Skip to content

Aragón en la Guerra Civil española. ¿Una verdadera experiencia anarquista? (II): Las columnas libertarias

Compartir

Compartir en facebook
Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en pinterest
Compartir en email

En el primer artículo de esta serie analizamos las colectividades anarquistas en la Guerra Civil. Cómo se llevaron a cabo, su recorrido e importancia en el conflicto, y atendiendo al título del artículo, nos preguntamos si fueron una verdadera experiencia anarquista. En este segundo artículo hablaremos del segundo de los pilares que conforman mi estudio del anarquismo en Aragón: las columnas militares.

Milicias Antifascistas

Si en una guerra la economía es importante, el aspecto militar lo es aún más. El control armado es imprescindible para estructurar cualquier revolución. Tras el golpe de Estado de julio de 1936, había aparecido un vacío de poder que habían ocupado las milicias armadas. El Estado republicano fue incapaz de controlar militarmente la situación. Las milicias, organizadas muchas veces a través de los sindicatos y partidos, acabaron haciéndose con el control de la calle.

El día 21 de julio se creó el Comité Central de Milicias Antifascistas y comenzaron a organizarse las columnas militares desde Valencia y Cataluña para liberar a Zaragoza de la “bestia fascista”. Se trataba de un organismo compuesto por las fuerzas y sindicatos leales a la república, controlado por la CNT, que se encargaría de dirigir el proceso bélico y revolucionario. Algunas de las figuras más relevantes que formaron parte del comité fueron García Oliver o Abad de Santillán.

Comité de Guerra del Frente de Aragón

Más tarde se constituiría el Comité de Guerra del Frente de Aragón, su composición era muy heterogénea. Tenía tres cenetistas (Buenaventura Durruti, Antonio Ortiz y Cristóbal Aldabaldetrecu), un ugetista (José del Barrio), un representante del POUM (Jordi Arquer) y seis asesores militares: Franco Quinza, el coronel Villalba, el teniente coronel Joaquín Blanco, el comandante Reyes y los capitanes Medrano y Menéndez[1]. Se ha hablado mucho en torno a las cifras de los hombres que conformaron las columnas. Las fuentes anarquistas oscilan entre los 20.000 y los 30.000, lo que es una cifra del todo exagerada. El historiador Martínez Bande habla de 15.000, una cifra que puede estar más cercana a la realidad.

Entre los días 21 y 23 de julio las milicias penetraron en el territorio aragonés para intentar tomar las tres capitales de provincia, Zaragoza, Huesca y Teruel. Las tropas de la V División y miembros de la guardia civil controlaron las principales localidades de Aragón, a excepción de Barbastro. Desde mediados de agosto Aragón quedó dividido en dos zonas bien diferenciadas, el oeste, zona de mayor implantación ugetista, controlado por el bando sublevado. El este, zona mayoritariamente cenetista, controlado por las milicias y las columnas.

La miliciana

Las milicias impusieron su autoridad más fácilmente en aquellas localidades donde no había sindicatos antes de la sublevación[2]. Los milicianos realizaron una dura represión contra comerciantes, propietarios, conservadores y miembros del clero. Se quemaron iglesias y conventos a la vez que se destruían imágenes y objetos de culto religioso delante de las puertas de los centros religiosos. En Aragón fueron asesinados 549 miembros de la Iglesia, de ellos casi 400 en Huesca, con el caso especial de Barbastro, donde se asesinó al 88% de la diócesis[3].

En la situación inicial de las milicias, la mujer cobró un protagonismo que hasta ahora no había conseguido. La figura de la miliciana aparecería como algo mítico, empuñando un fusil y vistiendo un mono azul como cualquier otro hombre. Pero este sueño fue muy efímero, desde septiembre de 1936, con la llegada de Largo Caballero a la presidencia del gobierno, la mujer fue apartada del frente. Ni siquiera la asociación de Mujeres Libres pudo hacer oposición a esta situación, la mujer se vio relegada una vez más a labores de retaguardia e intendencia.

Homenaje a Cataluña

En cuanto a la organización de las columnas, durante los primeros meses fue bastante similar. El primer paso era el reclutamiento de combatientes, cada sindicato o partido político anunciaba por los distintos medios de comunicación el llamamiento a filas con una dirección a la que acudían los voluntarios. En el momento en el que se alistaba se les pagaba diez pesetas diarias y comenzaba su proceso de instrucción. El material militar que recibían los milicianos era de pésima calidad, en ocasiones incluso inservible. Orwell lo relató muy bien en su obra Homenaje a Cataluña, muchos de los fusiles y granadas que utilizaban eran del S.XIX y prácticamente no había ametralladoras y morteros.

