Thomas Jefferson afirmó que, cuando redactó la Declaración de Independencia en junio de 1776, no tenía a mano ningún libro ni folleto, sino que simplemente plasmó «una expresión del sentir estadounidense». Fundamentada en los derechos iguales e inalienables de todas las personas, incluyendo la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, la Declaración también refleja el espíritu libertario.
David Boaz, Las raíces libertarias de la nación, Instituto Cato (2015).
Abordar el análisis de la presencia de principios ideológicos libertarios en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, en el marco de su 250 aniversario, nos permite replantear un tema que va más allá de lo simplemente jurídico, hacia lo cultural, económico y político, en cuanto a inspiración ideológica se refiere, de este importante hecho histórico en la historia moderna de la humanidad.
El planteamiento no sólo es a nivel de factores subjetivos, representados por los principales actores y la ideología subyacente de estos, en la cual se inspiraron a la hora de bosquejar la citada Declaración de Independencia, sino también de las condiciones contextuales de carácter sociopolítico que rodearon el nacimiento del marco sociopolítico y económico estadounidense y la vigencia de sus principios libertarios desde sus inicios hasta la actualidad.
El contextualismo metodológico de Quentin Skinner como marco de análisis
Quentin Skinner es un historiador y profesor británico del pensamiento político moderno de la Universidad de Cambridge, distinguido por su contribución a la metodología de la investigación histórica que aborda el pensamiento político moderno, como lo corrobora su obra cumbre, Los fundamentos del pensamiento político moderno (1978). Trabajo seminal considerado un clásico de la historia intelectual, tanto por su contribución a la metodología historiográfica como por el abordaje de sus estudios sobre el pensamiento político desde la perspectiva metodológica de la interacción entre el pensamiento y la acción política durante el Renacimiento y las reformas europeas.
Skinner hace hincapié en la relevancia de situar los textos de los clásicos modernos en su contexto histórico a efectos de su análisis y comprensión, apartándose del enfoque tradicional de la teoría política, que consistía en rastrear la progresión de los textos clásicos sin examinarlos desde la perspectiva de su contexto histórico. Enfoque que Skinner compartió con otros reconocidos historiadores, como John G. A. Pocock, John Dunn y otros, y que llegó a conocerse como la Escuela de Historia Intelectual de Cambridge.
La relación entre el contexto y el sujeto en la obra de Quentin Skinner se define como una interacción activa donde los autores usan el lenguaje como una herramienta para intervenir en los debates políticos y morales de su época. Skinner se concentró en el estudio del lenguaje político y los cambios que este presentó en la transición política europea, que comprendió los siglos finales de la Edad Media y principios de la Edad Moderna, en su obra The Foundations of Modern Political Thought (1978).
Debemos aclarar que no pretendemos entrar a dilucidar las virtudes o cuestionamientos que, desde el punto de vista de la teoría de la investigación metodológica de la historia, se han realizado a este enfoque de análisis historiográfico, algo que escapa del alcance y objetivo del presente ensayo sobre el referido tema. No obstante, consideramos que es una herramienta histórico-metodológica valiosa que nos ayudará a comprender la vigencia y los desafíos de los principios libertarios en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en su 250 aniversario.
Actores y contextos del surgimiento de la Declaración de Independencia
Es importante mencionar, como antecedente de inspiración ideológica de la Revolución americana y de la Declaración de Independencia surgida de este proceso en el año 1776, las Cartas de Catón, las cuales consistieron en una serie de 144 ensayos periodísticos publicados originalmente en Inglaterra entre 1720 y 1723 bajo el seudónimo de «Catón». Estos escritos fueron elaborados por los ensayistas británicos John Trenchard y Thomas Gordon.
Estos manuscritos establecieron y precisaron ciertos principios, como la definición de libertad, la cual fue presentada como el derecho inalienable de los ciudadanos frente al poder del gobierno; la advertencia contra la tiranía, en la cual alertaron firmemente sobre la propensión natural del poder político a corromperse; y la vigilancia ciudadana, donde los autores hicieron hincapié en la idea de que un pueblo libre debe desconfiar siempre de sus gobernantes.
Las Cartas de Catón fueron objeto de una difusión masiva en la prensa de las Trece Colonias Americanas. Se estima que casi la mitad de las bibliotecas privadas en las colonias americanas contaban con copias de estos ensayos, que se reimprimían semanalmente en casi todos los periódicos. Solían leerse en voz alta en tabernas, plazas y reuniones comunitarias.
Funcionaron como el texto de filosofía política más accesible para el ciudadano común, ejerciendo una gran influencia en autores como John Adams, Thomas Jefferson y Benjamín Franklin, los cuales fueron las tres figuras más influyentes del llamado Comité de los Cinco, el grupo designado por el Segundo Congreso Continental el 11 de junio de 1776 para redactar la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.
