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El espectro del estancamiento brezhneviano

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Leonid Brézhnev gobernó la Unión Soviética durante casi dos décadas, entre 1964 y 1982. Probablemente, fueron las dos mejores décadas de la Unión Soviética y del campo socialista en general. La paz interna, la prosperidad y la estabilidad caracterizaron este periodo. El elevado crecimiento económico y la abundancia, cada vez mayor, de productos de consumo permitieron, por fin, sentir también las ventajas del bienestar a los ciudadanos. Parecía que la Unión Soviética había enterrado con éxito los salvajes años estalinistas y las caóticas reformas de la era de Jruschov.

La estabilidad interna vino acompañada de éxitos en política exterior. Vietnam del Norte, apoyada por los soviéticos, resistió a la maquinaria bélica estadounidense y se anexionó también el sur. Aumentó la influencia soviética en África y las tropas cubanas ayudaron al régimen poscolonial de Angola. La izquierda se hizo cada vez más fuerte en América Latina y consiguió hacerse con el poder en varios países. La literatura académica y la maquinaria propagandística soviética anunciaban que la Unión Soviética había llegado a la etapa del «socialismo desarrollado», una nueva cima de la fase de desarrollo: humanismo socialista, estabilidad y seguridad, y creciente bienestar.

«La era del estancamiento brezhneviano»

Sin embargo, en menos de dos décadas tras la muerte de Brézhnev, esta era fue acuñada por Gorbachov como la “era del estancamiento brezhneviano”. Lo que en apariencia había sido un éxito, se había convertido en poco tiempo en un fracaso que socavaba la viabilidad del modelo soviético. El factor clave del cambio de percepción de la era Brézhnev es la cuestión de las llamadas reformas del sistema soviético-socialista.

Para comprender este proceso, hay que volver la vista atrás. Lenin fue el heredero del punto de vista más radical de Marx. El Estado y la Revolución, escrito en 1917 muestra la materialización de los sueños utópicos radicales de Marx. Lenin pretendía establecer un sistema económico completamente centralizado y estatal. Tras el colapso del régimen zarista, logró dar un golpe de Estado y terminó con el gobierno socialdemócrata-liberal moderado. La dictadura leninista se embarcó inmediatamente en la creación del Estado comunista.

Lenin no sólo era un visionario, sino un astuto político real. Y, pronto, se dio cuenta de que era imposible instaurar el comunismo total. Inició modestas reformas orientadas al mercado para permitir el funcionamiento de los mercados en la agricultura y evitar al menos el hambre inmediata y la amenaza de revueltas en contra de la dictadura. Estas reformas fueron abolidas por Stalin en 1928. La campaña de colectivización de la agricultura fue el inicio de una era de terror cuyo objetivo era forzar la industrialización del país.

Jrushchov / Brézhnev

Tras la muerte de Stalin, la era de Jrushchov se caracterizó por introducir tímidas reformas que se acercaran a la economía de mercado con el fin de aliviar el nivel extremo de escasez y tener un nivel mínimo de mejores niveles de vida. Además, se esperaba que estas reformas crearan incentivos locales a nivel de empresa para producir de forma más eficiente y prestar más atención a las necesidades de los clientes.

Cuando Brézhnev llegó al poder, al principio permitió la continuación de las reformas en los estados satélites, sobre todo en Checoslovaquia y Hungría. Sin embargo, la Primavera de Praga de 1968 asustó al régimen. Se dieron cuenta de que incluso un mínimo de reformas creaba un espacio para el pensamiento y las aspiraciones alternativas. Brézhnev, tras aplastar la Primavera de Praga, detuvo todas las reformas y devolvió la planificación estatal bien controlada.

Cambios en China y Occidente

Al mismo tiempo, cuando Brézhnev congeló el sistema soviético, se produjeron dos cambios monumentales en el mundo exterior. Tras la muerte de Mao, China inició una reforma hacia la mercantilización. Las primeras reformas orientadas al mercado se aplicaron en la agricultura, siguiendo el modelo de la NEP de Lenin y las reformas húngaras de comunismo gulash. Pero pronto, la apertura se extendió a la industria y el comercio, y permitió la inversión extranjera directa. Gracias a estas reformas orientadas al mercado, comenzó el meteórico ascenso de China y el rápido aumento del nivel de vida del pueblo chino.

Por otra parte, en Occidente, bajo el liderazgo de Reagan y Thatcher, comenzó la era de las llamadas reformas «neoliberales«, orientadas a dinamizar las economías americanas y europeas aletargadas y en crisis. Las reformas neoliberales buscaban más competencia, posibilidades de renovación empresarial y menos intervencionismo y planificación estatal. Las reformas ayudaron a lanzar un nuevo periodo de crecimiento e iniciaron la transición a nuestro mundo moderno, dominado por los ordenadores, los teléfonos móviles e Internet.

