Skip to content

Internet contra teocracia

Compartir

Compartir en facebook
Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en pinterest
Compartir en email

Ha estado bien Pachi Lopez en su papel de lehendakari, mostrando a los autores del crimen y sus compañeros el camino a la cárcel (trayecto que recorrerán sin duda como ha ocurrido con todos sus antecesores), salvo por su definición de los asesinos como "violentos". Hombre, violentos son, claro, pero también son algo más, por ejemplo asesinos fanatizados por una ideología totalitaria de raíz marxistoetnicista. No obstante, la imagen de un presidente de la comunidad autónoma vasca condenando un atentado sin adversativas es, por novedosa, digna de ser destacada.

Los políticos llevan más de treinta años intentando acabar con ETA. Digo en su mayoría; otros se han dedicado a recoger nueces con el resultado conocido. Por probar lo han probado todo, incluida la humillación a las víctimas con el último "proceso de paz", en el que López, por cierto, tuvo una importante participación.

Precisamente ahora tiene el flamante lehendakari la oportunidad de demostrar con hechos su decisión de acabar con la ETA, pero para eso no basta con convocar concentraciones y manifestaciones ciudadanas. Habrá que hacer algo más, aunque eso suponga un coste político en otras instituciones gobernadas por su partido. Si estuvo dispuesto a pagar la factura de reunirse con el brazo ilegalizado de la ETA, ahora tiene la ocasión de hacer lo mismo en el sentido contrario. Es decir, el correcto.

Más artículos

La sátira en ‘El problema de los tres cuerpos’

Tener una amenaza creíble a 400 años de distancia sería el verdadero sueño dorado de un político. Cuatrocientos años de excusa para intervenir las vidas de la gente y decirles cómo tienen que hacer las cosas.