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Enrique Peña Nieto no ha terminado con la impunidad de los asesinos de periodistas en México

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México sigue siendo un lugar donde los periodistas ejercen “el mejor oficio del mundo en el peor lugar del mundo”.

En los años de plomo de la banda terrorista ETA, algunos profesionales de los medios de comunicación hicieron su particular adaptación de célebre frase de Gabriel García Márquez sobre el periodismo. Si el escritor colombiano dijo que se trataba del “mejor oficio del mundo”, ellos añadían “en el peor lugar del mundo”. Esa misma sentencia la podrían pronunciar o escribir hoy en día los informadores mexicanos.

Este martes por la mañana, fue asesinado en Acayucan (Veracruz) el periodista Gumaro Pérez Aguilando. Con él, ya son 12 los profesionales de la información asesinados en México a lo largo de 2017. Esta cifra iguala a la de Siria, país escenario de un sangriento conflicto civil en el que los terroristas del Estado Islámico y otras organizaciones yihadistas han tenido en el punto de mira a los reporteros locales e internacionales. No sólo eso, la mortandad de periodistas por causas violentas supera a la registrada en estos 12 meses en países en guerra como Afganistán (9) e Irak (8), según los datos de Reporteros Sin Fronteras.

México es uno de los dos países del mundo donde más periodistas son asesinados debido a que los medios de comunicación se han convertido en el último baluarte de la sociedad ante los cárteles de la droga y la corrupción política vinculada a ellos. Un importante sector de la prensa no ha renunciado a su deber de investigar y denunciar lo que ocurre en torno al narcotráfico y las corruptelas políticas.

Más de 20 asesinatos sin aclarar

Pero el narcotráfico y la corrupción no son suficientes para explicar que las bajas mortales de periodistas alcancen cifras equiparables a las de una de las guerras más sangrientas de los últimos años. La impunidad juega un papel fundamental en ello. El pasado 31 de octubre, el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) presentó su Índice Global de Impunidad de este año. El país azteca ocupaba el sexto peor lugar del mundo, superado tan sólo por lugares como Somalia, Siria, Irak, Sudán del Sur y Filipinas. En los últimos 10 años, y sin contar los casos producidos al cierre de ese informe, 21 asesinatos de periodistas en tierras mexicanas han quedado sin resolver.

Días después de la publicación de ese índice, el ombudsman nacional y presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) de México, Luis Raúl González López, presentaba datos todavía más preocupantes. La CNDH analizó las investigaciones sobre 176 casos de homicidios y desapariciones de informadores, así como de atentados contra medios de comunicación. Tan sólo una de cada 10 terminó con sentencias condenatorias de algún culpable. En el 90% sigue reinando la impunidad.

No sólo no disminuye la cifra de asesinatos, sino que aumenta. Según los datos presentados por el ombudsman se produjeron cuatro homicidios en 2004. Desde ese año fue creciendo de forma intermitente la cifra hasta alcanzar 13 muertes en 2016 y las 12 de 2017. Raúl González vinculó esta progresión mortal con la impunidad, y reclamó a las autoridades que tomaran medidas para acabar con ella.

Las promesas de Peña Nieto

El presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, se había comprometido en ese sentido meses antes. En concreto, lo hizo en una reunión mantenida el 4 de mayo con una delegación del CPJ que visitó el país. Una buena señal se había producido dos meses antes, cuando un comandante de la Policía Municipal de Santiago de Jamiltepec (Oaxaca) fue condenado por haber asesinado al periodista Marcos Hernández Bautista. Fue, sin embargo, una aplicación parcial de la Justicia, debido a que no se procesó a quien había dado la orden de cometer el crimen.

Desde entonces las cosas no han cambiado. México sigue siendo un lugar donde los periodistas ejercen “el mejor oficio del mundo en el peor lugar del mundo”. Continúan los asesinatos de informadores y la impunidad no ha bajado. La maraña criminal sigue teniendo a los medios de comunicación entre los enemigos a silenciar, si hace falta a sangre y fuego. Enrique Peña Nieto habrá mandado mensajes esperanzadores, pero los hechos demuestran que no ha podido cumplir su palabra.

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