Cuando Gorbachov llegó al poder, en 1985, la Unión Soviética era un monstruo anticuado, pobre y corroído, irremediablemente estancado bajo las garras de la oligarquía del partido y la burocracia estatal que se resistía a cualquier intento de reforma que amenazara su posición de élite. El resto es conocido. Gorbachov intentó copiar las reformas chinas orientadas al mercado, pero la oligarquía se opuso a cualquier reforma. Tratando de romper la posición de poder de los poderosos burócratas, Gorbachov destruyó el Estado soviético y aceleró el colapso del socialismo.

Vivimos un estancamiento brezhneviano

¿Por qué esta historia es importante para nosotros? Porque, a mi parecer, en la actualidad estamos viviendo un periodo parecido al estancamiento de Brezhnev. Me explico.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Europa cambió su sistema económico. Abandonó el modelo del siglo XIX de capitalismo competitivo y el modelo de un pequeño Estado no intervencionista. Se embarcó en la creación de una economía mixta, en la que el Estado participa en la dirección de los procesos económicos y equilibra los mercados con un fuerte intervencionismo estatal y medidas del Estado del bienestar.

Este modelo entró en crisis a principios de los setenta. Los años de estanflación exigieron un nuevo enfoque. La reforma neoliberal pretendía dinamizar las economías excesivamente reguladas y dominadas por la intervención estatal que causaba un callejón sin salida con alto nivel del desempleo y inflación. Las reformas de mercado permitieron un nuevo periodo de crecimiento dinámico. Las reformas neoliberales tuvieron tanto éxito que el programa de reformas fue adoptado por los partidos de izquierda moderada y socialdemócratas. El programa de «tercera vía» fue adoptado por líderes históricos como Clinton, Blair, Schröder, Mitterand y Felipe González.

El ejemplo paradigmático de la nueva era fue Suecia en Europa. Suecia entró en una grave crisis a principios de los noventa como consecuencia de las políticas de los socialdemócratas que pretendían sobrepasar el capitalismo. Tras la crisis, surgió un nuevo modelo sueco que, por un lado, creó uno de los mercados más competitivos y, por otro, reformó el monolítico Estado del bienestar para convertirlo en una agencia competitiva que utilizaba métodos de mercado. La doble reforma no sólo permitió superar la crisis e iniciar un nuevo periodo de crecimiento, sino también mantener el Estado del bienestar.

El giro tras la crisis de 2008

Por desgracia, la crisis de 2008 causó un giro político equivocado. Se culpó a las reformas desenfrenadas y neoliberales de la crisis, mientras que la crisis hipotecaria de Estados Unidos, causa clave de la crisis, fue consecuencia de las políticas populistas en materia de vivienda iniciadas y aplicadas por la Administración Bush.

El giro político equivocado condujo al abandono gradual de las reformas orientadas al mercado, al retorno a una creciente regulación estatal y a una campaña de culpabilización contra los mercados. Por esta razón, existe una presión cada vez más fuerte para volver a los años dorados de la reconstrucción de posguerra, dominados y guiados por el Estado, a expensas de los mercados.

Estamos en una era de estancamiento conservador a lo Brézhnev. El nivel de vida es extremadamente alto, en comparación con el pasado o con el resto del mundo. Hay un Estado del bienestar general que se preocupa por nosotros. Gozamos de una estabilidad y seguridad sin parangón en la vida cotidiana, sobre todo, en comparación con épocas anteriores.  Sin embargo, el crecimiento económico se estanca y la falta de dinamismo y crecimiento se compensa con un endeudamiento creciente.  Hoy está todo bien. Mi temor es qué va en un futuro próximo. Especialmente, porque Europa se enfrenta a la competencia sin parangón de las nuevas superpotencias económicas, como China y los países del Este asiático.

Un declive lento y (casi) inevitable

Es prácticamente seguro que no vamos a asistir a un colapso al estilo soviético. La economía mixta europea, incluso en su forma actual, es mucho más competitiva y dinámica que la economía soviética, completamente estatal. Las burocracias estatales son poderosas, pero su poder es menor que en la Unión Soviética. Además, el sistema político democrático es legítimo y ofrece posibilidades de cambio. El verdadero peligro es el fantasma de Argentina. El continuo encubrimiento de la falta de una economía dinámica y competitiva causada por el endeudamiento desorbitado. El espectro es el declive lento y gradual a largo plazo.

Tenemos el modelo exitoso de los mercados competitivos y el poder para detener y cambiar la trayectoria actual. Necesitamos menos regulación y más mercado para facilitar una vida económica dinámica impulsada por la iniciativa empresarial y un nuevo periodo de crecimiento. Este es el camino para acabar con el estancamiento, el desempleo crónico y la pobreza.

Ver también

Socialismo: la economía del desabastecimiento. (Jon Aldekoa).

La trampa marxista: la imposibilidad del socialismo y la falacia histórica de la izquierda. (Andras Toth).

1917, la revolución económica. (José Carlos Rodríguez).

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