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Errores intelectuales en el populismo (II)

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Como Jesús Huerta de Soto destaca, seguimos viviendo en un mundo esencialmente socialista, dado que siguen prevaleciendo las políticas intervencionistas que coaccionan las libertades en el orden de mercado.

El catedrático Jesús Huerta de Soto destaca en la revista Actualidad Económica [1][2] como, a pesar de la caída del Muro de Berlín y del fracaso económico del comunismo, seguimos viviendo en un mundo esencialmente socialista, dado que siguen prevaleciendo las políticas intervencionistas que coaccionan las libertades en el orden de mercado.

Efectivamente, el consenso socialdemócrata que imponen los partidos estatistas, pretende conciliar dos mundos opuestos: la economía de mercado con millones de interacciones e intercambios libres entre los ciudadanos, junto con el intervencionismo político y la redistribución de la riqueza con tamaños de Estado Minotauro superiores al 40% del PIB en muchos países e, incluso, cercanos o superiores al 50% del PIB en Europa.

1. Socialismo como error intelectual

Desde el punto de vista del análisis económico, el catedrático Jesús Huerta de Soto define el socialismo como: “todo sistema de agresión institucional y sistemática en contra del libre ejercicio de la función empresarial”.

Al igual que los economistas austriacos Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, nos recuerda los cuatro errores intelectuales por los que yerran los políticos intervencionistas cuando «guían» los países hacia la imposibilidad de cálculo económico en el socialismo:

  1. El volumen de información del mercado es inmenso con millones de ciudadanos interactuando en un orden extenso, complejo y abierto de colaboración humana y, por ello, es imposible que un órgano director (Estado-Administración) se haga con toda la información que necesita para planificar y dar contenido eficiente a los mandatos coactivos.
  2. Además de inmensa, la información del mercado que generan los ciudadanos no es objetiva sino subjetiva y de naturaleza tácita.
  3. La información empresarial futura, sobre lo que pase mañana, todavía no se ha creado hoy, y está en constante variación debido a la naturaleza creativa de la función empresarial, por lo que no se puede transmitir a los gobernantes hoy para coordinar bien el mañana.
  4. La información del mercado se bloquea, dificulta e imposibilita mediante los mandatos coactivos, distorsionando y mermando la creación empresarial de información y, por tanto, disminuyendo e incluso anulando el crecimiento sociocultural y económico en función del grado de intensidad del colectivismo socialista que el órgano central (Estado-Administración) imponga sobre la población.    

2. Populismo como error intelectual

En todo caso, si la esencia del socialismo es la coacción institucional, su mejor herramienta de comunicación es el populismo que ofrece siempre recetas mágicas a los problemas sociales y que, siempre, aumentan el tamaño del Estado-Administración, la corrupción de los políticos y los privilegios de sus redes clientelares.

Se pueden analizar ambos cientismos como las dos caras de una misma moneda, el populismo es la cara política voluntarista (engañosa y aparentemente benigna) y el socialismo es la cruz de la realidad económica de los mandatos coactivos, por la disminución de los intercambios y la imposibilidad de función empresarial.

El populismo y el socialismo son las mayores lacras que afrontan la evolución sociocultural de las sociedades civilizadas porque llevan al poder a los políticos intervencionistas usando inmoralmente los instintos más primarios del hombre como: el miedo en las crisis económicas, el enemigo común (interior o exterior) en los momentos de incertidumbre, el altruismo social o la solidaridad con los más desfavorecidos para mantener los regímenes colectivistas que merman la riqueza y guían hacia la pobreza, el hambre y la miseria.

Apelando a los instintos primarios del pueblo, las soluciones del populismo son siempre las recetas intervencionistas del socialismo que, ingenua o torticeramente, conducen siempre hacia el estatismo o, si se prefiere, hacia el crecimiento desaforado del tamaño del Estado.

Podemos observar en Iberoamérica como son mayoría los líderes populistas (Juan Domingo Perón, Fidel Castro, Daniel Ortega, Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, Cristina Fernández de Kirchner…) que anulan o merman el desarrollo sociocultural y económico de los países porque exaltan las supuestas bondades del papel totalitario del Estado, como un ente proveedor oficial de la “solidaridad” social y de los medios necesarios para alcanzar el “Paraíso en la Tierra”: nacionalizando sectores productivos y redistribuyendo la riqueza, invadiendo todos los rincones de la vida privada de la población y, por tanto, extrayendo los recursos privados de las familias y pequeñas y medianas empresas para beneficio de las oligarquías de los partidos políticos que asolan el crecimiento económico de cada país.

Desgraciadamente, en Europa, con la crisis económica y financiera, están emergiendo también las propuestas políticas populistas de Syriza en Grecia, Podemos en España, Movimiento Cinco Estrellas en Italia o Frente Nacional en Francia, coincidiendo en las recetas socialistas, tanto la extrema izquierda como la extrema derecha

3. Mensajes y lenguaje populista

Dejando a un lado las ideologías o religiones seculares de la política, también pueden analizarse los mensajes y el lenguaje populista en otros ámbitos como el de las religiones tradicionales.

