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No a la energía solar fotovoltaica

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El desconocimiento de la población sobre los costes y repercusiones de cada tecnología de generación de energía, favorece que los políticos de turno se cuelguen una falsa «medalla» ecologista subvencionando utopías medioambientales como la electricidad generada con paneles fotovoltaicos.

Para aquellos profanos en el mercado energético, el Sol puede parecer muy atrayente como fuente inagotable de energía ya que permite producir electricidad y agua caliente. 

La energía fotovoltaica aprovecha la radiación solar para generar electricidad mediante paneles fabricados con materiales semiconductores que captan los fotones transmitidos en la luz solar para producir una corriente continua de electrones, es decir, electricidad. Hasta aquí, todo muy bonito. Pero cuando estudiamos el rendimiento energético de los paneles solares fotovoltaicos comprobamos que, de toda la energía que nos llega del Sol, sólo se aprovecha entre un 9% y un 16%.

El Real Decreto 436/2004, de 12 marzo, regula la electricidad en régimen especial. Dejando a un lado otras distorsiones que introduce, subvenciona tan exageradamente la tecnología solar fotovoltaica que, desde entonces, los consumidores están demandando preferentemente esta tecnología de generación eléctrica totalmente ineficiente, en detrimento de inversiones en otras mucho más eficientes.

Gracias a ese decreto, todos y cada uno de los contribuyentes españoles subvencionamos la instalación de paneles solares fotovoltaicos, pagando de nuestros impuestos la electricidad que éstos exporten a la red principal hasta 5’75 veces (0’44 €/kWh durante el año 2006) sobre el precio de la tarifa eléctrica media durante los primeros 25 años de funcionamiento del panel y, a partir de entonces hasta 4’6 veces (0’35 €/kWh en el año 2006). Esto supone, en la práctica, que muchas empresas y ciudadanos particulares están prefiriendo realizar una inversión financiera –convenientemente subvencionada por los contribuyentes– instalando en su tejado paneles fotovoltaicos, en vez de realizar una inversión tecnológica en ahorro energético.

Para colmo de males, fabricar un panel fotovoltaico es un proceso muy contaminante, que además requiere casi tanta energía –para fundir sílice y purificarlo– como la que generará el panel solar fotovoltaico en toda su vida operativa.

Debido a su coste inicial y a su muy bajo rendimiento, la energía solar fotovoltaica, incluso contando con la enorme subvención gubernamental, hoy en día tiene un retorno de inversión de 10 años en España.  No obstante, al inversor financiero este hecho no le importa, ya que gracias al paternalismo del estado todos los contribuyentes de España subvencionan la operación financiera durante más de 25 años. Al final del proceso (35 a 40 años), el inversor habrá obtenido una rentabilidad anual del 8% al 10%, que es mucho más que lo que proporcionan habitualmente muchos planes de pensiones.

Es decir, los españoles estamos financiando «jubilaciones» a ciudadanos de España y del extranjero que tienen la módica cifra de 600.000 Euros para invertir sus ahorros –con una pequeña participación de 60.000 euros– en un proyecto de «huerta solar» de 100 kW.

Algún ecologista de renombre tendría que explicarnos por qué es práctico generar electricidad en los paneles fotovoltaicos de una «huerta solar», cuando su rendimiento es del 9% al 16%, para su posterior exportación a la red eléctrica y su envío por cables eléctricos a varios kilómetros de distancia donde se encuentra el consumidor final; con unas pérdidas acumuladas en el transporte –en calentamiento de cables y transformadores– de entre el 8% y el 15%, dependiendo de la distancia a cubrir. Pero parece que les importe más la demagogia que la realidad.

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