Posteriormente veremos como dependiendo de la afinidad ideológica de cada columna se organizaban de una manera diferente. Centrándonos en el caso que nos ocupa, las milicias de la CNT-FAI se organizaban de una manera revolucionaria, evitando jerarquías típicas del ámbito castrense. La unidad básica era la centuria, divididas en grupos de 25 hombres. Cinco centurias componían una agrupación.

«Microcosmos de una sociedad sin clases»

En cuanto a la elección de delegado se hacía de manera asamblearia, cada grupo elegía a su delegado, y todos ellos, al delegado superior de la centuria. Los delegados de la centuria elegían a su vez al delegado de la agrupación que integraban el Comité de Agrupación, organismo supremo de una columna anarcosindicalista. A estos delegados se le sumaba un asesor militar, normalmente un oficial del ejército, pero que no contaba con voto. No había una vestimenta o un armamento reglado, cada miliciano tenía libertad para vestir como quería, además tanto delegados como soldados se trataban de la misma manera. En palabras de Orwell: “Las milicias españolas, mientras duraron, constituyeron una especie de microcosmos de una sociedad sin clases”[4].

Hubo gran cantidad de columnas, pero sin duda las más relevantes fueron las que partieron desde Barcelona: La Columna Lenin (organizada por el POUM), Ascaso, Carlos Marx, Ortiz, Durruti y Macià-Companys. La Columna Ortiz fue una de las primeras en estructurarse en Barcelona, alrededor de 800 combatientes salieron de Barcelona hasta llegara Caspe. Allí absorbió a gran parte de las milicias que estaban combatiendo desde los primeros días de la guerra, llegando a acumular alrededor de 2.000 hombres.

Las columnas

La Columna Ortiz era una de las más efectivas a nivel militar y logístico, fue el contingente que más se adentró en el territorio aragonés, aunque tuvo que replegarse. Antonio Ortiz fijaría su cuartel general en Caspe y, posteriormente, en Híjar. La Columna Ascaso saldría de Barcelona un día más tarde, el 25 de julio, y tomaría su nombre del recién fallecido anarquista, Francisco Ascaso. Estaba compuesta por alrededor de 1500 hombres y establecieron el cuartel general en la localidad de Vicién, protagonizaría enfrentamientos en las inmediaciones de Huesca[5].

Cabe destacar también la acción de la Columna Pirenaica, compuesta por milicianos aragoneses y catalanes comandados por Mariano Bueno, que tomaron la posición más septentrional del frente. La única columna compuesta en su totalidad por combatientes aragoneses fue la denominada Milicias de Barbastro, estaba comandada por el coronel Villalba. Recordemos que Barbastro fue la única gran localidad de Aragón donde no triunfó el golpe de Estado en primera instancia.

El PSUC y la UGT también tuvieron su propia columna, más tarde se denominaría Carlos Marx, estaba compuesta por alrededor de 3.000 milicianos. Su aportación militar más relevante fue la toma de Almudévar. El POUM también contaba con su propia columna, la Columna Lenin, integrada por 1.500 hombres dirigidos por Jordi Arquer y Manuel Grossi, procedente de Asturias.

El frente aragonés

Tras el fracaso de la toma de la isla de Mallorca, parte de las tropas destinadas a las Islas Baleares fueron enviadas al frente aragonés, creándose la columna Roja y Negra. También se constituyó en el mes de agosto la columna de ERC, Maciá-Companys, cuya área de actuación fundamental será Montalbán. Las columnas procedentes de Valencia tardaron unos días más en organizarse, hasta agosto no salieron las dos grandes columnas valencianas. La Torres-Benito, compuesta por milicianos de distintos sindicatos y partidos políticos, y la Columna de Hierro, con un claro carácter revolucionario. Ya en septiembre tendremos la columna valenciana con mayor influencia comunista, la Eixea-Uribe, comandada por Juan Antonio Uribe, diputado del PCE.

A principios de octubre se organizará la que seguramente fue la columna valenciana con mayor eficacia en el campo de combate, la Columna Peire, compuesta por militares entrenados y con buen material[6]. Los enfrentamientos entre las columnas y los militares sublevados se dieron a lo largo y ancho de todo el frente. La falta de preparación, experiencia y material de las columnas hizo que partieran con una gran desventaja. 

Largo Caballero llega al poder

Con la llegada de Largo Caballero al poder y sobre todo tras los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona, se produjo un proceso de militarización de las columnas. Como indica Julián Casanova, no seriamos honestos si dijéramos que no hubo un debate interno dentro de las filas del anarquismo en torno a la militarización. Son necesarias nuevas investigaciones que estudien las posibles contradicciones entre el ideario anarquista y las actuaciones que llevaron a cabo, no sólo a nivel militar, sino también a nivel político.

