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Hablemos de Guillermo Fariñas

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El casual encuentro tuvo lugar en La Habana, en la casa de su amigo y también destacado demócrata cubano Elizardo Sánchez. Aunque hacía ya unos meses que había puesto fin a una huelga de hambre (lleva más de veinte huelgas entre pecho y espalda), su cuerpo todavía estaba resentido y las secuelas de sus numerosas protestas eran ya permanentes.

El organismo de Guillermo Coco Fariñas no podrá aguantar demasiado tiempo una huelga de hambre como la que lleva a cabo desde hace unos días. Desde que falleció Orlando Zapata Tamayo, no dejo de pensar en que tal vez se habría podido salvar su vida. De haberle prestado más atención desde los medios de comunicación extranjeros cuando aún estaba vivo, los tiranos caribeños hubieran tratado de evitar que muriera. No quiero sentir este mismo remordimiento con aquel valiente al que conocí en verano de 2007. Escribamos y hablemos mucho, gritemos si hace falta, sobre Guillermo Fariñas. Obliguemos al castrismo a reaccionar y salvemos así su vida.

Hagamos lo mismo también con los presos de conciencia que se mantienen en las huelgas de hambre que iniciaron tras la muerte de Orlando Zapata Tamayo. El mundo debe estar pendiente de Nelson Molinet y Fidel Suárez. La vida de ambos, como la de Fariñas, puede depender de no ser relegados al olvido por los periodistas, los ciudadanos y los gobiernos del mundo. Quienes no somos Willy Toledo, los que creemos que los Derechos Humanos tienen que ser defendidos en todo el mundo y no repetimos las mentiras de una dictadura asesina, debemos mantenernos alerta.

Recordemos por tanto también a otros dos valientes que están siendo duramente castigados por el régimen de los hermanos Castro y cuyas vidas corren serio peligro. Ariel Sigler Amaya ha visto reducirse su fornido cuerpo de boxeador a apenas 50 kilogramos de piel, hueso y debilidad absoluta por las duras condiciones y el maltrato que le imponen en prisión. La situación de Normando Hernández González no es mejor.

Por Guillermo Fariñas, Nelson Molinet, Fidel Suárez, Ariel Sigler Amaya y Normando Hernández González no podemos callarnos. A todos ellos podemos prestar la ayuda que no dimos a Orlando Zapata Tamayo. Cada columna, entrevista, reportaje y noticia escritos sobre ellos en un medio de papel o internet es útil. Cada crónica televisiva o cada palabra transmitida por la radio tienen idéntica utilidad. Seamos, por tanto, insistentes. Por ellos y por cada una de las víctimas del castrismo.

Antonio José Chinchetru es periodista y miembro del ‘think tank’ Instituto Juan de Mariana.

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