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Venezuela: Diosdado, el terror bolivariano

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Todo régimen que haga del terror su columna principal tiene su brazo ejecutor que hace de la maldad una política de Estado. El historiador y periodista español Jesús Hernández, en su libro Bestias nazis: los verdugos de las SS, menciona a Amon Goth, capitán de las SS, conocido como el capitán de la muerte, quien practicaba tiro al blanco con los prisioneros del  campo de concentración que dirigía. Stalin tenía a Lavrenty Beria, jefe de la policía política del régimen comunista, el NKVD durante 15 años, en los que la represión y el asesinato estaban a la orden del día. La sola mención de su nombre inspiraba terror. En el siglo pasado, en la penúltima dictadura que tuvo Venezuela, la de Marcos Pérez Jiménez, destacaba por su crueldad el director de la Seguridad Nacional, Pedro Estrada, apodado el Chacal de Güiria, aficionado a la tortura como método de interrogatorio.

El régimen venezolano actual tiene también un voluntario que hace o dirige el trabajo sucio, Diosdado Cabello. Pero este personaje no solo dirige la represión y maneja a su antojo los cuerpos represivos, sino que desde que Chávez designó a Nicolás Maduro como su sucesor, el teniente Cabello no ha dejado de entrometerse y disputar a Maduro el poder.

Todo el mundo ha presenciado el forcejeo que ambos mantienen por obtener parcelas de poder, donde Cabello nunca ha tomado en cuenta la figura de Maduro a la hora de anunciar la detención de algún líder opositor o defenestración de un chavista. Casi siempre desde su patético programa de televisión: Con el Mazo Dando. Sus diferencias no han sido de ideas, porque ambos carecen de ellas, sino de control de instituciones y mafias que manejan el país.

A Diosdado se le identifica como el verdadero poder frente a los poderes represivos del Estado. Desde su cómoda posición como presidente del aparato conocido como Asamblea Nacional constituyente, decide a quién inhabilita, a quién encierra en la tenebrosa cárcel conocida como La Tumba, a quién exilian y a veces también cuándo hay que tomar medidas más “radicales” contra incómodos opositores y sus familiares.

Recientemente, el órgano de las Naciones Unidas, conocido como Misión Independiente de Determinación de las Hechos sobre Venezuela, ha señalado que Cabello es el cerebro que maneja los hilos del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN), uno de los brazos ejecutores de la política represiva del régimen que amedrenta a la disidencia y vigila, persigue y extorsiona a todo sospechoso de obstaculizar los planes de la revolución. También Cabello dirige la Unidad de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES). Este cuerpo se ha convertido en una banda criminal que actúa de manera arbitraria, cometiendo salvajes violaciones de los derechos humanos, allanando viviendas, secuestrando, torturando y cometiendo ejecuciones a la luz del día. Diosdado no tiene ningún problema en demostrar su poder; públicamente en su programa de televisión anuncia que aplicará a cualquiera que no le caiga bien la “operación tun tun”: o sea, enviar esbirros a amenazar o detener a lo que son convenientemente seleccionados.

El expediente de Diosdado está enriquecido por acusaciones de corrupción, asociaciones con el narcotráfico y líder del poderoso Cartel de los Soles, socio de la guerrilla colombiana que secuestra y maneja el jugoso negocio de la droga. De él también se asegura que posee la más cuantiosa fortuna de Venezuela, ante la cual palidecen las de Villalobos, Andrade, Ruperti, Gorrín y la familia Chávez. En el estado de Monagas, de donde es nativo, todos dan por hecho que las mejores tierras y hatos ganaderos son propiedad del clan Cabello. Se le señala por ser dueño de una de las mejores fincas de cría de ganado en el estado de Bolívar y de estar vinculado a varias empresas que gozaban de dólares preferenciales, importación de alimentos y contrabando de oro. Es conocida su afición a las peleas de gallo, donde apuesta cuantiosas sumas en dólares, lo cual es un hecho notorio y frecuente.

En el SENIAT, organismo encargado de cobrar impuestos y extorsionar a los empresarios, manda desde hace varios años, su hermano José David Cabello, también exmilitar golpista. Estas prácticas eran conocidas por Chávez, pero las dejaba pasar porque Diosdado también practicaba tiro al blanco con los opositores y nunca le importó mancharse las manos haciendo el trabajo que con toda confianza le encomendaba el Comandante. Es conocida la denuncia que reposa en la Asamblea Nacional sobre corrupción, sobornos y cobro de comisiones. También se recuerda la confrontación que mantuvo con el exgobernador José Gregorio Briceño, del estado de Monagas, quien lo llamó “Pimentón” porque aparecía en todos los “guisos” que explotaban en el Gobierno.

En 2018, Estados Unidos lo sancionó junto con su esposa la ministra Marleny Contreras y su hermano José David Cabello. Sin embargo, el antiguo teniente golpista no para de burlarse de la tragedia venezolana, como cuando dice que “el que no vota no come” o que los venezolanos ahogados en aguas trinitarias “deberían nadar en una piscina y así no se ahogan”. Se olvida el exgolpista que él es uno de los responsables de que más de 5 millones de venezolanos hayan emprendido esta, no pocas veces, trágica aventura.

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