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Los cárteles y su infundada mala reputación en un mercado libre

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Comencemos viendo qué podemos entender por un cártel, pues bien, un cártel podemos entenderlo como aquel grupo de empresas que en primera instancia se encontraban compitiendo en una misma industria y por medio de un acuerdo han decido dejar de hacerlo para pasar a homogeneizar su producción, ya sea por medio del establecimiento de determinadas cuotas de producción o la fijación de precios. 

Si bien es cierto que en primera instancia la constitución de un cártel denota una connotación negativa en cuanto a la reducción de los competidores en el mercado, no hemos de llevarnos a equívocos creyendo que, en un mercado libre tendrán potestad para ‘restringir la producción’ para maximizar beneficios. Si así fuere, rápidamente aparecerían competidores para satisfacer las necesidades de aquellos consumidores que resultaran desatendidos por esa restricción de la producción. 

Llegados a este punto, y siguiendo a Rothbard, debe quedar claro que, “en el mundo real de escasez […] toda producción implica elegir y colocar los factores al servicio de aquellas finalidades a las que se atribuya más valor. En suma, la producción de todo es siempre y necesariamente «restringida» […] No podremos decir, que el cártel haya «restringido la producción»”.

Señalado lo anterior, queremos subrayar que, como apunta Chase Rachels, el propósito de todo miembro del cártel es, “coordinarse con otras empresas de la misma industria para generar mayores ingresos por sus servicios de los que podrían obtener de otro modo”. 

Por tanto, un cártel se basa en la cooperación de determinados productores individuales que deciden poner en común cierto capital, designar un grupo de personas que se encargue de tomar las decisiones en cuanto a las políticas de producción y precios, y en caso de que existan beneficios, los distribuya entre los integrantes del cártel. Después de esta descripción, Rothbard se pregunta, si acaso no es este el mismo procedimiento que adopta cualquier tipo de sociedad mercantil, y lo mismo postula respecto a las fusiones de empresas, con el matiz de que la fusión de empresas resultará en una formación permanente de cártel, y un cártel puede resultar ser un arreglo transitorio y efímero.

En suma, tanto en una sociedad mercantil, en un cártel de empresas o en una fusión de empresas, se constituye un órgano de dirección al que le suministran de manera voluntaria una serie de bienes para que, mediante la gestión de estos, se aumenten los beneficios monetarios.  

En cuanto a lo que comentábamos anteriormente respecto a que un cártel, a diferencia de una fusión, pudiere resultar ‘inestable’, Rothbard nos señala las siguientes razones por las que pudiere serlo, 

  • Si la acción conjunta revela no ser provechosa para los integrantes, el cártel se disolverá. Por el contrario, si demuestra ser conveniente, las empresas procederán a fusionarse, desapareciendo también en este caso el cártel.
  • Las cuotas, fijadas arbitrariamente, con las que todos parecían en su inicio estar de acuerdo, pueden convertirse en una intolerable restricción que perjudica a las empresas más eficientes. Porque una cosa curiosa del cártel es que las empresas más predispuestas a rebelarse de los acuerdos adoptados serán aquellas más productivas y eficientes, puesto que se encontrarán limitadas por restricciones estipuladas para proteger a otros miembros menos eficientes.
  • Y otra posible causa de inestabilidad puede originarse precisamente en el caso de que el cártel funcione correctamente y sus beneficios sean sustanciales; dado que atraerá a potenciales rivales dispuestos a competir por esas inusitadas ganancias, y ante esa tesitura el cártel se encontrará ‘atado de pies y manos’ para competir, por las restricciones autoimpuestas en cuanto a cuotas de producción o fijación de precios, viéndose posiblemente obligado a disolverse para que sus integrantes puedan competir.

