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I. Economías planificadas: El caso cubano

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He querido enfocar mi primer artículo en el IJM hacia la economía planificada, aquella por la que a lo largo del s.XX se justificaron (y se justifican) ad nauseam todo tipo de fines independientemente de las laceraciones y estragos que tal modelo pudiera conllevar. Así pues, antes de empezar hay explicar qué es la planificación central. Se trata de uno de los sistemas económicos imperantes a lo largo y ancho del globo durante el s.XX, del cual aún hoy quedan vestigios. Basada en establecer bajo criterios estatales la asignación de X recursos teniendo in mente el consumo actual y la inversión futura, así pues, el gobierno dice qué producir, en qué cantidad, cómo distribuirlo, para quién, etc. En definitiva, el mercado deja de ser la mejor forma de asignar recursos y estos pasan a estar subordinados a los designios de los burócratas de turno, lo que conocemos bien mediante la aserción “hayekiana” de la fatal arrogancia.

Puesto el punto de partida, hace unos meses leí el paper “Measuring the role of the 1959 revolution on Cuba’s economic performance” (2018), de los economistas Hugo Jales, Thomas H. Kang, Guilherme Stein y Felipe García Ribeiro. Su metodología está impregnada de estadística y de modelos matemáticos, pero el punto fuerte de la pesquisa (y a la vez su debilidad) es precisamente su carácter hipotético y el uso de controladores sintéticos con los cuales se crean países ficticios para hacer comparativas de cómo hubiera sido Cuba sin la Revolución de 1959 (ceteris paribus en el contexto internacional).

Grosso modo, el objetivo era medir el papel de la Revolución en términos económicos siguiendo un hilo histórico de cómo se llegó a ese punto. Se dejan al margen costes sociales, principalmente la represión del régimen, y la pregunta que impregna la investigación es: ¿qué hubiera sucedido sin este hecho histórico? En primer lugar, se menciona que Cuba tenía una economía bastante desarrollada en su contexto antes que la hoz y el martillo se instaurasen manu militari. Se enfatizan cosas como: el bagaje económico de la isla desde la segunda mitad del s.XIX, que antes de 1959 sus índices de desarrollo eran superiores a los del sur de Europa, el hecho que fueron el primer país de América Latina en tener un sistema de ferrocarriles (con el primer tranvía), etc.

Todo eso se truncó mediante los procesos de colectivización, propaganda, expropiación de todo tipo de empresas (especialmente petroleras y americanas), planificación estatal, partido único, represión ideológica, élite extractiva alrededor de la familia dominante, poca diversificación de los productos para exportar (cosa que a lo largo de su historia había sido la tónica dominante), ínfima innovación tecnológica, rol soviético en las ayudas a la isla con la venta de petróleo a precios muy por debajo del valor de mercado y compras de azúcar a precios muy por encima del valor de mercado. De esta forma, Cuba estaba generosamente subsidiada por el Bloque Comunista y, por ende, 1991 fue su annus horribilis.

El fin de la URSS provocó la desaparición del sustento básico de la economía cubana la cual acabó en una profunda crisis y tuvo que optar por introducir elementos promercado para paliar el cataclismo económico que se estaba produciendo. Es importante decir que estas medidas se tomaron con mucha reticencia por parte del gobierno el cual nunca quiso facilitar la obertura económica de la isla. Justo en ese fatídico año para el socialismo real, Estados Unidos reforzó su Embargo (Nota Bene: no es un Bloqueo, como sigue insistiendo la propaganda castrista) mediante leyes aprobadas por el Congreso Americano (especialmente la Torricelli Act, 1992 y Helms-Burton Act, 1996).

Sea como fuere, uno de los puntos cardinales del paper es el intento de crear un análisis de Cuba con y sin la Revolución mediante la elaboración de un PIB hipotético. Como es lógico, es imposible saber con exactitud el crecimiento y desarrollo de países con tanta opacidad, por lo tanto, el modus operandi de los investigadores está muy enfocado al estudio de las exportaciones de la isla. Uno de los temas que impregna el estudio es, sobre todo, el efecto de las políticas de los EEUU respecto a Cuba, especialmente con el polémico Embargo. Al hacer diversas estimaciones macroeconómicas, se concluye lo siguiente, “we do not observe a particularly large effect in 1962, the year when the USA strengthened its embargo against Cuba […], the contemporaneous effect of the embargo on Cuba’s GDP is small” (Jales, Hyeono Kang, Stein, & Garcia Ribeiro, 2018, pág. 13).

Hay que tener en cuenta que faltan datos oficiales, sin estos, difícilmente se pueden hacer estudios en profundidad sobre la amalgama de medidores económicos que pueden encontrarse en un país. Tanto es así que el profesor Giovanni A. Cornia, en un estudio sobre la desigualdad en América Latina dice lo siguiente sobre Cuba (dedicándole un escueto pie de página), “Due to data limitations we do not include this country in the analysis” (Cornia, 2014, pág. 335). No sólo los economistas padecen de este mal respecto a Cuba, sino que los historiadores también, por ejemplo, Silvio Pons pone a la misma altura a Cuba y Corea del Norte en cuanto a estados aislados que suponen un reto para el investigador (Pons, 2014, pág. 11).

Podría concluirse que el impacto de la Revolución hizo que Cuba divergiera de la tendencia histórico-económica que había tenido hasta el momento. El movimiento nacionalista encabezado por Castro supuso un shock a todos los niveles. Sin duda, el punto cúlmine del artículo es la desaparición de la URSS, la búsqueda de nuevas políticas económicas muy enfocadas al exterior (como el turismo) y en nuevos partners internacionales. El rol soviético fue sustituido por el de Venezuela con la llegada de Chávez. En definitiva, Cuba continuará siendo un foco de debate y polémica por todo lo que per se implica y las sensibilidades que atrae.

Sepa el lector que los experimentos de ingeniería social tienen costes imperecederos, al menos para unas cuantas generaciones, en este caso, de cubanos. Para los demagogos con ínfulas utopísticas recuérdenles que no se puede jugar a ser Dios. Como afirmaba Bruno Leoni en su libro Il pensiero político moderno e contemporáneo “la direzione di una società socialista non è concepibile senza una limitazione sostanziale della libertà degli individui, ad opera di un ristretto numero di individui, che in quella società assumono la funzione di direttori” (Leoni, 2008, págs. 185-186), ergo, si quieren socialismo, prepárense para la dictadura.

Bibliografía

Cornia, G. A. (2014). Falling Inequality in Latin America. Oxford: Oxford University Press.

Jales, H., Hyeono Kang, T., Stein, G., & Garcia Ribeiro, F. (2018). Measuring the role of the 1959 revolution on Cuba’s economic performance. World Economy , 1-39.

Leoni, B. (2008). Il pensiero político moderno e contemporáneo . Macerata: Liberilibri.

Pons, S. (2014). The Global Revolution: A History of International Communism, 1917-1991. Oxford: Oxford University Press.

1 Comentario

  1. Sabias palabras. Efectivamente el comunismo pretende cambiar los acuerdos de mercado por la supuesta infalibilidad de un burócrata que vaya usted a saber de donde ha salido( ¿Vallecas? ¿Galapagar?).


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