Estos autores poseían copias encuadernadas de estos ensayos y basaron gran parte de sus discursos en ellos, citándolos frecuentemente en los mismos. Estos les sirvieron de inspiración conceptual y terminaron moldeando la retórica de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776.
El impacto directo de las Cartas de Catón en la Revolución americana fue tan determinante que, a pesar de haberse redactado en Inglaterra, tuvieron una influencia decisiva en ciertos episodios del proceso revolucionario de los Estados Unidos, como el de las protestas contra los impuestos británicos. Esta actitud, tan arraigada en la sociedad colonial americana, fue catalogada acertadamente por el historiador Bernard Bailyn como el «libertinaje radical transformador» de la Revolución americana.
Principales principios liberales plasmados en la Declaración
a) Gobierno limitado y consentimiento del pueblo. El poder político no es absoluto ni de origen divino, sino que emana del «consentimiento de los gobernados», estableciendo un mandato con funciones específicas y restringidas.
b) Separación de poderes. Principio inspirado en la teoría de Montesquieu: el poder se divide en tres ramas independientes —Ejecutiva, Legislativa y Judicial— para evitar la tiranía mediante mecanismos de control mutuo (checks and balances).
c) Derechos naturales y propiedad individual. Inspirados en John Locke, según el cual la estructura constitucional asume que los individuos poseen derechos inalienables previos al Estado, recalcando la protección de la vida, la libertad y la propiedad privada.
d) Estado de derecho e imperio de la ley. Principio que prioriza una Constitución escrita como norma suprema del país, garantizando la igualdad ante la ley por encima de los gobernantes de turno.
La Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776, profundamente moldeada por estos idearios del liberalismo clásico y la Ilustración, se enfocó en limitar el poder del Estado y proteger al individuo de potenciales abusos de este poder, para garantizar así los derechos individuales y naturales de sus ciudadanos, tanto en sus ámbitos civiles y políticos como económicos, principalmente.
La era post-Revolución de los Estados Unidos
A diferencia de todos los países de su época, los Estados Unidos surgieron de una revolución manifiestamente libertaria, una insurrección contra el imperio colonial británico; contra los impuestos, el monopolio comercial y la regulación económica; y contra el militarismo y el poder ejecutivo.
Sin embargo, la era postrevolucionaria de los Estados Unidos ha estado marcada por una tensión constante entre los ideales liberales de la Revolución y las realidades políticas, económicas y sociales, así como los poderes fácticos que han surgido e incidido en ella desde diferentes perspectivas políticas a lo largo de su historia. Si bien principios como la libertad, la igualdad y el gobierno representativo se consolidaron en las leyes fundamentales, su aplicación práctica fue selectiva y contradictoria durante las primeras décadas de la nación.
Esta revolución dio lugar a gobiernos sin precedentes en cuanto a las restricciones impuestas a su poder. A pesar de que hubo muy poca resistencia institucional en la naciente nación norteamericana a la irrupción del liberalismo, sí surgieron, desde sus inicios, poderosas fuerzas lideradas fundamentalmente por los grandes comerciantes y plantadores de la época, que ansiaban conservar el restrictivo sistema «mercantilista» británico de controles y privilegios de un gobierno central fuerte e incluso imperial.
No obstante estas fuerzas de resistencia remanentes del antiguo régimen, durante el siglo XIX el impulso libertario continuó, liderado por las corrientes jeffersonianas, y prácticamente gobernó la vida americana. Estos partidos sostenían que se debía establecer un gobierno sin ejército ni armada permanentes; un gobierno sin deuda y sin impuestos federales directos o de consumo y prácticamente sin aranceles de importación, es decir, con niveles insignificantes.
Durante los siglos XX y XXI, los legados liberales inmersos en la Declaración de Independencia de los EE. UU. y plasmados en su Constitución de 1787 han sido objeto de cuestionamientos legales y políticos en el seno mismo de la sociedad norteamericana. Por un lado, corrientes de tendencia izquierdista que han defendido un Estado benefactor y más intervencionista y, por otro, fuerzas conservadoras con tendencias políticas más mercantilistas, las cuales otrora fueron aliadas del libertarismo económico, defendiendo principios como el libre mercado, la desregulación y el gobierno limitado.
Conclusiones
A pesar de que, según David Boaz, «Estados Unidos es un país fundamentalmente marcado por valores y actitudes libertarias» —David Boaz, Las raíces libertarias de la nación, Instituto Cato, 15 de febrero de 2015—, la actual realidad política y económica de la sociedad norteamericana ha estado signada por un escenario en el cual se observa un marcado desgaste de la tradición política liberal clásica, liderado por dos fuertes corrientes polarizadas políticamente.
