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Del patrón oro al patrón dólar

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¿Cuál es el problema de nuestro sistema financiero? Básicamente, que se trata de un sistema híbrido. El dinero nació como un instrumento que facilitaba el comercio y la producción ya en tiempos prehistóricos. Sin embargo, con el crecimiento del estado, el dinero pronto se convirtió en un instrumento de control y monopolización por parte de los estados. Por eso, nuestro dinero y nuestro sistema financiero han llegado a ser elementos cruciales para el poder político.

El control sobre el sistema monetario del estado se incrementó con el establecimiento de los bancos nacionales que tenían el monopolio para emitir dinero efectivo y la tarea de controlar los bancos comerciales, cuyo papel fundamental es la emisión de créditos. Este modelo de banco central fue desarrollado primeramente en Inglaterra durante los siglos XVIII y XIX, y pronto el resto de los países adoptó el mismo sistema, puesto que querían repetir el milagro inglés que había hecho del país una gran potencia y el «taller del mundo».

El sistema monetario desarrollado en Inglaterra tenía dos funciones cruciales:

  1. Asegurar el funcionamiento y, posiblemente, el crecimiento de la economía y riqueza del país.
  2. Asegurar el funcionamiento y, posiblemente, el crecimiento del poder del estado y el de las elites políticas.

El sistema monetario del siglo XIX estaba basado en el patrón oro. La creación del dinero efectivo de los bancos centrales y, asimismo, el volumen de créditos de los bancos comerciales, fueron limitados por el aumento del oro acumulado en los bancos centrales. Según Walter Bagehot (1871), el papel del Banco de Inglaterra era mantener el equilibrio en la economía y, en caso de crisis, intervenir para evitar el colapso monetario, dando una inyección de dinero a los bancos con problemas de liquidez.

El patrón oro limitó la acumulación de créditos malos en la economía y el crecimiento del estado financiado por créditos. En este periodo, los estados redistribuían el 10-15% del PIB anual, lo que hacía que su papel fuera muy limitado en la esfera de la economía.

El patrón oro creó un ambiente bastante favorable para el crecimiento económico y mantuvo la balanza comercial equilibrada entre los diferentes estados. Este equilibrio comercial y la estabilidad monetaria contribuían a que los países continentales europeos pudieran emular el capitalismo inglés y alcanzaran el desarrollo mediante la industrialización y el comercio.

En este largo periodo, gracias a la conexión entre las divisas y el oro, el dinero mantuvo su valor adquisitivo y la tasa de interés oscilaba entre el 2 y el 8% incentivando la acumulación del capital y beneficiando a quienes manejaban sus recursos con prudencia.

Sin embargo, el patrón oro no era un sistema perfecto. Estaba regularmente sujeto a ciclos de expansión y contracción de créditos, y depresión económica (Mises 1912). No obstante, el patrón oro siempre ha podido sobrevivir a las crisis económicas recurrentes y ha podido asegurar un crecimiento económico sorprendente en comparación con épocas anteriores, cuando el estancamiento era la norma de la vida económica. El patrón oro se colapsó con el estallido de la I Guerra Mundial. Los estados, para financiar el esfuerzo bélico, abandonaron el patrón oro y empezaron a imprimir dinero produciendo un endeudamiento sin control.

Después de la Guerra, ya no era posible volver al patrón oro. Los estados habían acumulado demasiada deuda. Durante la Guerra, los gobiernos empezaron a intervenir en la vida económica y comenzó una expansión del estado de bienestar que necesitaba un sistema de financiación más flexible que el tradicional patrón oro.

Así, se originó un nuevo ciclo económico con una expansión de créditos que provocó el colapso de 1929. La crisis se alargó por las políticas proteccionistas de los estados y por las competitivas devaluaciones entre divisas de diferentes países. Esta larga y aguda crisis económica ayudó a Hitler a ganar el poder político en Alemania. Para sostener esta política proteccionista, necesitaba obtener “lebensraum” (territorios para vivir) para Alemania, lo que desembocó en el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

En 1944, Estados Unidos, como nuevo líder mundial, intentaba diseñar en Bretton Woods, un nuevo sistema financiero que asegurara la estabilidad entre las divisas de diferentes naciones y facilitara la expansión monetaria de los estados. El dólar americano asumió el papel que antes tenía el oro. El dólar fue aceptado como la divisa para el comercio internacional y reserva crucial de todas las demás divisas. Estados Unidos, que en ese momento tenía más del 80% del oro del mundo en su Tesoro, adquirió el compromiso con los bancos centrales de cambiar dólares por oro en un precio fijo. Paralelamente, Estados Unidos abogaba por bajar las aduanas para resucitar el comercio y lanzar una nueva globalización.