Entre enero y febrero de 1937, prácticamente todas las columnas de milicianos fueron integradas en el nuevo Ejército Popular de la República (EPR), encuadrando a los soldados en una tradicional jerarquización militar. Únicamente quedaron excluidas de la militarización dos columnas, la Macia-Companys y la Pirenaica, que se quedaron como dos brigadas autónomas, la 131 y la 130 respectivamente.

La Columna Ortiz quedó integrada en la División 25, compuesta por las brigadas 116, 117 y 118. La Columna Durruti pasará a ser la División 26, compuestas por las brigadas 119, 120 y 121. Su jefe será Ricardo Sanz, recordemos que Buenaventura Durruti había fallecido el 20 de noviembre. El comunista Antonio Trueba será el encargado de dirigir las brigadas 122, 123 y 124, que componían la División 28, antigua Columna Ascaso. Finalmente, la Columna Lenin quedará restituida como la División 29, con únicamente dos brigadas, la 128 y la 129.

CNT y FAI no aceptan la militarización

Esta sería la estructura militar básica hasta la caída del frente de Aragón en marzo de 1938[7]. Aunque había sectores anarquistas que no apoyaban esta militarización, había grandes personalidades como Joaquín Ascaso que sí que la vieron con buenos ojos. En una entrevista de Lucien Hausard decía lo siguiente: “En las presentes circunstancias, la militarización es absolutamente precisa, indispensable […] Es evidente que, de acuerdo con ello, la CNT y la FAI no pueden aceptar la militarización y el mando único más que bajo el control de las organizaciones revolucionarias”[8].

A pesar de la innovación y el furor revolucionario de las milicias, a nivel estrictamente militar podemos decir que fue un fracaso. Su objetivo principal era tomar las tres capitales de provincia de la región aragonesa, especialmente Zaragoza. Pese a que tuvieron sitiadas a Huesca y Teruel, no pudieron conseguirlo. Paola Lo Cascio explica este fracaso por varios factores, en primer lugar, la falta de organización y coordinación. La improvisación de los propios milicianos hizo que no se estableciera ningún plan concreto a nivel estratégico, además del continuo debate sobre si hacer primero la revolución y después la guerra o al contrario[9].

Una corta experiencia anarquista

Por otro lado, la gran cantidad de sindicatos y partidos políticos que organizaron las milicias provocó una gran atomización del poder. La falta de un organismo central hizo que cada columna hiciera la guerra por su cuenta, sin conformar un plan operacional y táctico entre las distintas milicias. Por último, un tema tremendamente relevante en un conflicto bélico, el material militar. La mala calidad y antigüedad del armamento que utilizaban las milicias era enorme, sin contar con la falta de municiones, armamento pesado y artillería.

De nuevo, al igual que con las colectividades, nos encontramos con una experiencia anarquista muy corta. El conflicto interno dentro de las filas anarquistas entre el ideario anarcosindicalista y su actuación dentro del campo de batalla era evidente. Con esta información podríamos entrar en un largo debate sobre la defensa y la seguridad descentralizada. ¿Es realmente efectivo un ejército sin una autoridad jerárquica y central? ¿Fueron las milicias anarquistas un fracaso a nivel militar por no estar sujetas a una estructura castrense?


[1] Julián, Casanova, De la calle al frente…, op. cit., p. 166.

[2] Ibidem, pp. 170-171.

[3] Ibidem, p. 174.

[4] George, Orwell, Homenaje a Cataluña…, op. cit., p. 133.

[5] Paola, Lo Cascio, “las columnas hacia el frente de Aragón”, en José Luís Ledesma (ed.), El estallido de la guerra. La sublevación militar y la llegada de las milicias, Barcelona, Diputación Provincial de Zaragoza-El periódico de Aragón, 2006, col. “La Guerra Civil en Aragón”, pp. 70-80.

[6] Ibidem, pp. 81-90.

[7] Julián, Casanova, Anarquismo y revolución…, op. cit., p. 114.

[8] Joaquín, Ascaso, Memorias (1936-1938) Hacia un nuevo Aragón. Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2006, p. 138.

[9] Paola, Lo Cascio, “las columnas…”, op. cit., p. 90.

Serie Aragón en la Guerra Civil española. ¿Una verdadera experiencia anarquista?

(I) Las colectividades

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más artículos

Begoña Gómez: crimen y castigo

Miriam González: «Si yo hubiera hecho lo mismo que Begoña Gómez cuando mi marido era vicepresidente del gobierno británico, me habrían quemado en Trafalgar Square».