Friedrich Hayek destacaba el relevante papel del cristianismo como «guardián de la tradición», por su contribución determinante en el arraigo del ethos común de las sociedades civilizadas.

Por ello, considero importante analizar algunos errores intelectuales contenidos en los mensajes y el lenguaje populista que está difundiendo el Papa Francisco I, porque una gran parte de la población sigue sus mensajes semanalmente sin acertar a distinguir si se trata de preceptos espirituales o bien de errores temporales en economía política.

a) Derechos sagrados

A modo de ejemplo, en el Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, que fue celebrado en Roma el pasado 28 de octubre de 2014, en presencia del presidente de Bolivia, Evo Morales, el discurso populista del Papa afirmaba lo siguiente:

Este encuentro nuestro responde a un anhelo muy concreto, algo que cualquier padre, cualquier madre quiere para sus hijos; un anhelo que debería estar al alcance de todos, pero hoy vemos con tristeza cada vez más lejos de la mayoría: tierra, techo y trabajo. Es extraño pero si hablo de esto para algunos resulta que el Papa es comunista.

No se entiende que el amor a los pobres está al centro del Evangelio. Tierra, techo y trabajo, eso por lo que ustedes luchan, son derechos sagrados. Reclamar esto no es nada raro, es la doctrina social de la Iglesia. Voy a detenerme un poco en cada uno de éstos porque ustedes los han elegido como consigna para este encuentro.

Sin duda, sus discursos religiosos son bienintencionados pero, inconscientemente, al emplear discursos populistas, el Papa Francisco I pudiera parecer que cae en el error intelectual del marxismo porque llega a elevar a sagrados el derecho a la tierra, el techo y el trabajo.

Obviamente, nadie negaría que estas cuestiones son importantes para el bienestar material de las personas pero, desde el punto de vista del arraigo de una sociedad civilizada, abierta y libre, nunca pueden equipararse a los derechos individuales (fundamentales y sagrados) a la vida, a la libertad, a la propiedad y a la igualdad de trato ante la ley que están en un plano moral superior, dado que son inalienables e inseparables, inmanentes e intrínsecos, de la naturaleza de un hombre libre que, moral y legalmente, nunca pueden depender del arbitrio subjetivo de los dirigentes de un país.

Sin duda, es peligrosa la ingenuidad al referirse a los derechos “sociales” como los principios rectores de la economía política de los países. Todavía más peligroso hubiese sido referirse directamente a la supuesta necesidad de la intervención política sobre la economía para combatir las causas estructurales de la pobreza en el mundo, cuando es precisamente la intervención del Estado sobre el mercado libre lo que impone una suerte de socialismo de mercado o de capitalismo de Estado.

b) Orden de mercado y libertad

Por ello, antes de lanzar discursos populistas, los asesores del Papa Francisco I debieran documentarse bien para constatar cómo, en las últimas décadas, el orden de mercado ha posibilitado la implementación de desarrollos tecnológicos y la globalización del transporte, las comunicaciones y la información que han incrementado el comercio y la riqueza mundiales y, consecuentemente, han disminuido exponencialmente el número de pobres en el planeta a pesar de la intervención de los políticos. 

Éstas, y no otras, son las bases fundamentales del crecimiento sociocultural y económico de los países que, generación tras generación, permiten gradualmente salir de la pobreza a las familias mediante el trabajo, el esfuerzo y el sacrificio de cada persona que las forma, y que luchan por vivir en libertad y en paz.    

c) Caridad en la eficiencia económica dinámica

En repetidas ocasiones, a los asistentes al Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, el Papa les regaló los oídos con nuevos errores intelectuales empleando la palabra “solidaridad” (social) en lugar del término “caridad” (individual). Decía así el Papa Francisco I:

Solidaridad es una palabra que no cae bien siempre, yo diría que algunas veces la hemos transformado en una mala palabra, no se puede decir; pero es una palabra mucho más que algunos actos de generosidad esporádicos. Es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales.

Sin embargo, la denominación “caridad” (individual) es más precisa y refiere directamente a la ayuda de las parroquias y misiones cristianas, que se proporciona mayoritariamente desde el sector privado. Empero, no son los envíos de ayuda estatal que se pierden en el camino de la corrupción, sino que son las misiones de caridad religiosa las entidades que mejor ayudan a los personas pobres. De hecho, los países pobres se caracterizan por contar con un marco institucional corrompido por el orden político y que impide el proceso de creatividad y coordinación del orden de mercado.

El proceso de creación de riqueza es lo que se denomina eficiencia dinámica en Economía y se produce en el orden de mercado de una sociedad civilizada y, de modo especial, cuando hay mínima (o nula) intervención del orden político.

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