El nuevo patrón dólar y el retorno a un comercio mundial más libre produjo resultados casi milagrosos. El rápido desarrollo de la riqueza erradicó prácticamente la pobreza en los países occidentales y creó una amplia clase media (prácticamente, las dos terceras partes de la sociedad). Este proceso fue ayudado y completado por la extensión del estado de bienestar y sus prestaciones. Había nacido el moderno estado de bienestar.  De esta manera, el 45-55% del PIB era redistribuido por el estado en los años setenta. Esto supone un considerable incremento en comparación con la era del patrón oro.

Este es el ambiente en el que se ha desarrollado el actual mapa político ya analizado en el anterior artículo. La derecha y la izquierda moderadas han acercado posturas ya que ambas prefieren incrementar el papel del estado de bienestar y abogan por dar un papel cada vez mayor al estado como administrador y regulador. Esta expansión del estado, facilitada por la creación del crédito, ha hecho posible que derecha e izquierda moderada empleen las mismas estrategias políticas, evitar conflictos políticos con apoyos financieros.

Sin embargo, hay un fatal fallo en el corazón del patrón dólar. Jacques Rueff, un discípulo de la Escuela Austriaca, fue uno de los primeros pensadores que descubrieron el problema. El uso del dólar como dinero internacional distorsiona la economía mundial y otorga una ventaja al Estados Unidos, ya que todos los países del mundo se ven en la necesidad de acumular reservas de dólar. Así, el producto más importante de exportación de los Estados Unidos es el dólar que otros países pueden adquirir exportando bienes reales. Como consecuencia, se produce una constante demanda de dólares para satisfacer la hambruna de reservas.

Rueff, que fue asesor económico del Presidente De Gaulle en los años sesenta, temía que este sistema provocara una hiperinflación. Pensaba que había que forzar el retorno al patrón oro, que era un dinero internacional neutral y que no estaba bajo el control de ningún estado. Convenció a De Gaulle, y Francia pidió a Estado Unidos el cambio de sus fondos en dólares por oro, tal y como había quedado establecido en Bretton Woods, en 1944. Sin embargo, Estados Unidos se negó y suspendió definitivamente este acuerdo.

Después de la inflación y la crisis de los setenta, comenzó en los años ochenta, una nueva época de expansión del crédito junto a un proceso de deflación en el que participaron los siguientes factores:

1) La integración de China en el comercio mundial.

2) La expansión de la segunda ola de la globalización provocada por la bajada de los aranceles.

3) La subida de la tasa de interés del FED que rompió la tendencia inflacionista.

4) Las reformas pro-mercados en el mundo, desde Estados Unidos hasta China, iniciadas por Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Deng Xiaoping.

Esta expansión del crédito ha lanzado una nueva revolución industrial con nuevos productos que han cambiado nuestra vida: ordenadores, internet, y el teléfono inteligente.

Aunque, la redistribución del PBI ya no ha crecido más, los estados han podido mantener un elevado nivel de redistribución e intervencionismo en la vida económica.

En conjunto, el patrón dólar estadounidense ha procurado ciertas ventajas:

  1. La expansión del crédito casi sin límites ha hecho posible nuevas revoluciones industriales y ha mantenido un crecimiento de la iniciativa emprendedora que ha dado un nuevo dinamismo a la economía en todo el mundo y ha reconfigurado el modo de vida.
  2. La expansión del crédito también ha hecho posible el nuevo rumbo de la globalización basado en la creación de cadenas de suministro de compañías multinacionales y en la exportación de los puestos de trabajo a países con bajos salarios. Este nuevo tipo de globalización ha industrializado estos países, y ha beneficiado a Europa y Estados Unidos con el desarrollo de una economía de servicios y de conocimiento.
  3. Los estados y sus bancos centrales han aprendido a evitar grandes crisis. Desde la década de los setenta, los periodos de crecimiento son cada vez más largos y las crisis no tan agudas a pesar de creciente endeudamiento.
  4. Finalmente, la expansión del crédito ha hecho posible mantener, o incluso desarrollar y refinar el estado del bienestar que, de hecho, ha llegado a ser una institución clave para asegurar la paz social y la moderación política.

Y, ¿este es el final feliz? ¿Por fin el mundo ha encontrado un sistema financiero casi ideal? Desafortunadamente, no. El problema original del patrón dólar sigue estando enfermo por la razón que ya había identificado Jacques Rueff en los años sesenta: si la divisa de un país se alza como el dinero internacional del mundo, la economía mundial sufrirá una distorsión y una explotación que amenazará el orden político mundial.

En la próxima entrega vamos a analizar las consecuencias de esta distorsión y explotación.

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