Esto ha llevado a los Estados Unidos a transitar de forma acelerada hacia posturas colectivistas, populistas y estatistas, consolidándose fuertes corrientes antilibertarias tanto en la derecha como en la izquierda política de este país.
El giro «postliberal» de la derecha y el nacional-populismo, catalogado así por importantes centros de pensamiento libertarios en los Estados Unidos, como el Instituto Cato, The Hub y el Niskanen Center, entre otros, y liderado por la actual administración estadounidense, ha transformado profundamente este panorama hacia el postliberalismo con políticas de proteccionismo económico, abandonando el dogma del libre comercio a favor de aranceles agresivos y subsidios estatales para proteger la industria nacional, argumentando que el mercado libre descontrolado destruyó las comunidades de la clase trabajadora.
Otro de los aspectos que destacar es la aceptación del gasto público. El rechazo histórico al déficit y al gasto federal ha pasado a segundo plano ante la defensa popular de los programas de bienestar social masivos y los altos niveles de gasto de defensa frente a las amenazas geopolíticas y geoeconómicas provenientes principalmente de China, gran poder económico y militar emergente.
En el otro extremo del espectro político de la sociedad estadounidense se encuentra la perspectiva del antiliberalismo de la izquierda, donde amplios sectores de esta tendencia ideológica —especialmente arraigados en el entorno universitario e institucional— han apadrinado posturas abiertamente críticas con los principios libertarios individuales.
Colectivismo identitario: se rechaza la noción del individualismo metodológico o la igualdad ciega ante la ley, priorizando políticas basadas en la justicia social restaurativa para grupos e identidades específicas.
Escepticismo hacia la libertad de expresión: se defiende el uso de la censura institucional, la presión corporativa y los castigos administrativos —cultura de la cancelación— contra discursos percibidos como ofensivos o perjudiciales, priorizando la seguridad emocional del colectivo sobre la libre expresión irrestricta.
En el ámbito económico, esta corriente izquierdista defiende el estatismo económico y distributivo, respaldando una regulación estatal profunda de los mercados y una intervención masiva en áreas como la salud, la vivienda y la transición ecológica a través de impuestos punitivos a las corporaciones.
A este complejo escenario de polarización política, que ha cuestionado y debilitado principios liberales esenciales del espíritu de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776, se suma el mayor desafío que deberán enfrentar las corrientes libertarias aún presentes en la sociedad norteamericana, el cual es el referente a las tendencias demográficas y generacionales dentro de la actual sociedad estadounidense.
Según encuestas y estudios de opinión referenciados por el think tank The Atlantic, el llamado «momento libertario» no se ha materializado ni internalizado entre las nuevas generaciones de los Estados Unidos. Según estos estudios de opinión, los ciudadanos menores de 30 años constituyen el grupo demográfico más favorable a la intervención gubernamental desde la Gran Depresión.
Ante la crisis de vivienda, la precariedad laboral y el alto coste de la educación, muchos jóvenes reclaman una intervención directa del Estado, sea a través del gobierno federal o de los gobiernos estatales, para garantizar empleos, sanidad universal y ayudas económicas, y observan el libre mercado con profunda desconfianza.
Como reflexión final, debemos retomar los postulados básicos del contextualismo metodológico de la Escuela de Historia de Cambridge para entender la magnitud y la gravedad de estas tendencias radicales antiliberales en el seno mismo de la sociedad estadounidense.
Pues es así como esa interacción sujeto-contexto, aludida por Skinner, ayudó durante el proceso de independencia de los Estados Unidos a redactar una Declaración de Independencia con un espíritu liberal clásico, respaldado por una sociedad que, en su gran mayoría, adoptó estos principios como un patrón de comportamiento sociopolítico y cultural colectivo.
Hoy en día, los discursos políticos predominantes en el actual escenario político norteamericano y su interacción sujeto-contexto, liderados por las dos tendencias radicales a las cuales ya hemos hecho referencia, han venido minando los fundamentos liberales de la referida Declaración de Independencia de la gran nación norteamericana.
Todo este complejo escenario de dimensiones tanto nacionales como internacionales es, a nuestro juicio, el mayor peligro que ese espíritu liberal inspirador de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica ha enfrentado a lo largo de sus 250 años de vigencia.
Bibliografía
- Mises Wire y Murray N. Rothbard. La Revolución americana y el liberalismo. 07/03/202.
- David Boaz. Las raíces libertarias de la nación. Instituto Cato, 15 de febrero de 2015.
- Carl Eric Scott. Five Conceptions of American Liberty. National Affairs, Summer 2014.
- La Declaración de Independencia. The National Archives of the United States of America.
