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El Estado del Bienestar como desincentivo a la inmigración

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¿Es el Estado del Bienestar un incentivo artificial a la inmigración? Es una tesis que varios liberales hemos sostenido, pero que quizás debamos revisar. 

Por un lado, creemos que el Estado del Bienestar atrae inmigrantes, en busca de prestaciones. No obstante, también argumentamos que fomenta la deslocalización de empresas y trabajadores, en busca de un clima más atractivo para prosperar. Por eso desde el liberalismo a menudo defendemos la descentralización fiscal y la competencia entre Estados en el entendido de que los contribuyentes tienden a desplazarse de los Estados más intervencionistas a los menos intervencionistas, y este flujo migratorio presiona a los primeros a ser más respetuosos con la libertad personal y económica.

¿No estamos ante una contradicción? Si el voto con los pies funciona (y hay datos que lo corroboran) es porque el Estado del Bienestar aliena a empresas y trabajadores. Si el Estado intervencionista, en vez de promover la deslocalización, es un incentivo a relocalización, no hay voto con los pies a favor de Estados con menos impuestos y regulaciones más laxas. Los dos fenómenos (incentivo a la inmigración e incentivo a la emigración) no pueden darse al mismo tiempo. ¿O sí?

Lo cierto es que ambos pueden darse al mismo tiempo, pero en segmentos distintos de la población. El Estado del Bienestar puede incentivar la inmigración de trabajadores poco cualificados (que esperan beneficiarse más de las prestaciones sociales) y al mismo tiempo incentivar la emigración de trabajadores cualificados, inversores y empresas (que esperan beneficiarse más de una fiscalidad benévola). Con todo, ¿es razonable suponer que los trabajadores poco cualificados inmigran para aprovecharse del Estado del Bienestar? De hecho, en numerosos países ni siquiera tienen acceso inmediato a las prestaciones.

No es correcto fijarse en los flujos migratorios actuales y concluir que el Estado del Bienestar incentiva la inmigración poco cualificada, pues la correlación no es causalidad. Lo más lógico es que los individuos y familias con pocos recursos emigren a sociedad más prósperas y abiertas, con más oportunidades para progresar. Estas sociedades son también las que pueden permitirse un Estado del Bienestar, pero eso no significa que el Estado del Bienestar sea la razón por la que esas familias vienen en primer lugar. Es posible que vengan a pesar del Estado del Bienestar.

No en vano los liberales nos oponemos al Estado del Bienestar porque creemos que menoscaba la prosperidad y las oportunidades. Si los inmigrantes vienen fundamentalmente atraídos por la prosperidad y las oportunidades de nuestra sociedad, ¿no es el Estado del Bienestar, en balance, un freno a la inmigración?

Si España o Estados Unidos no tuvieran Estado del Bienestar, habría menos prestaciones públicas, pero la sociedad sería más rica y esos servicios serían provistos más eficientemente por el mercado. La reducción en el número de inmigrantes motivada por la extinción de las prestaciones públicas sería más que compensada por el aumento resultado de una mayor prosperidad y una expansión de las oportunidades.

En este sentido, sería interesante comparar la tasas de inmigración de los distintos países desarrollados y verificar si la gente tiende a desplazarse a sociedades relativamente más ricas con un Estado del Bienestar más reducido (por ejemplo, Estados Unidos), o a sociedades relativamente más pobres con un Estado del Bienestar más generoso (Francia). En cualquier caso parece difícil aislar el factor "prosperidad/Estado del Bienestar" del resto (situación geográfica, restricciones legales a la inmigración, afinidad con la cultura autóctona etc.).

Ken Schoolland, de la universidad de Hawai, hace una comparación menos ambiciosa pero igualmente sugerente entre distintos estados norteamericanos, concluyendo que aquellos territorios con un Estado del Bienestar más pesado tienden a registrar un flujo migratorio negativo (Hawaii, Alaska, Massachusetts, Connecticut, Washington D.C.), mientras que los territorios con un Estado del Bienestar más modesto registran flujo migratorio positivo (Mississippi, Alabama, Arkansas, Tennessee, y Arizona).

Este debate presenta un dilema interesante a los liberales anti-inmigración: ¿se opondrían con la misma fuerza al Estado del Bienestar si el precio de su reducción fuera un aumento de la presión migratoria?

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