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La diplomacia del limpiabotas

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Desde que el actual presidente del Gobierno accediera a dicho cargo, es norma en la diplomacia española no perder la oportunidad de mostrarse complaciente con las tiranías, en especial si éstas son de izquierdas o satrapías encabezadas por un déspota musulmán. En esta ocasión tocaba satisfacer a un régimen totalitario marxista: el de China.

Como siguiendo el guión habitual, puesto en práctica en numerosas ocasiones en la política hacia la dictadura cubana los hermanos Castro, en esta ocasión se han satisfecho las exigencias de los tiranos con un desplante a las víctimas. El pasado jueves, la dirigente de la minoría uigur en el exilio Rebiya Kadeer tenía concertada una reunión en el Ministerio de Asuntos Exteriores español. Sus interlocutores iban a ser representantes de la Oficina de Derechos Humanos y de la Subdirección General para Asia Continental. Iba a ser, en definitiva, uno de esos muchos encuentros de medio o bajo nivel que pasan desapercibidos ante medios y embajadas extranjeras.

La cita no llegó a celebrarse. En un desplante impropio del departamento gubernamental dedicado a la diplomacia, Exteriores anuló el encuentro minutos antes de celebrarse. El ministerio de Moratinos dio literalmente con la puerta en las narices a Rebiya Kadeer. Para el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero resulta mucho más importante no molestar lo más mínimo a los sátrapas pequineses (que habían pedido a los gobiernos del mundo que no escucharan a la conocida exiliada uigur) que escuchar las denuncias que hacen las víctimas de la dictadura china.

Días después, en una entrevista radiofónica con ocasión de la Expo de Shanghai, un alto cargo de Exteriores definía a China como un “aliado” de España. A eso ha reducido Zapatero la acción exterior del país: a despreciar la libertad y los derechos humanos con tal de poder definirse como “amigo” de tiranos ante los que se cede constantemente. Es la diplomacia del limpiabotas de los dictadores.

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