Skip to content

Bitcoin y las sanciones a Rusia

Compartir

Compartir en facebook
Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en pinterest
Compartir en email

En artículos anteriores señalaba la razón por la que considero que Bitcoin continuará siendo volátil incluso cuando haya alcanzado su máximo potencial de adopción. Muy resumidamente el motivo es que su cantidad estrictamente fija no se adaptará a la demanda de liquidez que de forma natural siempre va a fluctuar, y en el supuesto de que Bitcoin fuera el activo que tiene que satisfacer esa necesidad liquidez, el ajuste entre oferta y demanda sólo podrá llegar vía precio y no por la vía de una mayor oferta a un valor estable.

Una posible solución para estabilizar el precio que muchos proponen es la emisión de promesas de pago sobre Bitcoin. Habría que tener en cuenta que en una economía que crece, la demanda de moneda a la larga irá creciendo en la misma proporción.  Porque si la cantidad de Bitcoin es fija y su valor estable, la mayor demanda de moneda sólo podrá satisfacerse por una cantidad cada vez mayor de promesas de pago, llegando a una pirámide invertida cuyo vértice es cada vez más pequeño para sostener un volumen siempre creciente de promesas de pago.

El problema es que las promesas de pago requieren un tercero de confianza que les debe dar cumplimiento. Y como muy bien señala Eduardo Blasco, mi compañero en estos análisis diarios, Nick Szabo explicó brillantemente allá por 2001 por qué los terceros de confianza son agujeros de seguridad.

En esa misma línea, Bitcoin fue diseñado para no necesitar confiar en terceros, incluido un tercero que sea el supuesto garante universal de la propiedad privada (el Estado). Esto tiene unas implicaciones que van más allá de lo monetario, pues de lo que realmente se trata es de una nueva forma de instrumentar la propiedad, especialmente la propiedad de bienes intangibles, que salvo alguna excepción como los secretos industriales, se habilita generalmente mediante terceros. El ejemplo clarísimo de esta instrumentación mediante terceros de confianza son las promesas de pago emitidas por los bancos que utilizamos como moneda.  

Creo que el lector ya puede percibir la inestabilidad del concepto “agujero de seguridad” inserto en una pirámide invertida cuyo vértice representa de manera irreversible un valor cada vez más pequeño en relación al volumen creciente de promesas de pago que soporta.

Pues bien, incluso concediendo que los emisores de promesas de pago nunca impagarán de forma significativa por mala fe, negligencia o incluso error humano, que ya es mucho conceder, en las dos últimas semanas hemos sido testigos directos de uno de los problemas al que esta solución nos llevaría. Confiscar, congelar o expropiar promesas de pago de Bitcoin sería tan fácil para los políticos como hacerlo con los Euros, Dólares o cualquier otro activo financiero “propiedad” de Rusia pero emitido bajo la jurisdicción de algún Estado occidental. Esto es así porque los políticos controlan el Estado, el Estado controla las leyes (con minúsculas) y también detenta el monopolio de la violencia para hacer que éstas se cumplan. 

En una situación así, el valor de Bitcoin superaría a la de las promesas de pago, pues el poder de disposición de sus unidades no depende de leyes (ni de registros de la propiedad, abogados, notarios, parlamentos, diputados, procuradores, jueces, sistema penitenciario, tribunales, policía, etc.). Está instrumentado de forma totalmente distinta: Basta con el conocimiento de una clave. Nada más. Y aunque sea secundario en este análisis, nótese también que Bitcoin no necesita hacer gasto de tan costosísima infraestructura legal. 

La volatilidad que necesariamente acompaña a un activo con una oferta determinística incapaz de adaptarse a las fluctuaciones de la demanda, limita mucho los incentivos que tienen los agentes para crear y aceptar promesas de pago denominadas en ese activo, es decir, que no creo que esa pirámide invertida llegue a existir nunca. Pero aun haciendo el experimento mental de que llegara a existir, vemos claramente que las propiedades de Bitcoin y las de una promesa de pago sobre Bitcoin son radicalmente distintas. Su fungibilidad es de todo punto imposible, especialmente a largo plazo, y menos aún mientras existan políticos y Estados. ¿Una pirámide invertida con un vértice que de forma aislada es naturalmente volátil, condenado a menguar indefinidamente, y cuya naturaleza es profundísimamente distinta a las promesas que está soportando? Lo veo totalmente inviable

3 Comentarios

  1. Aprecio muy sólida la exposición de Manuel respecto a la factibilidad de que el bitcoin pueda convertirse en unidad de referencia del crédito.

  2. Totalmente de acuerdo. En mi humilde opinión, sería interesante dar el salto al estudio de las criptomonedas de tercera generación y ver como solucionan, entre otros, el problema de la escalabilidad, como se podría hacer un sistema costoso con una oferta no limitada, y como podrían desarrollar redes y conexiones que permitan la interoperabilidad entre ellas para poder atender cada una a una demanda distinta (p. ej. Solana siendo más centralizado, a cambio de ser un sistema menos seguro, ofrece transacciones muy rápidas y baratas perfecta para micropagos…)

    • La escalabilidad de Bitcoin se consigue en soluciones de segunda capa como Lightning Network, que sin ser perfecta tiene muchos menos trade-offs que soluciones tipo Solana. Además, es más que dudoso que Bitcoin, de forma similar al oro de inversión, se demande para hacer pagos. El problema para ser medio de pago no es de ingeniería sino la volatilidad, que es una cuestión económica.


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más artículos

El valor del intercambio

Si el intercambio nos hace más prósperos, cuando el territorio político se incorpore al mercado viviremos el mayor periodo de prosperidad de la historia, al introducir la competencia entre jurisdicciones y restaurar la libertad política.

Bolivia: no fue un golpe, fue un fraude

No es una novedad que la democracia boliviana viva episodios como el del miércoles 26 de junio con la intentona burda de golpe de Estado protagonizada por el exgeneral de