Seguramente, la mejor definición de la función empresarial aragonesa la cantaba Labordeta:
Polvo, niebla, viento y sol,
y donde hay agua, una huerta…
Y es que donde hay un frío o un calor extremo, donde hay desierto y donde hay mucha montaña, donde, aparentemente, no hay muchos “recursos” (sea eso lo que sea), es donde más se desarrolla el más valioso de los recursos naturales del planeta: el talento humano.
Pero el talento humano sólo sirve para ayudar al prójimo cuando hay función empresarial. Y, al revés: la función empresarial sólo sirve para ayudar al prójimo.
Nunca llegaré a tener el talento, la sabiduría y la genialidad de José Antonio Labordeta, pero sí que me gustaría desarrollar un poco más su definición de Aragón y de cómo el desarrollo económico se basa en la cooperación:
Sobre la cueva, una casa,
sobre el erial, un paisaje
y al que se va a la vendimia,
pagarle el último viaje.
Y entre los cuatro hay que levantar, hay que levantar…
Y entre los cuatro hay que levantar, hay que levantar…
Para ilustrarlo, veamos dos de los muchos ejemplos que se dieron en la provincia de Teruel durante el eclipse solar del 12 de agosto, pero que ilustran desde dos perspectivas distintas la función empresarial:
- Calamocha representa la coordinación policéntrica y la cooperación espontánea.
- Ejulve representa el descubrimiento de oportunidades y la adaptación empresarial a las circunstancias.
Uno es un ejemplo de cooperación territorial; el otro, de descubrimiento empresarial.
La función empresarial no necesita que alguien diseñe desde arriba cómo debe desarrollarse un territorio. Necesita que las personas tengan libertad para descubrir, experimentar, cooperar y actuar.
Esto tiene mucho que ver con lo que Friedrich Hayek denominaba “el problema del conocimiento“: el conocimiento necesario para coordinar la actividad económica no está concentrado en ninguna persona ni institución, sino disperso entre multitud de individuos. Cada uno conoce unas circunstancias particulares de tiempo y lugar que difícilmente pueden ser conocidas por quienes toman decisiones desde arriba.
Por eso, cuando las personas tienen libertad para actuar, cooperar y emprender, pueden aprovechar oportunidades y coordinar conocimientos que ninguna autoridad central podría reunir por sí sola.
Calamocha multiplicó por más de cuatro su población durante el eclipse
Antes de hablar del día del eclipse, vamos a poner un poco de contexto sobre Calamocha para aquellos que no conozcan el pueblo o su entorno:
Calamocha es uno de los pueblos con mayor población de la zona oeste de la provincia de Teruel con 4.655 habitantes. Calamocha cuenta con 11 barrios rurales o pedanías que, oficialmente, son considerados barrios del municipio. Este es un detalle muy importante para entender esta historia y, sobre todo, el porqué se produce, ya que el ayuntamiento de Calamocha no se dedica a fagocitar a otros municipios, sino que los integra.
Y tampoco acapara una capitalidad centralizadora, ya que, de forma espontánea, se da un sistema policéntrico, no sólo dentro de la provincia, por ejemplo, con Monreal del Campo o con Albarracín, sino con Daroca (provincia de Zaragoza) o con Molina de Aragón (Guadalajara).
Dicho de otra manera: tanto a nivel económico como en servicios, en la Serranía hay un policentrismo de competencia y colaboración al margen de las delimitaciones administrativas (provincias y comunidades autónomas).
Esto no es por casualidad, ya que desde el siglo XII hasta la división provincial de España en 1833, las comunidades de aldeas se organizaban en sexmas sin capital y las instituciones que operaban en esas sexmas (o sesmas o seysmas), se mantuvieron pese a la división provincial. De hecho, parte del Jiloca, del Campo de Daroca y del Señorío de Molina formaron parte de la provincia de Calatayud el corto tiempo que duró (del 27 de enero de 1822 al 1 de octubre de 1823).
Y esta forma de operar de la gente de la Serranía al margen de lo que dictamine el poder político hizo que las actividades organizadas tanto en Calamocha como en sus barrios, multiplicasen considerablemente el alcance de las actividades específicamente organizadas por el Gobierno de Aragón.
El gobierno de Aragón, con la campaña que hizo a través de sus medios de comunicación, como Aragón Hoy, Aragón Televisión y Aragón Radio, atrajo a 3.810 participantes en Calamocha mientras que en total se movilizaron más de 20.000 personas al municipio llegándose a pagar hasta 600 euros por una noche de hotel en Calamocha.
