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Putin, de nuevo contra la libertad

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La invasión militar rusa de Crimea, acompañada de la amenaza de extenderla a otras partes de Ucrania, y el referéndum farsa –se ha celebrado bajo ocupación, con la población opuesta a la anexión huida a otros lugares o en silencio por el miedo, con papeletas que ni tan siquiera iban en sobres y con grupos paramilitares actuando en todo el territorio en cuestión– en la Península, marca en buena medida la actualidad internacional. Al menos en Europa. Este asunto ha vuelto a poner en primera fila la cuestión de las denominadas minorías nacionales en Europa central y oriental.

Actuando como lo hacían determinados políticos europeos de hace varias décadas, incluso casi un siglo, se arroga el derecho y el deber de "proteger" a los rusos de Ucrania. Con tal fin, no duda en enviar tropas (por mucho que no usen distintivos, a nadie se le escapa de que son soldados de la Federación Rusa), armar y apoyar a grupos paramilitares favorables a la integración en Rusia, instaurar un Gobierno títere… El inquilino del Kremlin no hace nada que no hayan hecho en el pasado todo tipo de tiranos para hacerse con el control de un territorio aduciendo que en él vive una minoría nacional identificada con su propio país.

A Putin no le importa la libertad de los rusos de Ucrania. De hecho, viola a diario la de los rusos de Rusia. Heredero directo de los secretarios generales del PCUS y ex alto cargo de la KGB, no contempla que su poder pueda tener cualquier cortapisas más allá de su voluntad. No concibe ciudadanos, él dispone de súbditos. Por poner un ejemplo, tiene la potestad legal de cerrar un medio de comunicación privado si considera que difunde rumores o mentiras.

Al margen de Putin, cuando un gobernante invade un territorio (o interfiere en él mediante otra vía) con la excusa de proteger a la minoría nacional a la que considera propia en un Estado ajeno, nunca le interesa la libertad. De lo que se habla es de un sujeto colectivo, nunca de personas concretas. Prueba de ello es quiénes han actuado así en el pasado. El propio Putin ya lo ha hecho en otros países escindidos de la felizmente extinta Unión Soviética, pero antes lo hicieron personajes como Hitler o Milosevic.

Con la excusa de que la nación (se defina como se defina) entera, o gran parte de ella esté bajo el mismo gobierno, se impone el imperialismo y el autoritarismo.

No hemos de olvidar que toda medida tomada en nombre de un derecho o libertad colectiva conculca siempre los derechos y la libertad individuales. Y estos últimos son los únicos reales. 

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