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Ayatolás asesinos de internautas

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Esa es la triste realidad de países como Egipto, Siria, China, Cuba y muchos otros. Sin embargo, el régimen dictatorial y teocrático de Irán ha ido un paso más allá. La fiscalía de la república de los ayatolás ha pedido que se condene a muerte por ahorcamiento al más conocido de los blogueros de la antigua Persia.

De nada le ha valido a Husein Derajshan el cambio protagonizado antes de su detención en 2008, cuando había pasado de ser una "bestia negra" del régimen a defender a un presidente Mahmud Ahmadineyad cada vez menos legitimado y más delirante. A "Holder" (como es apodado) no le perdonan demasiadas cosas, en especial que durante mucho tiempo hubiera sido un referente de modernidad y aperturismo frente al oscurantismo y el fanatismo político-religioso de la casta dirigente. Ahora, por haber sido un ejemplo, puede ser ejecutado en virtud de una legislación que retrotrae internet a la Edad Media.

Mientras que Ahmadineyad acude a la ONU para defender absurdas teorías conspirativas destinadas a acusar a EEUU e Israel del 11-S (nada sorprendente viniendo de alguien que niega el Holocausto), su gobierno reprime con dureza la libertad de expresión dentro y fuera de la red. En lo que atañe a internet, el número de sitios web bloqueados en Irán asciende a cinco millones y varios blogueros han sido encarcelados, y uno de ellos falleció en prisión (destino similar al que sufrieron numerosos opositores detenidos durante las protestas posteriores al fraude electoral que confirmó en la jefatura del Estado a Ahmadineyad).

El iraní es un régimen asesino. Entre sus víctimas figuran opositores muertos en prisión sin juicio alguno, homosexuales ahorcados por el mero hecho de serlo, mujeres lapidadas tras ser acusadas de adulterio (lo que incluye el haber sido violadas) y cientos de asesinados en Israel, El Líbano, Argentina y otros países a manos de Hizbollah y otros grupos terroristas financiados por los ayatolás. Ahora puede pasar a engrosar esa lista un bloguero condenado a muerte. La iraní se convierte de esta manera en una dictadura asesina de internautas. Una novedad peligrosa.

Si el mundo no reacciona puede suponer un terrible precedente dentro y fuera de Irán. Hacia dentro, la teocracia persa sabrá que puede endurecer sus tácticas represivas. Y actuará en consecuencia. Hacia fuera, otras dictaduras podrían verse animadas a seguir el ejemplo y pasar de las penas de prisión a las de muerte, algo que no se puede descartar en lugares como China o Corea del Norte. A pesar de ello, lo más seguro es que los gobiernos del mundo democrático cierren los ojos una vez más y no alcen su voz contra el asesinato de Husein Derajshan.

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