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Carles Puigdemont se presenta a las elecciones como un caudillo populista

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Se pretende establecer una suerte de personificación de toda Cataluña en la figura de Carles Puigdemont.

Todo liderazgo político tiene altas dosis de personalismo, y este suele acentuarse de manera evidente durante los procesos electorales. A pesar de que se trata de unos comicios de un sistema parlamentario, como lo son tanto el español a nivel general como los de cada comunidad autónoma, la figura del candidato a presidir el Gobierno en juego cobra un papel destacado en la campaña. Sin embargo hay límites para no caer en un caudillismo de tipo populista, y estos han sido traspasados por Carles Puigdemont.

Una de las características básicas del caudillismo populista es el hiperliderazgo y la búsqueda de la identificación directa del pueblo con el líder, por encima de las instituciones y las leyes. Y esa es una constante en la estrategia electoral del Partido Demócrata Europeo Catalán (PDeCAT) y la marca con la que concurre a los comicios del 21 de diciembre, Junts Per Catalunya. Cuando se visita su página web, lo primero que se topa el internauta es una foto de Puigdemont acompañada del mensaje “Juntos por el presidente, juntos por Cataluña”.

Con el citado mensaje, se pretende establecer una suerte de personificación de toda Cataluña en la figura de Carles Puigdemont. La ‘auténtica Cataluña’ sería, según la lógica implícita, la que apoya al exjefe del Gobierno autonómico. Y todo aquel que no lo haga no tiene derecho a ser considerado un catalán de verdad. Esa es una técnica clásica del populismo, según el cual tan sólo merece ser considerada como ‘pueblo’ aquella parte de la población que sigue al líder.

Al más puro estilo chavista o peronista

La cosa no termina ahí. Es normal que en la propaganda electoral figure casi siempre la fotografía del candidato, e incluso su nombre, pero suele ir acompañada de algún eslogan con promesas o compromisos con el ciudadano. El PSC, por ejemplo, proclama “Soluciones ahora, Iceta” y Ciudadanos afirma “Ahora sí votaremos”. Sin embargo, toda la cartelería y el resto de material gráfico de Junts Per Catalunya tiene un constante mensaje principal: “Puigdemont, nuestro presidente”. Al más puro estilo chavista o peronista, todo gira en torno al líder, al que se dota de un aire de infalibilidad.

La web electoral de la candidatura del PDeCAT ofrece al visitante un “argumentario”, donde se compendian las ideas claves de la campaña. A diferencia de otros listados similares en campaña electoral, una gran parte de los argumentos que aquí se presentan están en los principios antes señalados. Se diferencia entre “el bloque de la democracia y el bloque del 155”. De esta manera, se niega toda legitimación democrática a PPPSC y Ciudadanos. Una vez más, está implícito el mensaje que enfrenta a una supuesta ‘Cataluña auténtica’ y una ‘anti-Cataluña’ formada por los constitucionalistas. Por supuesto, “democracia” es lo que dicen y hacen los independentistas, sin importar las normas que marcan el Estado de derecho y el imperio de la ley.

El argumentario, que no reniega del referéndum ilegal del 1 de octubre (de hecho, insiste en su legitimidad) sostiene que las del 21 de diciembre “no son unas elecciones para elegir presidente. Presidente ya tenemos”. Es un aviso para navegante. Da igual que Puigdemont fuera destituido legalmente, y poco importa el resultado de las urnas. Desde Junts Per Sí sólo se acepta como legítimo jefe del Gobierno catalán a Puigdemont. Desde PDeCAT se autoerigen, en el más puro estilo populista, en legítimos intérpretes de la voluntad popular, con independencia de lo que digan las urnas.

Un líder, un movimiento, un pueblo

La identificación a tres bandas entre el líder, el ‘movimiento’ y el pueblo (característica de todo tipo de caudillismos) es una constante. Se afirma que “Junts per Sí es la lista del presidente Puigdemont” y “de los militantes de Cataluña”. De hecho, hasta supera el concepto de ciudadanía. Lo que quieren son “militantes”, que se da por hecho que son los ‘auténticos catalanes’, en vez de ciudadanos. Y, en un esquema tradicionalmente populista, se niega el pluralismo de la sociedad al presentarse como “una lista excepcional, de carácter transversal, que supera el esquema de todos los partidos”.

La web lanza una pregunta: “¿Los partidarios del 155 aceptarán el resultado de las elecciones y que el presidente Puigdemont vuelva a ser presidente de la Generalitat?”. La propia redacción ya dice mucho sobre el pensamiento caudillista y populista. No se plantea que sea posible otro resultado electoral. Se impugnan los comicios antes de su celebración, a no ser que la victoria sea de Junts Per Sí (algo improbable). La respuesta termina con una frase aún más preocupante: “Es evidente que no se puede dar por bueno ningún otro resultado”. Tal vez en esta sentencia esté la contestación a la cuestión que no plantean: ¿Junts Per Sí aceptará un presidente diferente si ese es el resultado de las elecciones?

Puigdemont ha entrado de lleno en un caudillismo populista extremo. Él y los suyos se han otorgado a sí mismos el papel de intérpretes de la voluntad del pueblo, y además se presenta al expresidente autonómico como la encarnación de la auténtica Cataluña. Quienes no comparten sus objetivos separatistas son expulsados de la democracia e incluso se niega de forma implícita la validez de su voto. La ley, la separación de poderes y el Estado de derecho no tienen para ellos ninguna legitimidad, puesto que sirven para frenar la imposición de sus planes sobre la mitad de la población. Juan Domingo Perón, Hugo Chávez y Nicolás Maduro tienen un buen discípulo aventajado huido en Bruselas.

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