El tirón del gobierno de Aragón pudo ayudar a atraer visitantes, pero la función empresarial generalizada en una zona de empresarios y propietarios ofreció todos los complementos que podía demandar un visitante: desde ocio con djs y grupos de la comarca hasta visitas guiadas a las iglesias y ermitas del pueblo y al Museo del Jamón.
Ejulve, un ejemplo de optimización de recursos
Aunque me alegra sobremanera la caja que generó en la Serranía el eclipse, no sólo con los hoteles y la hostelería, sino con toda la cantidad de jamones, trufas, azafrán y otros productos que compraron todas esas personas que fueron a ver el eclipse, ante quienes me quito el sombrero es con los ejulvinos.
Un poco de contexto:
Ejulve es un pueblo de 172 habitantes de la comarca de Andorra-Sierra de Arcos de los cuales, cerca del 33% de los habitantes son mayores de 65 años.
Andorra-Sierra de Arcos es una comarca en la que, hasta hace poco, había mucha riqueza ya que estaba la central térmica de Andorra pero que ahora se pueden comprar naves industriales construidas y operativas por menos de 200 € el metro cuadrado.
Pero en Ejulve hay un hecho diferencial muy importante respecto a otros municipios, como pueda ser Andorra, y es que las funciones de alcalde las ejerce un empresario brillante, Ovidio Ortín, que, entre otros reconocimientos, tiene el Premio a la mejor Pyme del Año 2022 de la provincia de Teruel y el Premio Empresa Andorra 2025 de la Asociación Empresarial Andorra Sierra de Arcos y Bajo Martín.
Digo que “las funciones de alcalde las ejerce un empresario brillante” porque actúa como empresario y no como político. Veamos su genialidad aprovechando el eclipse solar:
En Ejulve, con una población baja y bastante envejecida no podrían competir con Andorra, Alcorisa o Alcañiz en atraer demasiada gente durante el eclipse. Y, aunque lo hubieran conseguido, no le hubieran sacado tanto rendimiento como hicieron después. Así que era mejor esperar y aprovechar el rebufo.
Durante muchos meses, pero sobre todo, los días previos al eclipse, la provincia de Teruel aparecía continuamente en los medios de comunicación. Una publicidad brutal que la función empresarial astuta no necesita concentrar en un solo día, sino que puede estirar en el tiempo.
En Alcañiz (segundo municipio con mayor población de la provincia), hicieron una exposición sobre el eclipse titulada “El eclipse y sus mitos”. Una exposición inaugurada a finales de junio que contó con varios hitos importantes, como el ensayo del eclipse y la gran afluencia de visitantes internacionales a Motorland el 12 de agosto.
El tratamiento del eclipse en Alcañiz fue de una impecable función empresarial, pero la genialidad se produjo a 60 kilómetros, donde replicaron “El eclipse y sus mitos” dentro del marco de “Aragón mira al cielo”, por lo que, imagino, obtendrían una considerable optimización de coste. Inauguraron unos días antes del eclipse por lo que evitaron el exceso de afluencia y, sobre todo, alargaron el rebufo de visitantes para adecuarlo a las posibilidades de monetización de Ejulve. Más de un mes después del eclipse, todavía seguían atrayendo visitantes al pueblo.
No sé cuántos premios más ganará Cárnicas Ortín por sus embutidos, pero por lo que habría que premiarle es por esta visión, esta optimización de recursos y por haber sabido ser lo suficientemente humilde como para canalizar esa afluencia de personas de la manera más eficiente dadas las circunstancias del municipio para poder atenderlos y monetizar esas visitas.
Por mi parte, si algún día conozco en persona a Ovidio Ortín, aparte de mostrarle mi admiración, le pediré que me firme mi ejemplar de “Competencia y función empresarial” de Israel Kirzner. No es ningún premio, pero no se me ocurre mejor manera de homenajearle por una gran enseñanza:
La función empresarial también consiste en saber cuándo no competir.
En un contexto donde parece que todos los ayuntamientos tienen que atraer visitantes, organizar grandes eventos y conseguir inversiones, el ayuntamiento de Ejulve opta por algo mucho más inteligente: adaptar la oportunidad a su capacidad de aprovechamiento.
Desconozco si esta fue la intención inicial de sus organizadores, pero el resultado fue una magnífica demostración de cómo aprovechar una oportunidad empresarial adaptándola a las circunstancias particulares de un municipio. Incluso sería más bonito todavía que no fuera pretendido, ya que sería todavía más austríaco:
Donde hay función empresarial no cabe la fatal arrogancia.
O, volviendo a Labordeta:
Si las tropas imperiales han acotado mi olla,
pueden hacer lo mismito que hacen en Chile o Camboya.


