Celeste es una serie estrenada el año pasdo por Vomistar. En la misma, Carmen Machi interpreta a una casi jubilada inspectora de Hacienda. La señora, viuda desde hace poco de un inspector de Hacienda, afronta su último caso: demostrar que Celeste, una cantante mejicana, ha pasado más de 184 días en España el último año, por lo que debería tributar en este reino y no en Panamá, donde se supone que tiene residencia fiscal. El personaje de Celeste, al parecer, se ha echado un novio español y ahora está casi todo el año en su casa entre concierto y concierto.
Obviamente, como podemos hacernos a la idea, la serie es una oda a la extorsión hacendística: hay varias conversaciones en la serie que así lo atestiguan. Una de ellas es con el fotógrafo, que termina convirtiéndose en amante de la señora inspectora tras descubrir ésta que su difunto marido la engañaba con un hombre (que no falte el punto woke). En la misma, Sara Santano (así se llama el personaje), coloca entre la espada y la pared (entiéndase la habitual falacia de la falsa elección) al fotógrafo: “Cuando te enfermes de cáncer, ya querrás que haya gente como yo recaudando impuestos”.
Lo mismo le dice al asesor fiscal de la cantante mejicana, el cual era inspector de Hacienda, número uno de su promoción (por delante de Sara Santano), y que se había salido de la AEAT para trabajar en el sector privado. Básicamente le dice que habría que meterlo en la cárcel y que es un traidor a los niños con cáncer. Él responde que no hace nada ilegal ni las normas sobre las que busca recovecos. La tercera es la asistenta-funcionaria que le ponen. Una chica que acaba de llegar a Hacienda y que menciona que estuvo en el concierto de Celeste en Zaragoza. La inspectora replica que la cantante no tributó nada por ese concierto en España, ya que lo organizó una discográfica con residencia en las Islas Vírgenes y ella, como decíamos, reside (fiscalmente) en Panamá. De nuevo, le explica la cantidad de tratamientos contra el cáncer que se podrían haber financiado si la cantante hubiese tributado dentro de nuestras fronteras.
¡Hay que tener suerte! De la cantidad de cosas que se hacen con el dinero público, la inspectora de Hacienda se fija únicamente en lo que más le gusta: tratamientos médicos al cáncer, sobre todo a niños. Porque claro, la posibilidad de que dichos servicios se presten mediante contratos voluntarios ni se plantea. No existe la posibilidad de que compañías de seguros, mutualidades o sociedades de asistencia mutua presten dichos tratamientos. Únicamente se pueden prestar por funcionarios estatales. Aunque el hospital fuese construido por obreros, aparejadores y arquitectos no funcionarios, los proveedores del centro vengan del sector privado o las máquinas contra el cáncer hayan sido fabricadas por malvadas corporaciones multinacionales, la tranquilidad moral de la mayoría exige que deban ser funcionarios los que pulsen el botón final, no vaya a ser que haya alguien por el camino que tenga la infame idea de ganar dinero.
Además, lo que nunca plantea la inspectora es la posibilidad de que el dinero público se gaste en otras cuestiones. Siendo las pensiones el mayor boquete en el presupuesto público, son inexistentes en el guion. O la colocación en empresas públicas de amantes venidas del mundo de la noche, o la quiebra permanente de empresas públicas, o de la colocación de porteros de burdeles en el consejo de administración de estas. Las transferencias de renta desde los trabajadores en favor de los que no trabajan porque no les sale de la punta del cimbel tampoco se menciona. O, sin ir más lejos, el asalto del gobierno a través de la SEPI del 10% de Telefónica y llevarla a pérdidas al año siguiente.
Pero lo que ya es mala suerte es que, teniendo un perfecto ejemplo de residencia fiscal aparentemente ficticia en la familia del presidente del gobierno, se les haya pasado el tema. De momento, lo único que sabemos es que para nosotros la plebe sus argumentos no serían válidos. Mira que hemos tenido ejemplos últimamente de Hacienda haciendo la vista gorda en casos mediáticos porque, hay que ver, se traspapeló el papel que hacía falta. O qué decir del paisano Cristóbal Montoro, investigado en estos momentos en la Audiencia Nacional por, supuestamente, un tráfico de influencias como la M30 en hora punta.
En definitiva, la serie resulta más que recomendable, sobre todo para comprobar qué se hace con nuestro dinero en una empresa parapública como Vomistar.
