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La economía a través del tiempo (II): individuo y colectivo, comunidad y sociedad

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Puede que a algunos les parezca innecesario tener que detenerse en lo que voy a tratar de desarrollar. Sin embargo, he visto que en numerosas ocasiones – no tanto desde el ámbito académico, pero sí desde el informal – se suele caer en un análisis político e histórico que, a mi juicio, peca de reduccionista por emplear una dicotomía que no es realista. Estoy hablando de la popular disyuntiva de «individuo contra colectivo».

De forma que se podría realizar una división entre autores «colectivistas» y autores «liberales» o «individualistas» que nos serviría para saber quiénes son los «buenos» y quiénes los «malos». Evidentemente, estoy exagerando un poco para tratar de hacer ver al lector con claridad lo que estoy tratando de analizar. No obstante, estoy seguro de que numerosas personas sabrán detectar sin atisbo de duda y con bastante precisión el tipo de argumentario al que estoy haciendo referencia.

Ni reduccionismos ni anacronismos

Para generar debate y contraste he decidido traer otra disyuntiva que, a mi parecer, es más realista y nos ayuda mejor a entender los cambios y contextos históricos y las propuestas de los diferentes autores. Es decir, lo que estoy tratando de evitar es el obvio reduccionismo – y anacronismo– de decir que Platón en «La República» está siendo socialista. Desde luego, también quiero evitar la exaltación de personajes como Protágoras por interpretar que su concepto de «hombre-medida» es más individualista y, por tanto, está más acertado.

Voy a poner un ejemplo para que se pueda ver bien, pero no con autores sino con varios tipos de agrupaciones humanas. En una dicotomía que pretende contraponer al individuo y al colectivo, una familia en la que hay ciertas cosas comunes es susceptible de interpretarse como una idea colectivista. Voy más allá. Una comunidad de monjes en la cual hay determinados bienes que son de uso común puede entenderse como una «sociedad colectivista». Está claro: en estos casos tanto determinadas propiedades como libertades se ceden en favor de un grupo de personas. Esto es lo que ha llevado a muchos a pensar que los cristianos primitivos –especialmente en la era apostólica – eran una especie de protosocialistas – algo que desmontamos en la conferencia «Cristianismo primitivo y riqueza» organizada por el Instituto Juan de Mariana –.

Desmond Morris y Ferdinand Tönnies

Para poder evitar caer en esos errores, como he dicho, me ha parecido que podría estar interesante traer a colación a dos autores que dicen una cosa muy parecida pero desde campos completamente diferentes. Estoy hablando de Desmond Morris en su obra «El zoo humano» y de Ferdinand Tönnies en «Comunidad y Sociedad». El lector avispado podrá intuir en este punto cuál va a ser la propuesta que voy a plantear y de qué manera nos servirá para evitar llamar «socialista» a cosas que en realidad no lo son.

Para Morris (1970) –un zoólogo que se puso a estudiar al Ser Humano siguiendo los mismos criterios que mantenía con los animales– una supertribu es una población en la cual las personas que conviven ya no conocen personalmente a cada miembro de la comunidad, lo que se consiguió mediante un proceso que comenzó con tribus, grupos personales, y desembocó en grandes grupos impersonales (p.8). Sin embargo, bajo la supertribu se mantendrían formas tribales que él llega a relacionar con equipos de fútbol o determinadas asociaciones, aunque la más intuitiva para nosotros puede llegar a ser la familia.

La etología como antropología

Dado que el autor interpreta que la configuración supertribal provoca comportamientos anómalos – entre otras cosas por la falta de empatía que surge ante el constante bombardeo de imágenes de personas que están por la calle y un contacto despersonalizado con ellas– sostiene que la legislación viene a corregir estas distorsiones. “De este modo, podemos considerar la ley como un instrumento equilibrador, tendente a contrarrestar las distorsiones de la existencia supertribal y que ayuda a mantener, en condiciones antinaturales, las formas de conducta social que son naturales a la especie humana” (pp.10-11).

De forma que la ley tendría, bajo estos supuestos, más fuerza sobre la población en aquellos sitios en los que la supertribu es más impersonal. Es decir, para Morris hay una causalidad entre la masificación y el intervencionismo.

Comunidad y sociedad

Dos conceptos parecidos a tribu y supertribu maneja Tönnies (1947) cuando habla de comunidad y sociedad:

La relación misma, y también la unión, se concibe, bien como vida real y orgánica —y entonces es la esencia (Wesen) de la comunidad—, bien como formación ideal y mecánica —y entonces es el concepto (Begriff) de sociedad (p.19).

Ferdinand Tönnes

En este texto es especialmente relevante el concepto “vida real” como forma de definir a la comunidad. La vida real vendría a ser lo que asimilamos, lo que percibimos, lo que conocemos. En la comunidad es donde nace la persona y mediante ella se define. En línea con lo que una vez escuché en boca del prof. Bastos: “Para la comunidad somos personas, nos conocen, saben nuestros defectos y virtudes… Para el Estado somos un número en el DNI”. En este caso, para Tönnies, eso que Bastos llamó Estado sería algo muy parecido a la “sociedad”.

Lo antiguo y lo nuevo

Pero como estamos hablando de historia, para saber la importancia que esto tiene y la razón que me ha llevado a dedicar este texto a ello, vamos a ver más diferencias que comunidad y sociedad tienen para Tönnies (1947):

Comunidad es lo antiguo y sociedad lo nuevo, como cosa y nombre (…) comunidad es la vida en común duradera y auténtica; sociedad es sólo una vida en común pasajera y aparente. Con ello coincide el que la comunidad misma deba ser entendida a modo de organismo vivo, y la sociedad como agregado y artefacto mecánico (p. 21).

Ferdinand Tönnes

El hombre en comunidad y en sociedad

Y es que teniendo esto claro, podemos entender que cuando nos referimos a eso que antes llamamos “colectivismo” estamos pensando en ese “agregado y artefacto mecánico”, esa masa bajo la que se diluye la individualidad y que a su vez destruye nuestros lazos –nuestra comunidad o tribu– dejándonos solos. Y cuando recuperamos aquel “individualismo” nos damos cuenta de que puede llegar a entenderse de dos maneras. Por un lado, un individualismo definido dentro de su contexto íntimo y cercano – que correspondería a un individualismo comunitario– y, por otro lado, un individualismo solipsista en el que ese contexto ha sido absorbido por la masa – que correspondería a un individualismo social–.

Ahora, después de lo visto, podemos llegar a aplicar estas ideas a nuestro análisis de forma que cuando lleguemos a grupos – o a sus defensores– que impliquen algún grado de vida comunitaria – especialmente propiedad comunal– podamos no caer en reduccionismos tales como asumir que esas ideas son “colectivistas”. La familia – o una comunidad de monjes– se diferencian del socialismo enormemente, pues este trata de darle a la sociedad características propias de la comunidad – o a la supertribu características tribales– y la familia mantiene su forma dando sentido a la existencia de la persona.

BIBLIOGRAFÍA

Morris, D. (1970). El zoo humano (2.a ed.). PLAZA & JANES

Tönnies, F. (1947). Comunidad y sociedad. Losada. (Original work published 1960)

Serie La economía a través del tiempo

(I) El estudio de la historia del pensamiento

(II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad

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