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Disidentes, apoyos y silencios

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Resulta totalmente imposible saber cuántos disidentes se enfrentan a diferentes dictaduras en la actualidad. Entre ellos hay quienes han hecho de ese plantar cara a la tiranía la causa central de su vida, mientras que otros tan sólo han participado de forma esporádica en alguna protesta o se han limitado a escribir unas pocas líneas críticas en un blog o a hacer una pintada amparados por la noche. Sin embargo, todos ellos tienen algo en común: la tiranía a la que se enfrentan desearía callarles de forma permanente.

Todo disidente corre el riesgo de acabar en prisión o incluso muerto en alguna zanja y dado por desaparecido oficialmente. Sin embargo miles, o puede que millones, de personas en todos los continentes están dispuestas a correr ese riesgo por su libertad y la de sus compatriotas. Y para todas ellas la presión de la opinión pública internacional y el apoyo de personalidades de otros países resultan fundamentales.

Los disidentes encuentran en ese apoyo externo, del que de una forma u otra suelen llegar a enterarse, un soporte moral que les permite seguir adelante incluso en los momentos más difíciles. Aquellos que sufren prisión u otro tipo de represalias por enfrentarse a los tiranos valoran profundamente cualquier señal de solidaridad de la que tengan noticia. En su Alegato por la democracia, Natan Sharansky cuenta el sentimiento de los presos políticos en las cárceles soviéticas al saber que Ronald Reagan se había referido a la URSS como el "imperio del mal": "Nos sentíamos exultantes. Por fin el líder del mundo libre había dicho la verdad, una verdad que ardía en el corazón de todos nosotros".

Pero las muestras de solidaridad con quienes se oponen a las dictaduras son importantes también por otra cuestión. Pueden convertirse en un elemento fundamental para que los disidentes no acaben en prisión o, en el caso de que ya lo estén, no terminen asesinados por el régimen tiránico de turno. Todos los dictadores desprecian la opinión de aquellos a los que oprimen, pero suelen estar muy preocupados por la imagen que de ellos se tenga en el exterior. Por ese motivo tienen mucho cuidado con el punto al que llegan en la represión de personas concretas de las que se habla en el exterior.

El doble valor de la solidaridad con los disidentes se incrementa cuando quien la muestra es alguien famoso o un destacado político. A pesar del desprestigio del Nobel (el receptor del galardón de "Paz" acaba de nombrar como directora de Comunicación a una mujer que tiene como filósofo político favorito al tirano chino Mao Tse Tung), la ganadora del premio de Literatura ha utilizado la repercusión que le ha dado el obtenerlo para una buena causa. Conocedora en propia piel de la realidad de los sistemas totalitarios, ha denunciado las dictaduras china, cubana, iraní y norcoreana. Además ha mostrado interés por un disidente chino que lleva meses desaparecido.

Ha hecho lo contrario que el ministro español de Asuntos Exteriores y Cooperación, Miguel Ángel Moratinos. Con sus encuentros con las autoridades de la larga dictadura comunista y su negativa a reunirse con disidentes lo que hace es estimular a la tiranía. Los hermanos Castro y sus sicarios saben que el Gobierno español será su principal lobbista en el seno de la Unión Europea para impedir que se condene cada nueva violación de los derechos humanos. Los disidentes también han recibido un mensaje alto y claro. El Ejecutivo de Rodríguez Zapatero no moverá un dedo si algo les pasa. El resto de lo que quiera o pueda decir Moratinos sobre esta cuestión es mera retórica vacía.

P.D: Nos sumamos una vez más a una movilización web por la libertad en Cuba, así que nos despedimos con un:

LIBERTAD DE OPINIÓN, DE ACCESO A INTERNET, DE ENTRAR Y SALIR DE CUBA; DE LOS PRESOS DE CONCIENCIA.

LIBERTAD PARA CUBA

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