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François Hollande, el matón de Le Monde y Le Figaro

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Los editores de Le Monde, Le Figaro, Libération y el resto de los periódicos franceses son personas respetables. Cuando quieren conseguir dinero de alguien le convencen de lo interesante que es invertir en sus empresas y no mandan, como si fueran mafiosos, un matón para hacerse con "la pasta". ¿O sí?

Pues, efectivamente, la respuesta es positiva. El matón de los editores de periódicos del hexágono no es un sicario de la ramificación local de la mafia rusa o la Camorra, ni tiene por nombre algo del estilo de Nick "Puños de hierro" o "Gaston le Terrible". Tiene un cargo en apariencia aún más honorable que el de editor de un periódico, presidente de la República Francesa, y se llama François Hollande.

El pasado 1 de febrero, Hollande firmó con el presidente de Google, Eric Schmidt, un acuerdo por el que el gigante de internet se compromete a entregar 60 millones de euros en forma de un fondo destinado a "facilitar la transición de la prensa al mundo digital". Si el acuerdo hubiera sido libre, sin coacción alguna, no habría nada que objetar; al fin y al cabo cada uno entrega su dinero a quien quiere. En todo caso, tan sólo tendrían derecho a replicar algo los accionistas de Google. El problema es que aquí la libertad ha brillado por su ausencia.

La puesta en escena del acuerdo ya deja muchas cosas en evidencia. Si es un pacto, como debería ser, entre empresas privadas, que el presidente de la República sea uno de los firmantes no tendría sentido alguno. Es, por tanto, una demostración en sí misma del poder de coacción del Estado. Pero peor aún es cómo se llegó a ese convenio tan provechoso para unas empresas, las compañías francesas editoras de periódicos, que no han hecho nada para merecerlo.

Durante meses, Hollande defendió la necesidad de instaurar la denominada "Tasa Google" por la cual esta empresa debería pagar a los periódicos por enlazar a sus contenidos. Es algo ya de por sí absurdo, por mucho que la prensa de todo el mundo pretenda lograr algo similar con la excusa de que el gigante de internet gana dinero con la publicidad que acompaña a los resultados de sus búsquedas. Pero el presidente francés fue más allá. Amenazó a la compañía americana con imponerla a través de una ley si no se llegaba a un acuerdo entre las partes.

Este equivalente a la amenaza de que el matón destroce el local al negociante que no pague la "protección" al capo del barrio funcionó. Para Google es mucho menos oneroso entregar esos 60 millones que hacer frente a los, sin duda alguna, muchos más elevados pagos que supondría la existencia de la "Tasa Google". Estamos ante la plasmación de lo que denunció hace ya más de siglo y medio Frédéric Bastiat, un francés que se avergonzaría de Hollande:

El estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo trata de vivir a costa de todos los demás.

Por supuesto, los servicios de un matón nunca son gratuitos para aquellos que usan sus servicios. En este caso, Hollande se ha ganado sin duda alguna un trato benévolo de la prensa francesa cuando le sea necesario.

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