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Contra el despido libre y la creación de empleo

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A primera vista debería parecernos obvio que cuanto menos se obstaculice el despido más atractivo resultará contratar trabajadores, y viceversa, cuanto más se dificulte el despido más arriesgado y costoso se tornará contratarlos. Ante la disyuntiva de dar empleo a un trabajador adicional el empresario se planteará la eventualidad de que éste no rinda lo esperado o de que sus servicios devengan prescindibles. Si el despido es libre, el empresario nada pierde por contratar al trabajador, pues puede despedirlo tan pronto como deje de considerar valiosa su contribución. Pero si no puede despedirlo libremente el individuo puede convertirse en una pesada carga y es posible que el empresario no quiera correr el riesgo de que eso ocurra y prefiera no contratarle. En otras palabras, la prohibición del despido libre hace menos atractiva la contratación, luego genera desempleo.

Los miles de jóvenes franceses que han tomados las calles y las universidades estos días en protesta por las reformas que quiere introducir el Gobierno no comprenden que la prohibición del despido libre no impide que sean despedidos, sino que sean contratados. El nuevo plan de empleo propuesto por el Gobierno de Chirac permitirá el despido libre de los jóvenes de menos de 26 años durante los 24 primeros meses de contrato. Aunque se trata de una medida tímida y parcial, cualquier paso en la dirección de una mayor flexibilización del mercado laboral (eufemismo de libertad de contrato) debe enjuiciarse positivamente. La tasa de desempleo en Francia es del 9,6%, entre los jóvenes alcanza el 23% y entre los jóvenes sin titulación sobrepasa el 40%. El despido libre permitirá que a los empresarios les salga a cuenta contratar a jóvenes poco cualificados o sin experiencia laboral que de otro modo no hubieran sido contratados.

Es preciso entender que la prohibición del despido libre, como la limitación de la jornada laboral, las cotizaciones sociales, las vacaciones pagadas o cualquier otra regulación que afecta a los trabajadores supone un coste que se carga a los trabajadores. Son costes que el empresario traslada a los empleados rebajando su salario, y en caso de que no tenga margen para rebajar más su sueldo (por la existencia de un salario mínimo o porque la contribución del trabajador se considera poco valiosa) no le resulta rentable contratarlo. Pensemos, por ejemplo, en las vacaciones pagadas que en teoría corren a cuenta del empresario. El trabajador no percibe en total más de lo que hubiera percibido si no fuera obligatorio el pago de las vacaciones. Es decir, si el empresario le estaba pagando un salario de 100 no pasa a pagarle 100 más unas vacaciones de 10, sino 90 más unas vacaciones de 10. Esto es así porque el empresario no pagará al trabajador más de lo que éste aporta con su trabajo (de lo contrario no le sería rentable), y si tiene que pagarle unas vacaciones por un lado reducirá su salario por el otro. La prohibición del despido libre comporta igualmente una reducción de la remuneración del trabajador, porque si el empresario debe asumir el riesgo de tener que indemnizarle por despido (o quedárselo sin que le sea útil) le reducirá su salario como compensación. El coste de no poder despedir libremente a un trabajador en combinación con los costes de las demás regulaciones condenará al desempleo a los individuos con una productividad menor, por ejemplo a los jóvenes no cualificados o sin experiencia laboral. Explicado de una forma más gráfica: las regulaciones como la prohibición del despido libre encarecen la contratación. ¿Y qué sucede cuándo algo se encarece? Que se compra en menos cantidad. El precio de la fuerza de trabajo sube, los empresarios compran menos fuerza de trabajo y el desempleo aumenta.

Hay que tener en cuenta también que, del mismo modo los salarios se elevan en el mercado sin necesidad de que haya salarios mínimos (la mayoría de salarios están muy por encima del salario mínimo), las condiciones laborales se ajustan paulatinamente a las preferencias de los trabajadores sin necesidad de intrusiones legislativas. Los empresarios compiten entre sí para captar trabajadores, y en la medida en que estos prefieran una jornada laboral más corta, un horario más flexible, una baja por maternidad o una indemnización por despido en lugar de una remuneración más alta los empresarios tenderán a ofrecérselo para atraerlos.

Así como los trabajadores pueden "despedir" a los empresarios cuando quieren, rescindiendo el contrato para aceptar una oferta más ventajosa, los empresarios deberían poder despedir libremente a los trabajadores cuando juzguen que les cuesta más de lo que aportan. Los manifestantes franceses creen que la prohibición del despido y en general las regulaciones laborales benefician a los trabajadores cuando lo único que hacen en realidad es recortar su libertad de elección y reprimir la creación de empleo.

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