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No es país para autónomos

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Las ballenas, los linces, los osos polares… Colman multitud de portadas y documentales por su condición de criaturas en peligro de extinción, debido a la acción humana. Si bien, National Geographic se ha olvidado de otra criatura cada vez más amenazada, que se desvive por sobrevivir, ante los continuos ataques, no tanto del hombre propiamente dicho, sino de los gobiernos. Hablamos del autónomo.

España cuenta con 3,1 millones de autónomos, contando todos los inscritos al RETA (Régimen Especial de Trabajadores Autónomos), sin embargo autónomos propiamente dichos, quitando los que pertenecen a sociedades mercantiles, son menos de 1,9 millones. En el año 2008 la cifra de autónomos totales superaba los 3,3 millones. Es decir, en 12 años, no es que no se haya ganado ni uno solo, sino que se han perdido más de 200.000. Por ponerlo en contexto, este es el año con más funcionarios de la historia de España.

La última subida de la cuota de autónomos, que tanto debate ha generado, no es sino otro ataque indiscriminado más. Otro de los muchísimos, que ha llevado a cabo el gobierno, hacia a este grupo de trabajadores, en los últimos años. Con la única intención de hacer menguar su número, por motivos puramente ideológicos.

¿Por qué?, se preguntarán ¿Qué gana el gobierno con ello? La respuesta como hemos comentado es más bien ideológica. La misma existencia de los autónomos es un ataque frontal a la línea de flotación del gobierno. Puesto que este, lo que busca y ansia, es que los ciudadanos de una manera u otra dependan de él. De ahí que se sienta cómodo con los funcionarios, que cobran de él, con los parados, que dependen de la prestación de desempleo, o con los jubilados, que necesitan su pensión. Incluso los trabajadores del sector privado por cuenta ajena, que no son precisamente sus favoritos, depende de empresas, que en muchísimos casos de manera directa o indirecta acaban dependiendo o sufriendo influencias del Estado.

Por el contrario, el autónomo, es la fiel imagen de la libertad. No depende de nadie, no necesita al Estado, ni vive de él. Su éxito o fracaso solo lo determina su inteligencia y su trabajo. Sin subsidios, sin depender de un burócrata, sin cadenas. Cada persona que abandona el camino establecido por el gobierno, para convertirse en autónomo, es, parafraseando a Nino bravo en su famosa canción, “Libre! Como el ave que escapó de su prisión y puede al fin volar”. De ahí que los autónomos se hayan convertido en la diana favorita del gobierno.

Por otra parte, hay que verlo desde el mundo de vista electoral. Atacar a los autónomos suele salir bastante barato en las urnas. Puesto que a diferencia de otros grupos poblacionales, más homogéneos y grandes, que actúan electoralmente como lobbies, como podrían ser los jubilados (8,8 millones), los autónomos son un grupo bastante heterogéneo y tampoco demasiado grande. De ahí que se les exprima constantemente, para alimentar las demandas de otros grupos, mucho más agradecidos en este sentido.

En definitiva, asistimos a una lucha por la supervivencia, entre David (autónomos) y Goliat (el gobierno). Si el lector de este artículo es un autónomo, como autor, solo desearle toda la suerte y el apoyo del mundo. Cada día que abre la persiana, es un triunfo. Una victoria, que evita el control total del gobierno sobre economía y por tanto sobre nuestras vidas.

1 Comentario

  1. Todas estas antiguallas sociatas de la dictadura franquista nos siguen pasando factura. ¿Por qué la gente acepta que deba pagar ni un solo céntimo a esta panda de ladrones y asesinos que son los partidos políticos para trabajar de lo que sea? ¿Ni mucho menos ser publicanos sin cobrar por hacer ese trabajo tan improductivo?
    Esta esclavitud moral es una de las múltiples coincidencias entre la misantrópica ideología socialista, heredada del peor utilitarismo inglés, y dejada en herencia y amplificada por sus tenebrosos descendientes: fascismo y comunismo.
    Si estamos mal económicamente es porque estamos mal moralmente, y un factor muy imnportante en la corrupción moral es la pésima legislación que existe y que todo el mundo acepta haciendo alarde de la insuperable estupidez que caracteriza a los españoles.
    «Es que tiene que ser así». Cuántas veces he escuchado esa gilipollez. ¡Que país de imbécies, desalmados y mendrugos!
    Hace años que deberíamos haberlo parado todo y haber metido en prisión a todos los mafiosos.
    Nos repetimos porque hay que repetirse: Delenda est Carthago.


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