una fuerza laboral, de tal manera que su valor añadido esté supeditado a otros seres humanos y no a la competencia frente a máquinas que fácilmente pueden mejorar su resultado.

Ya lo señalaba a finales del año pasado el McKinsey Global Institute[2] (noviembre 2025), cuando señalaba la necesidad de adaptar habilidades inherentemente humanas a la fluidez tecnológica traída por la IA. Habilidades como comunicación, gestión, relaciones con clientes, psicología, entre muchas otras (dentro de las cuales destacan la medicina, y las artes), pueden y deben ser potenciadas para lograr una eficaz armonía con una tecnología exponencialmente poderosa como la IA.

¿El reto? Lograr un marco social en donde sector privado y gobierno se aboquen a desarrollar los mecanismos educativos para que los ciudadanos puedan desarrollarse en esta nueva realidad. Ello resulta particularmente difícil de imaginar en países donde los presupuestos no son aprobados, y donde se monetiza la división social y el populismo. Sin embargo, por sosegadas y obvias que resulten estas líneas, no son menos importantes. Nuestro reto actual como sociedad, reside en cómo formarnos como profesionales útiles que puedan sacar partido de las tecnologías que nosotros mismos hemos inventado. El reto está servido, algunas de sus amenazas y oportunidades también, ¿seremos capaces de estar a la altura?


[1] Maze, Jonathan. “McDonald’s Is Ending Its Drive-Thru AI Test.” Restaurant Business, 14 jun. 2024,

[2] Yee, Lareina, et al. “Agents, Robots, and Us: Skill Partnerships in the Age of AI.” McKinsey Global Institute, 25 nov. 2025, www.mckinsey.com/mgi/our-research/agents-robots-and-us-skill-partnerships-in-the-age-of-ai.

juandemariana
Author: juandemariana

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