Una vez señaladas posibles inestabilidades que pueden producirse en un cártel, pasemos ahora a indicar dos posibles ‘beneficios’ que pueden desprenderse de estos, 

  • Por un lado, nos podemos referir a la economía de escala que se generará, que se manifestará de diferentes formas, como por ejemplo, con la posibilidad de realizar compras al por mayor, o de conseguir unos costes más bajos por unidad de producción.
  • Y por otro, como señala Chase Rachels, dado que la cantidad de capital disponible será mayor, ahora se podrá invertir en bienes de capital más productivos, que para cada uno de los miembros individuales del cártel resultaban excesivamente caros, lo que redundará en una mayor productividad.

Ya hemos señalado que los cárteles no gozan de la mejor publicidad, puesto que se considera que se constituyen para evitar tener que competir en la industria, adquirir un poder monopolístico e imponer precios por encima del mercado que les propiciaran beneficios astronómicos, aunque ya hemos señalado que si así fuere, rápidamente aparecerían competidores para intentar obtener esas prebendas, y la única realidad, es que si un cártel perdura en el tiempo únicamente puede hacerlo, como señala Pascal Salin, por dos motivos, 

  • Bien porque el Estado impone a los productores de un bien particular el constituirse en cártel concediéndoles un privilegio de monopolio a los miembros de este. Ya apuntó Mises, en una de sus obras que, “la mayor parte de los cárteles y los trust no habrían podido constituirse si los gobiernos no hubiesen intervenido con medidas de protección para crear estas condiciones”.
  • Y el otro motivo sería porque el cártel, en un mercado libre, lejos de abusar de su posición con los consumidores, lo que hace es constituirse en el mejor medio para satisfacer sus necesidades.

Antes de finalizar el tema de los cárteles nos gustaría intentar responder a la siguiente pregunta, ¿podría darse la situación de que un cártel fuere tan grande que integrara todas las empresas de un país?

Anticiparemos la respuesta señalando que esa circunstancia solo podría producirse haciendo uso del poder coercitivo del Estado. En realidad, el socialismo, en la esfera de la producción, no pretende ser otra cosa que un cártel enorme, en el que todos los factores y recursos se encuentren bajo el absoluto control del Estado. Pero ¿podrían estar los ‘dictadores en potencia’ en lo cierto y que un único cártel que integrara todas las industrias pudiere ser más eficiente? Nos tememos que no, puesto que nunca se haya constituido de manera voluntaria un cártel de tales dimensiones debería ser suficiente para demostrar que no sería de ningún modo el método más eficaz para satisfacer las necesidades de los consumidores.

Veamos para finalizar, siguiendo a Rothbard, la dimensión máxima que podría alcanzar una empresa en el libre mercado, quien señaló que el tamaño de toda empresa se encontraría limitado por “la posibilidad de calcular en el mercado. Con el fin de hacer el cálculo de ganancias y pérdidas de cada actividad, la empresa tiene que estar en condiciones de poder referir sus operaciones internas a los mercados externos, con respecto a cada uno de los diversos factores y productos intermedios. Cuando desaparece cualquiera de esos mercados externos a causa de que se ven absorbidos dentro del radio de acción de una sola empresa, desaparece la posibilidad de calcular ya la empresa no le queda ningún medio racional para asignar los factores dentro de un área específica. Mientras más se avance sobre esas limitaciones, será cada vez mayor la zona donde lo racional no impere, y más difícil resultará evitar las pérdidas”.

En la cita transcrita tenemos la explicación del motivo por el que un cártel de grandes dimensiones nunca podría ser eficiente, y en caso de ser impuesto por el poder coactivo del Estado, más pronto que tarde, terminará por sucumbir.

Referencias

Mises, Ludwig von. (2007) [1922]. El Socialismo, análisis económico y sociológico.  Madrid: Unión Editorial.

Rachels, Chase. (2015). Spontaneous Order. Great Britain: Edición del Autor.

Rothbard, Murray N. (2013) [1962]. El hombre, la economía y el Estado (Volumen II). Madrid: Unión Editorial.Salin, Pascal. (2008) [2000]. Liberalismo. Madrid: Unión Editorial.

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